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Oración ante la Cruz desnuda, por Antonio Díaz Tortajada

Oración ante la Cruz desnuda, por Antonio Díaz Tortajada

Santísima Cruz:

Tú eres nuestro santo y seña como cristianos,

porque en ti murió el Salvador del mundo.

Nosotros te cantamos, Cruz desnuda

y la hacemos sobre nuestro cuerpo

en un gesto que tendríamos que dignificar

justo cuando más parece

que uno tiene casi que pedir perdón

por el hecho de ser cristiano.

¡Ser cristiano, gran dignidad!

No hay que pedir perdón por ello.

¡Si es lo más grande que nos ha sucedido en la vida!

¡Si es lo más grande y lo más hermoso

que le ha sucedido a los hombres en la historia!

¿Por qué me tenemos que avergonzarnos de ti,

árbol de la Cruz y no recuperar dignificando

la costumbre de hacer

el gesto de la señal de la Cruz en público,

al salir de casa para ir al trabajo,

al pasar delante de un templo,

como signo de que pertenecemos a un Pueblo redimido por ella,

cuyo signo, cuya señal, es justamente la Cruz?

La Cruz inunda los cruces y caminos

de cualquier lugar del mundo,

unas veces está desnuda, otras rodeada de laurel,

con la corona de la victoria.

La Cruz es nuestro signo de victoria.

La Cruz es el signo de lo que somos.

sabana-santa

La Cruz es el punto culminante de la Redención de Dios.

Y por eso te cantamos, ¡oh Cruz gloriosa!

Tú, Señor, infinitamente poderoso e inefable,

somos incapaces de contenerte en nuestros pensamientos,

ni en nuestras palabras,

ni siquiera en nuestros sentimientos,

somos incapaces de abarcarte por nosotros de ninguna manera,

sin embargo Tú salvaste la distancia infinita

que hay entre Tú y nosotros

a través de la Redención en la Cruz.

Tú no tuviste como una cosa digna de ser retenida

y de aferrarte a ella el hecho de ser igual a Dios,

y asumiste la condición de siervo,

la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

En definitiva te hiciste semejante a nosotros en todo

menos en el pecado.

Fue la historia de un Amor.

La historia de un Amor que salva la distancia infinita

que hay entre Dios-Padre y nosotros.

Es la historia de una boda: La Encarnación,

y su prolongación en los sacramentos

de la iniciación cristiana

siempre ha sido percibido en la Iglesia

como un acontecimiento nupcial.

Tu eres el Dios-Padre que se enamora

de la criatura que ha creado,

y nos ha creado para unirse a nosotros

y hacerse uno con nosotros,

y que nosotros podamos participar de su gloria,

de su vida divina,

de su Amor sin límites.

Tú, Dios-Padre salvaste la distancia

para hacerte uno con nosotros.

Esa es la grandeza del cristianismo.

El conocimiento de que Tu eres así.

De que Tú, para introducirnos en tu vida divina,

te acercas a nosotros

y te haces uno con nosotros en la Encarnación.

Y la Cruz es, y eso es lo que la hace victoriosa,

el culmen de la Encarnación.

Porque te has hecho realmente uno con nosotros,

has compartido nuestra historia,

con sus mentiras y con sus males,

fruto del pecado y del daño que nos hacemos unos a otros

con nuestras traiciones, con nuestras soledades,

y hasta la muerte y una muerte ignominiosa,

como es la muerte en la Cruz,

como tortura que los hombres han inventado

para destruir al Hombre

¿Qué valor tiene la Cruz desnuda? ¿qué significado tiene?

Significa que el Amor de Dios no se deja vencer por el mal.

Nos imaginamos el amor nuestro o la una amistad nuestra.

Nosotros, ante las dificultades,

o ante las torpezas, o los errores

que cometen las personas a la que amamos,

o ante la indiferencia o el hecho

de que no nos corresponda o de que no nos quiera,

siempre habrá  algún momento en el que nos cansamos.

Si, la experiencia humana es que nos cansamos.

Nosotros ponemos barreras en algún momento

a nuestro amor,

ponemos un límite o un no podemos más.

Y lo que significa la Cruz

es que tu Amor no conoce ese límite.

Tú viniste a los tuyos y los tuyos no te recibieron.

Y nosotros te hemos ultrajado y afrentado,

y no te hemos acogido como nuestro Salvador,

aunque habías pasado haciendo el bien por la historia

Y, sin embargo, el Dios-Amor no se deja vencer.

Y la palabra más misteriosa de la historia,

la más terrible, y al mismo tiempo

la más esperanzadora para nuestra vida, es:

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Es decir, Tú eres un Amor que no se deja vencer por nada.

Y sabemos, Señor. que no hay mayor amor

que el dar la vida por aquellos a los que uno ama.

Y eso es lo que Tú, Señor,  has hecho por nosotros

sin que nosotros lo mereciéramos,

sin que podamos decir que es por nuestras virtudes,

o por nuestras cualidades o por cómo te correspondemos.

Tú vienes y nos escoges,

sin nada que pudiéramos presentar como mérito ante Ti

Al revés, habiéndote escarnecido,

tu Amor no se deja vencer.

Esa es la Cruz gloriosa.

Esa es la victoria de la Cruz.

Cuando los cristianos apoyamos la vida sobre esta certeza,

no tenemos nada que temer en la historia.

Nuestro pecado más grande

que los hombres hemos cometido en la historia,

es el rechazo a la Vida,

el elegir libremente la muerte,

cuando la Vida estaba a nuestro lado y se nos daba,

no hemos sido capaces de destruir el Amor de Dios,

No hemos sido capaces.

al contrario, ha servido para que Dios-Amor

se revele como verdaderamente el más grande.

Tú, Señor, eres el más grande.

Y Señor eres el más grande, precisamente,

porque tu Amor es infinito.

Y en la Cruz de Jesucristo, expresión de este Amor,

es allí donde Tú tendrías más motivos para decir:

Me canso de vosotros, hasta aquí hemos llegado.

Sin embargo, no sólo no lo dices, sino que triunfas,

porque tu Amor vence a nuestro mal.

La certeza de que tu Amor vence a nuestro mal

es la roca sobre la que se construye nuestra vida cristiana.

No es un esfuerzo por obtener cualidades.

No es un esfuerzo por librarnos de la Cruz.

No es un esfuerzo por conseguir merecer el Amor de Dios.

La certeza de que el Amor de Dios

del cual nosotros y nuestra pobreza es el objeto,

no se deja vencer por nada.

Esa es una roca aparentemente muy fragilísima,

tan frágil que Tú, Señor, diste tu vida,

y tan frágil como tu Iglesia sigue entregando

y derramando su Sangre por quienes la odian.

Sin embargo, ése es el punto más sólido

que jamás ha existido en la Historia:

La victoria indefectible y absolutamente fiel,

del Amor de Dios sobre todo el mal del mundo.

Ésa es nuestra roca.

Y esa roca atraviesa los siglos,

atraviesa las tramas siempre mezquinas de la historia humana

y resplandece, y sigue resplandeciendo hoy,

como una fuente de esperanza para los hombres,

para nosotros,

y para todo aquél que quiera acogerse a ese Amor.

Basta con acogerse a Él y la Vida,

sencillamente, es bañada, acogida, y abrazada

en ese tesoro de Amor

que hace renacer la esperanza en nuestro corazón.

Amén.

Por Antonio DIAZ TORTAJADA
Sacerdote-periodista



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