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Adviento 2016 Rincón Litúrgico

Oración ante el Adviento 2016, por el sacerdote Luis Ángel Montes Peral

Oración ante el ADVIENTO 2016

Luis Ángel Montes Peral

Un Adviento más Cristo Jesús llega de nuevo a nosotros

y queremos reconocerlo como Señor, al salir aquí y ahora a nuestro encuentro.

Desea hablarnos con la cercanía del Hermano a los hermanos.

Sigue actuando en nuestra fe en Dios, en nuestra oración de cada día,

en el centro mismo de nuestro quehacer cotidiano,

y de manera muy especial, cuando nos acercamos al pobre y al necesitado.

¡Cuánto necesitamos tu venida a nosotros una vez más

para que nos hagas personas cristianas de verdad!

¡Ojalá te contemplemos tal como te muestras en el Evangelio

y te sintamos a nuestro lado con la fuerza de su Espíritu!

¡Ven, Señor Jesús!

En este tiempo de gracia invítanos Señor Jesús

a dejarnos decir por Dios mismo quién es Él para nosotros:

el Abba que nos ama y en todo lo bueno nos lleva la iniciativa.

A oír de sus labios lo que quiere de los creyentes:

que amemos al prójimo como a nosotros mismos,

sin cansarnos de hacer siempre el bien, incluso a los enemigos.

A experimentarlo en la intimidad cómo el Padre querido,

que se acerca a nuestras vidas para engrandecerlas y llenarlas de sentido;

que con su misericordia entrañable nos acompaña siempre;

que nos consuela en las flaquezas y nos protege en los peligros;

que nos perdona de forma incondicional y se olvida de nuestros pecados.

¡Ven Señor, Jesús!

En este tiempo de salvación ínstanos Señor Jesús

a recuperar el silencio interior como acto primero, necesario

para dejar hablar a Dios en lo hondo del corazón,

para escuchar su Palabra en la Escritura Santa

y estar dispuestos a cumplirla con fidelidad y responsabilidad.

A introducir en nuestra plegaria las necesidades ajenas, como propias;

a dejarnos confrontar con los acontecimientos que se suceden,

porque ellos son otra forma de la revelación divina;

a luchar por la justicia y contra las distintas formas del mal,

para aliviar así el dolor de tantos heridos en el camino.

¡Ven, Señor Jesús!

Señor y Hermano nuestro, en este tiempo de conversión,

enséñanos a contemplar la vida diaria como el lugar propicio

donde Tú te manifiestas con la fuerza del Espíritu,

donde la oración personal y comunitaria van creciendo

y se toma en serio el compromiso con los marginados de la sociedad.

Toda nuestra existencia diaria se realiza ante el Padre y los hermanos.

Y para ello, necesitamos abrir los ojos de la fe,

de modo que podamos encontrarlos donde están realmente:

en lo más íntimo de nuestra alma y en las relaciones continuas con los otros.

¡Hijo de Dios, sigue siendo para cada uno de nosotros nuestra esperanza!

¡Ven, Señor Jesús!

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