Rincón Litúrgico

Oración a la Asunción de María, por Ángel Moreno de Buenafuente

Oración a la Asunción de María, por Ángel Moreno de Buenafuente

Señora del cielo, hoy la Iglesia te contempla colmada de gloria y te invoca como a quien ha sido bendecida por Dios con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

¿Dónde está aquella joven nazarena, que se sobrecogió ante la presencia del ángel Gabriel? Hoy te contemplo Reina de los Ángeles.

Tú eres la misma que respondiste al enviado del cielo: “He aquí la esclava del Señor”, y te has convertido en la bendita entre todas las mujeres, la bienaventurada, la gloriosa, la exaltada a la derecha del Rey del universo, tu Hijo.

Tú cantaste ante tu prima Isabel que Dios había mirado tu humildad, y hasta tu humillación. Tú fuiste la esposa del carpintero de Nazaret, la madre de Jesús, el Galileo, el Hijo de Dios, y en verdad eres la Madre de Dios, la Madre del Cristo total, la Madre de la Iglesia.

Jesucristo, tu Hijo, Verbo de Dios, tomó de ti nuestra naturaleza, y ahora es quien te toma en sus brazos y te asciende a lo más alto del cielo. En verdad Dios levanta al pobre y al desvalido y lo sienta entre príncipes. A la vez, te encomendó que no nos abandonaras, y te puso como medianera de gracia, intercesora nuestra ante Dios. Tú eres la auxiliadora de todos los cristianos, la madre de todos los hombres.

Hoy te contemplamos asunta a los cielos y al mismo tiempo, junto a nosotros. No te has desclasado; seguimos acudiendo a ti los peregrinos de la existencia, desde los distintos valles de lágrimas, especialmente en los momentos de prueba, en las encrucijadas de los caminos. ¡Cómo consuela saber que Tú nos miras con tus ojos grandes llenos de misericordia, abogada nuestra!

El pueblo de Dios intuyó desde muy pronto tu destino glorioso, y lo percibió por la fragancia que se extendió por el valle de Josafat, en Jerusalén, antes de tu asunción, según algunos relatos muy antiguos. Hoy al oler a tomillo, y a romero, mejorana, espliego, cantueso, brezo, ajedrea… que esparcen en algunos pueblos por las calles, cuando te llevan en procesión, evoco el olor a santidad que Dios ha derramado en la creación entera, y tú eres la Señora de todo lo creado.

Santa María, ruega ante tu Hijo por quienes aún caminamos sobrecargados con el peso de nuestra fragilidad, para que un día gocemos al contemplar su rostro amado y el tuyo, Virgen bendita, y para que no olvidemos que somos ciudadanos del cielo.

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