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Omella: «El verdadero presbítero sabe hacerse Eucaristía para los demás»

Ordenaciones episcopales este domingo, 28 de junio, en Barcelona. Ordenaciones vespertinas celebradas por el arzobispo, Juan José Omella, en la impresionante basílica de la Sagrada Familia. Cinco han sido los diáconos a los que ha impartido el sacramento del Orden: Jordi Avilés Zapater, Jordi Domènech Llauradó, Vicenç Martí Fraga, Joan Mundet Tarragó y Diego Pino Solà.

El cardenal Omella ha recordado a todos ellos las cualidades que debe atesorar un buen presbítero, y lo ha hecho glosando las figuras de dos grandes sacerdotes como San Juan de Ávila y San Juan María Vianney, el santo cura de Ars. «Los dos —ha dicho— vivieron intensamente y cuidaron el trato personal con Dios. Sin trato personal con Dios, sin tú a tú, de corazón a corazón, no hay avance ni crecimiento en la vida espiritual».

Omella ha recordado de la mano de los dos santos patrones del clero los tres pilares que deben presidir la vida sacerdotal: la oración, la Eucaristía y el amor a los pobres. «No se trata —ha dicho a los cinco ordenandos— de hacer mucho, de realizar muchos proyectos sociales o pastorales, se trata de ser gran amigo de Dios, de ser un hombre de Dios que sepa llevar a las personas al trato íntimo con el Señor. El sacerdote debe ser siempre un experto de Dios, no tanto por lo que ha estudiado, que también, cuanto por lo que ha experimentado del verbo de la vida. Queridos hermanos, que Jesucristo no nos pueda llegar a decir: “estos curas, estos cristianos, estos catequistas, estos padres de familia hablan mucho de mí, pero no hablan conmigo, viven de mí, pero no viven por mí”».

Con respecto a la Eucaristía, el purpurado turolense ha dicho también que «el verdadero presbítero sabe hacerse pan, Eucaristía, alimento y don para los demás». «La Eucaristía le empuja a desapropiarse de sí mismo, a descentrarse, a abajarse para servir, a donarse sin medida, como Jesucristo». Sobre el amor a los pobres, por último, ha recordado que el sufrimiento de estos no solo es material, sino también espiritual y de falta de fe.

La pregunta que he de hacerme

En el Evangelio de Juan proclamado en la celebración Jesús pregunta a Pedro hasta en tres ocasiones si le ama y, tras la respuesta afirmativa de este, le insta a pastorear a sus ovejas. «Esta es la pregunta que he de hacerme: si seré capaz de querer así a todos, sin exclusión, si seré capaz de ser sacerdote de esta manera», ha dicho.

Omella ha terminado su homilía con una cita del cura de Ars que dice «El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús. Después de Dios, el sacerdote lo es todo». «¡Qué bonito —ha comentado— valorar así tu vocación, pero no para creerte más que nadie, sino más servidor de todos!».

El arzobispo barcelonés ha recalcado, para finalizar, que es en este tiempo de indiferencia espiritual y confusión cuando la sociedad más necesita de verdaderos hombres de Dios que sean portadores de esperanza, salvación y alegría. «Y a vosotros, padres, madres, familiares de estos diáconos, gracias por entregadlos al servicio de Dios y de la Iglesia. Acompañadles con vuestra plegaria y también con vuestras correcciones si no lo hacen bien y se desvían del camino».

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