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Oliveira de Azevedo, presidente de los obispos de Brasil: «La prioridad debe ser proteger a los más vulnerables»

Brasil ha celebrado este 7 de septiembre el «Día de la Patria», conmemorativo de la independencia del país. Pero lo ha hecho con su población de duelo y luto por las 126.960 víctimas mortales que se ha cobrado allí la pandemia hasta ahora. El número de infectados supera ya los 4,1 millones.

Con ocasión de la efeméride, el episcopado ha hecho público un mensaje de su presidente, Walmor Oliveira de Azevedo, en el que recuerda a las autoridades —nuevamente—que «la prioridad debe ser proteger a los más vulnerables». Pide, por ello, que se ponga en valor, fortalezca y extienda el Sistema Único de Salud, pues sin la sanidad pública las consecuencias serían aún más devastadoras. Y demanda asimismo a las autoridades que encuentren el modo de mantener hasta 2021 los ingresos de emergencia para los más pobres, ayuden a los pequeños empresarios y apoyen la agricultura familiar.

El arzobispo de Belo Horizonte insta a los ciudadanos a no perder la esperanza. «Este momento desafiante que enfrentamos —les dice— no le va a ganar a la sociedad brasileña, que es fuerte, sabe luchar y ha superado tantas otras adversidades. Al final, la vida siempre gana, es lo que nos muestra el Maestro Jesús, quien superó la humillación y la tortura, encontró la muerte, pero resucitó. Juntos construiremos una nueva era basada en la fuerza de la solidaridad».

Preservar la democracia

Oliveira pide unidad. «El Día de la Patria no debe vivirse como una simple fiesta, sino como un momento para celebrar la convicción de que todos somos brasileños, cada uno con su propia diferencia (…). No se puede construir un país mejor, más justo y más fraterno a partir de la hostilidad, acciones que buscan destruir a otros». La independencia ganada, señala, debe construirse y fortalecerse todos los días. En su opinión, un país se independiza realmente cuando su pueblo, unido, elige sus propios caminos dentro de los parámetros de la democracia. Y la democracia no atraviesa hoy un buen momento, pues en Brasil se respira una gran polarización y se ha instalado un clima de confrontación cuyo mayor exponente es la propagación de insultos y agresiones por las redes sociales. «La democracia y sus instituciones necesitan ser preservadas y fortalecidas», insiste. Hace falta diálogo y «respeto a las diferencias». Solo así se podrá superar «la estupidez del autoritarismo y la indiferencia hacia los pobres de la tierra».

Dom Waldo también alude en su mensaje al «Pacto por la Vida y por Brasil», de la que la Iglesia brasileña es signataria junto a un grupo de asociaciones civiles.

Críticas por la incapacidad del Presidente

El pasado mes de agosto, como se recordará, se filtró a la prensa una Carta al Pueblo de Dios suscrita por 152 obispos (el país tiene 310 en activo y 169 eméritos) que criticaban la incapacidad del gobierno del presidente Bolsonaro para afrontar la actual crisis en sus dimensiones sanitaria, económica y política. «Las reformas laborales y de la seguridad social, que se considera que mejoran la vida de los más pobres —decían los firmantes—, han demostrado ser trampas que han hecho que la vida de las personas sea aún más precaria. Es cierto que Brasil necesita medidas y reformas serias, pero no como las que se han hecho, cuyos resultados han empeorado la vida de los pobres, desprotegido a los vulnerables, liberado el uso de agrotóxicos antes prohibidos, aflojado el control de la deforestación y, por lo tanto, no han favorecido el bien común y la paz social».

Unos días después, el 30 de agosto, 1.058 sacerdotes de distintos movimientos firmaron un manifiesto agradeciendo el «profético» documento que, dicen, «hace una lectura lúcida y valiente de la realidad actual». Los curas en cuestión recordaban los 16 vetos del Presidente de la República al Plan de Emergencia para Confrontar el Covid-19 en los Territorios Indígenas, las comunidades quilombolas y otros pueblos y comunidades tradicionales, vetos que califican de «éticamente injustificables e inhumanos porque niegan los derechos y garantías fundamentales a la vida de los pueblos tradicionales».

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