Coronavirus

Ola de solidaridad, nuestra mejor cura contra el virus

El sábado ha sido el primer día después de que el Gobierno anunciara el estado de alarma… cuyas medidas no fueron hechas públicas hasta finales del sábado. Un ejemplo claro es el de los más de 4.000 madrileños que acudieron a la llamada para donar sangre. Ayer, a primera hora de la tarde, el Centro de Transfusiones pedía que solo vayan donantes convocados, una vez las reservas volvieron a estar repuestas.

Pero no ha sido el único. El viernes por la tarde ya empezaron las primeras muestras solidarias. Así le pasó, por ejemplo, a Fernando Prado, misionero claretiano y sacerdote. «Si alguien necesita algo, y puedo echar una mano, que me lo diga. Alguna ayuda urgente en Madrid, o si necesita hablar para quitarse el estrés…»,  así rezaba su tuit, seguido de su número de teléfono y su Skype.

«Visto que se estaba poniendo así, dije, ¿qué puedo hacer? Como cura no sé qué puedo hacer, atender a gente aunque sea por teléfono», nos explica, precisamente, por teléfono. Dice que alguna llamada sí ha recibido, sobre todo de conocidos, «pero también alguna de algún desconocido»

Prado es el director de la editorial Publicaciones Claretianas y vive en una comunidad a la que pertenecen catorce religiosos. Dice sentirse «afortunado» porque «todas las habitaciones tienen baño individual, y si alguno enfermara sería fácil». Además, han establecido varias medidas como no comer todos a la vez. Para facilitar la vida espiritual, Prado cuenta que en su capellanía de monjas ha dejado suficientes formas consagradas con el objetivo de que puedan comulgar varios días.

Y, sobre todo, quiere defender que su iniciativa es normal. « la mayoría de la gente es muy solidaria», asegura, y tiene un recuerdo muy especial para los servicios médicos. «Siempre habrá cuatro o cinco que se pondrán nerviosos», reconoce, pero echar una mano «es lo que hay que hacer», afirma.

Consultorio Twitter

Prado destacaba el caso de los servicios médicos y ellos también han puesto su granito de arena, no solo como colectivo sino muchos de ellos a nivel individual. Alberto, oftalmólogo, se ofrecía por la red social twitter para realizar consultas por privado ayer por la mañana. Para las 5 de la tarde, ya había atendido más de 100 consultas y pedía la mano (virtual, por supuesto) de otros facultativos. Esa ayuda no tardó en llegar.

Otro de los doctores que se ofrecían era Juampe García, traumatólogo, Y pronto se creaba un grupo en Facebook (Médicos Solidarios on-line coronavirus), con datos de unos 100 médicos dispuestos atender consultas por e-mail para descargar los servicios de urgencias.

La población no se olvidó de que hay sanitarios que están sometiéndose a jornadas extenuantes, y una cadena por redes sociales animó a toda la gente a asomarse a las ventanas a las diez de la noche y aplaudirles. Hay, incluso, quien hizo extensivo el aplauso al personal de supermercado que ha tenido que lidiar esta semana con un extra de trabajo.

Cada quien ayuda como puede

Más ejemplos. El restaurante Tatel, de Madrid, se vio obligado a cerrar y donó (con los guantes puestos) unas cuantas cajas de comida a las Hijas de la Caridad.

El piloto de coches Roldán Rodríguez, en Madrid, por ejemplo, publicó un mensaje ofreciéndose a hacer la compra a personas mayores o con problemas de salud. Especificó que tenía mascarilla, alcohol y guantes para guardar las precauciones debidas.

Y, por poner otro ejemplo de los muchos que se pueden dar, cantidad de estudiantes y profesores que se ofrecieron a resolver dudas a estudiantes. Colaborar con la formación desde los más pequeños hasta los adolescentes que están en Bachiller y tendrán que hacer la prueba de acceso a la Universidad. O, simplemente, gente ofreciéndose a cuidar niños ya que se han tenido que quedar en casa (o se han quedado en paro) y saben lo difícil que es para muchos conciliar.

Print Friendly, PDF & Email