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Ofrenda ante el Apóstol Santiago en la catedral compostelana, Amigos de Buenafuente

Ofrenda ante el Apóstol Santiago en la catedral compostelana, Amigos de Buenafuente del Sistal, 3 de agosto de 2013

Señor Santiago, los amigos del Monasterio Cisterciense de la Madre de Dios, de Buenafuente del Sistal, de la provincia de Guadalajara, diócesis de Sigüenza-Guadalajara,  procedentes de distintos lugares, hemos caminado un año más, como lo venimos haciendo desde 1993, hacia la meta de tu sepulcro, como peregrinos que desean alcanzar la alegría de vivir en la Casa de Dios. Esta vez hemos recorrido, durante toda la semana, cerca de cien Kilómetros por las hermosas tierras de Cantabria y del Principado de Asturias, desde Comillas hasta San Esteban de Leces. A la vez hemos visitado lugares emblemáticos del Camino del Norte.

Reconocemos que es un privilegio poder dirigirte esta invocación, cuando hay tantos peregrinos que hoy nos hemos encontrado en tu casa, y nos sentimos acogidos por la mirada de tus ojos grandes, por el abrazo amigo que percibimos en el corazón y la hospitalidad de esta catedral Compostelana. Este año nos alegra haber revivido la experiencia de la peregrinación, que otros muchos han realizado desde el siglo X, entre ellos el Hermano de todos, Francisco de Asís, de cuya visita a este lugar se va a conmemorar el ochocientos aniversario. ¡Ojalá se sume a esta tradición el papa Francisco, a quien te encomendamos muy especialmente! Dale fuerza para el servicio al que ha sido llamado por tu Maestro, nuestro Señor Jesucristo.

En unos momentos tan recios como lo que se han sufrido en esta ciudad, y estamos viviendo en España, especialmente por la inseguridad laboral de los trabajadores relacionados con la industria del mar, y ante la soledad de los pequeños pueblos del interior como de las personas que viven en las periferias de las grandes ciudades, la experiencia de la peregrinación permite augurar esperanza por lo que se aprende en el camino, donde se descubre la riqueza de la austeridad, la libertad que da vivir solo con lo necesario, el gozo de la solidaridad y de la hospitalidad, la anchura del alma en contacto con la naturaleza, el silencio interior, a la vez que el amor al saberse habitado por dentro. Es una esperanza fortalecida con el encuentro de tantas personas buenas a lo largo del camino.

Somos conscientes de la bendición que supone poder andar, tener salud para ello, y fe para tener tu casa como meta. Te encomendamos a quienes por diversas causas se sienten impedidos o son enfermos o discapacitados, a quienes permanecen hospitalizados, después del accidente ferroviario, a aquellos que buscan un sentido a sus vidas y padecen circunstancias de desolación, tristeza y desesperanza por la desaparición de seres queridos u otras causas.

Te rogamos en concreto por los jóvenes que buscan trabajo digno. Sabemos que muchos ofrecen la peregrinación para encomendarte sus necesidades o agradecer tu bendición. Te traemos la súplica de los nuestros, de tantos amigos que nos encomiendan que les recordemos ante ti. Esta mañana deseamos dar voz a tantos que forman esta asamblea y que no tienen posibilidad de exponer su necesidad. Ti tienes poder de escuchar lo que llevamos dentro, aunque no lo pronunciemos. Oye el clamor de todos, especialmente de los que desean la paz en su conciencia y en sus familias, a los que necesitan saberse queridos y acompañados.

Hemos recibido con gozo la Carta Encíclica Lumen Fidei del Papa Francisco, en este año de la fe. En ella hemos leído: “Lo que los Apóstoles testimoniaron comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del Pueblo de Dios; así la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree”. Ante ti queremos profesar nuestra adhesión al Credo de los Apóstoles.

Por último, te pedimos que no falten nunca en la Iglesia obreros de la mies, en las distintas formas de vida cristiana. Bendice a quienes viven escondidos con Cristo en Dios, lo contemplativos, fortalece al pastor de esta Iglesia, su Obispo Julián, y a nuestro Obispo Atilano y a sus presbíteros. Señor Santiago, amigo de Jesús, implora de Él la bendición copiosa sobre todos los que hoy hemos peregrinado hasta tu casa y participamos en esta Eucaristía. Amén.



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