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Obras Misionales Pontificias y monseñor Figaredo, “tendencia” en Twitter

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Obras Misionales Pontificias y monseñor Figaredo, “tendencia” en Twitter

OMPRESS-MADRID (20-2-14) El coloquio entre el prefecto apostólico de Battambang (Camboya), monseñor Enrique Figaredo y los jóvenes, que tuvo lugar en el Aula Magna de la Universidad San Pablo CEU de Madrid, suscitó tal interés en las redes sociales que se convirtió en tendencia durante el tiempo que duró el diálogo. Los jóvenes asistentes no pararon de enviar tweets con las palabras de monseñor Figaredo, creando, sin darse cuenta, una corriente evangelizadora en la red.

El encuentro era una iniciativa de Obras Misionales Pontificias (OMP), para preparar el XI Encuentro Misionero de Jóvenes, que tendrá lugar del 21 al 23 de marzo en Madrid, y que anunció el director de OMP, Anastasio Gil con una promo que se proyecto al finalizar el diálogo y que puede verse ya en www.omp.es

Tras la proyección de la película “El milagro de Mao”, editada por OMP para el DOMUND 2013 y cuyo protagonista es Kike Figaredo y una niña que representa a las personas con las que trabaja (la mayoría víctimas de las minas antipersona), comenzó el turno de preguntas de los jóvenes, que moderó el periodista radiofónico Javi Nieves.

Monseñor Figaredo comentó que la rehabilitación que realiza con estas personas discapacitadas no es sólo física, sino moral y espiritual, porque es necesario recordarles que Dios las quiere. En este sentido el misionero subrayó la importancia de unir la fe a la caridad, como recordaba el lema del DOMUND 2013, “Fe+Caridad=Misión”.

El primero en intervenir fue el cámara José Cabanach, realizador de “El Milagro de Mao”, quien narró cómo fue su relación con Mao, la protagonista del vídeo (una joven de 25 años, con una pierna amputada desde los 14). Este profesional preguntó a monseñor Figaredo cómo conseguía devolver la dignidad a estas personas. “Con acompañamiento, cariño, viviendo juntos. Predicar es también vivir con la gente sencilla, estar donde están ellos”, respondió el prefecto.

Por su parte, Alberto Lomana, misionero comboniano en Sudán del Sur, que ha conocido también de cerca el sufrimiento de la gente, le preguntó a monseñor Figaredo si no le “erosionaba” el contacto con el sufrimiento. Él reconoció que “animar a las personas no es fácil” y que muchas veces sólo se las puede acompañar en silencio, “estar y rezar juntos”. Aunque nadie se acostumbra al sufrimiento, añadió que, a través de él, “aprendemos que la vida es más fuerte que la muerte” y esto “nos hace tener siempre esperanza”.

Teresa Llana es una joven que conoce a Kike Figaredo de cerca porque pertenece a su grupo de voluntarios y ha estado un año y medio, compartiendo su vida y trabajo en Camboya. Ella descubrió la verdad de le evangelización en “la sencillez, humildad, alegría y pobreza” que vio en Battambang. Monseñor Figaredo comentó que hace la selección de sus voluntarios basándose en su capacidad para salir de sí mismos. Si alguien le dice que quiere ser voluntario en Camboya, monseñor responde: “¿Eres voluntario en España? ¿Dónde está tu compromiso? ¿Cuántos amigos pobres tienes?”.

Otra de las jóvenes que intervino, Teresa Romero, pertenece al grupo “Jóvenes para la misión”, de la Delegación Diocesana de Misiones de Madrid. Según confesó, su primera experiencia misionera en Sierra Leona, “le cambió el corazón”, al contemplar sobre todo “la entrega de los misioneros”. Su pregunta a monseñor Figaredo era para contrastar su experiencia con los discapacitados en Sierra Leona, donde los niños añadían a su sufrimiento el ser estigmatizados por la sociedad. El prefecto respondió que en Camboya a veces se considera un castigo por haber hecho algo malo en la vida anterior (según la creencia popular en la reencarnación). Su labor en este sentido es liberarles de esas ideas a través del acompañamiento, el cariño y haciéndoles sentir su valía personal, que muchos recuperan a través del baile y de realizar actividades juntos.

Finalmente, Fernando Bonete, estudiante y voluntario del CEU, le preguntó a Kike Figaredo “cómo hacer misión en la Universidad”. Monseñor Figaredo le dijo que “por vocación personal estamos llamados a darnos a los demás y cuando no lo hacemos, no concretamos lo que somos”. Esa llamada “a entregarnos” se concreta socialmente con “el ejemplo, que arrastra”. El misionero sugirió ser en la clase “modelo de salir de sí mismo” y hablar con naturalidad de lo que hacemos como voluntarios.

 

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