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Obras cristianas de Gibraleón, una historia de solidaridad permanente en el nombre de Jesús

Obras cristianas de Gibraleón, una historia de solidaridad permanente en el nombre de Jesús

Con proyección internacional, atiende a 1.550 personas y genera 350 empleos directos

La asociación no da limosna, sino que ofrece dignidad a través del trabajo y el empeño en servir a los más necesitados y humildes

A punto de cumplir cuarenta años y está como una rosa: joven, alegre, decidida a continuar poniendo en práctica las Bienaventuranzas de Jesús, empeñada en hacer dichoso al que sufre, llora y se siente solo. Tal es su entrega a los más pobres y débiles que la Asociación de Obras Cristianas de Gibraleón no se detiene ante las dificultades, segura de que Dios se halla a su lado y, por tanto, con su ayuda y por bien del necesitado, capaz de superarlas.

Surgida en el seno de la comunidad parroquial en 1977, gracias a la inquietud de aquellos católicos más com­pro­me­tidos, Obras Cris­tia­nas fue impulsada por su presidente, el sacerdote Diego Suárez Mora, quien, asimismo, fuera párroco de la localidad olon­ten­­se du­ran­te cua­renta años.

Volcada, como hemos mencionado anteriormente, en la ayuda y atención a los necesitados, siguiendo el ejemplo de Jesús, la Asociación desarrolla su labor en numerosos centros que la misma entidad ha ido creando, tanto en la provincia de Huelva -en las localidades de Gibraleón, Beas y Rociana- como en el extranjero -caso de México, Argentina, Ucrania y Chile-, pues de todos es sabido que el hambre, la falta de amor, el desamparo y la soledad no saben de fronteras, ni distinguen razas ni diferencian geografías.

Primeras realidades.-

El primer proyecto que se puso en marcha, en marzo de 1978, fue la Residencia de Ancianos Jesús de Nazaret. Como sucede con cualquier primogénito, Gibraleón le tiene un cariño especial; ni menos ni más que a otras obras, distinto: porque no había nada y Dios la bendijo como un origen, como el brote verde en el tallo exiguo que dio paso a otras ramas, que juntas, poquito a poco, fueron convirtiéndolo en árbol frondoso. Y, también, porque hubo que recoger y vender muchos kilos de chatarra hasta poder convertir un lindo sueño en fértil realidad y los pueblos inteligentes, saben valorar los esfuerzos y salvaguardar sus memorias.

Destinada a acoger a las personas mayores que lo necesitaran, son actualmente 66 ancianos los allí residentes, a los que se les da, además de alojamiento y manutención, vestuario y todas las prestaciones sanitarias, rehabilitadoras e integradoras necesarias para que su desarrollo global en la sociedad actual sea un hecho. Y lo fundamental siempre para un ser humano, más aún en la recta final de su vida: respeto, atención y cariño.

Por su parte, la Casa-Hogar El Cristo Roto, fundada en 1986, tiene como misión acoger a las personas discapacitadas, en las cuales se refleja el rostro de Jesús mismo, contando con área asistencial, sanitaria, educativa, psicomotriz y rehabilitadora y de ocio y tiempo libre, al tiempo que los residentes del centro, hasta 107, pueden aprender en los talleres dedicados a la madera, la cerámica y la horticultura, además de asistir a clases de educación especial. El Cristo Roto llama la atención desde su nombre, y traspasando la cancela automática de su jardín ya sabes que la sonrisa es su divisa y el amor su emblema. Sus trabajadores tienen muy presente que para Dios ninguno de sus hijos es diferente a los otros.

En cuanto a los Centros Residenciales Básicos Santa Ana de Sión y San Isidro de Sion, abiertos en 2008 tras la reconversión del Hogar Infantil Sion en dos unidades diferenciadas, posibilitando que el niño viva en un ambiente lo más similar a una familia, acogen en la actualidad a menores que se encuentran en situación de desamparo y sufren graves carencias socio-familiares, con el criterio firme y decidido de la Asociación de Obras Cristianas de Gibraleón de hacer que sus vidas sean normales y alegres, en base a favorecer su pleno desarrollo personal, físico y emocional en un ambiente de comprensión, cariño y respeto. En régimen de internado, los chavales cuentan, además de con toda su manutención y vestuario, con programas educativos, formativos, culturales, lúdicos y deportivos.

En lo referente al Centro de Protección de Menores Emaús, concertado para menores con medidas de protección, ofrece a sus chavales una formación integral en la que se abordan todas las dimensiones de la persona, contando para ello con un personal de sobrada experiencia y un equipo técnico formado por profesionales especializados. Al igual que Sion, pone en práctica un Programa de Atención Residencial Básico.

Finalmente, la Casa-Hogar La Casita del Niño Jesús Roto -también en Gibraleón, como todos los mencionados hasta ahora- es un centro de protección para menores con un grado de discapacidad psíquica reconocida mayor al 33%. Atendidos por personal técnico, educativo y de atención directa, el objetivo principal radica en que los pequeños progresen y den el máximo de sí mismos, así como lograr que durante el tiempo en que vivan en el centro sientan en torno a ellos un hogar cálido y familiar.

Ya lo expresó claramente Jesús: “Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos”. Nada que añadir, pues, a su Palabra Maestra, Universal.

Beas

Fuera de las lindes municipales olontenses, en el pueblo de Beas concretamente, localidad en la que naciera -un 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen- el sacerdote Diego Suárez Mora, las Asociaciones Nuestra Señora de los Clarines y Obras Cristianas de Gibraleón inauguraban en 1991 la Residencia de Ancianos Virgen de los Clarines. Acoge a 75 ancianos a los que se ofrece alojamiento, manutención, vestuario y cuantas actuaciones de carácter asistencial, sanitario, terapéuticas y rehabilitadoras puedan necesitar, contando desde 2005 también con una Unidad de Día, para los mayores beasinos que duermen en sus casas, con instalaciones y programas adecuados y especiales destinados a rehabilitación.

Así mismo, cuenta la Asociación también en Beas con la Casa de la Misericordia Betsaida, inaugurada en 2002, que acoge a 50 discapacitados psíquicos en tres residencias destinadas a gravemente afectados -con un alto grado de minusvalía psíquica e incapaces de valerse por sí mismos para las actividades de la vida cotidiana, tales como el aseo personal- , psicodeficientes -con retraso mental leve o moderado, pero con graves trastornos de conducta- y unidad de día -en la que se hallan las aulas, talleres, salas de visita, enfermería, cocina, comedor y lavandería-. El centro se estructura en torno a diferentes áreas de funcionamiento: asistencial, sanitaria, educativa, psicológica y de ocio y tiempo libre, fomentándose, especialmente, la creación de un ambiente familiar en el que el primer mandamiento son el cariño y la comprensión con los internos, siguiendo la máxima de Jesús: “Lo que hagáis con vuestros hermanos conmigo lo hacéis”.

También en la localidad beasina ha creado la asociación una empresa llamada Class-Maná (‘Comida Especial’), cuyo objetivo primordial es dar de comer a los niños y personas necesitadas en el extranjero. Se trata de una empresa de catering cuyos beneficios se destinan a organizar comedores sociales, centros de día y orfanatos en países como México, Argentina o Ucrania. Dicho catering, que presta sus servicios en cuantos eventos se solicite su trabajo, cuenta con su propio salón de celebraciones abierto al público en la Residencia Nuestra Señora de los Clarines de Beas.

Una comida especial porque detrás de las mujeres y hombres que las preparan se encuentra el noble deseo de que otros pueblos, otras gentes muy lejanas e ignotas, puedan contar también con un plato de comida con el cual alimentarse, una cama sobre la que dormir, un techo bajo el cual vivir. Una ración diaria de amor en suma.

Obra Internacional.-

Ya en el ámbito internacional, la Asociación de Obras Cristianas de Gibraleón también proyecta la solidaridad con los más pobres y marginados a través de varios proyectos puestos en práctica en Latinoamérica y Ucrania. La enfermedad, la pobreza, la desatención, la miseria y la marginación son la otra cara, la que muchos no quieren ver, de nuestras propias vidas, la parte oscura que ignoramos y, sin embargo, ocupa más superficie en el mundo que el brillo de la abundancia material.

Obras Cristianas, en cambio, tiene muy presente su existencia, porque cree en milagros como el de la multiplicación de los panes y los peces, y también, porque apuesta por la buena voluntad entre los hombres para hacer del planeta un lugar más justo para todos cuantos lo poblamos, con independencia de la geografía de alumbramiento que te haya tocado en suerte.

Así, en México, la Casa-Hogar Infantil Portal de Belén, en Arandas, Estado de Jalisco, inaugurado el año 2002, está dedicada a la atención integral de unos 70 menores, cubriendo sus necesidades básicas de alimentación, salud, educación, ocio y cultura, valores, relaciones humanas y cuantos aspectos se conjugan en la formación integral de una persona. Desde el alojamiento a la manutención y el vestuario, pasando por la atención médica integral, incluida la odontológica, la escolarización y el refuerzo de la autoestima y el respeto a los demás en la convivencia, la tarea de la Asociación no cabe sino calificarla de maravillosa.

Dos mujeres olontenses -Toñi López y Juani Rodríguez- dejaron vida, familia y pueblo atrás y se pusieron manos a la obra para conseguir que otros niños y niñas, allí en Jalisco (ellas no se rajaron nunca), a los que costaba mucho sonreír no dejaran ya de hacerlo nunca. Igualmente, destacar la implicación de la sociedad de Arandas con su Portal de Belén, pues cada día grupos de amigos o familiares llevan las raciones necesarias para los almuerzos y cenas de los residentes.

El Albergue Juvenil Kallpa Wayna de la ciudad de Abra Pampa, en la prelatura argentina de Humahuaca, es otro ejemplo de trabajo solidario con proyección internacional realizado desde la provincia de Huelva gracias a la Asociación de Obras Cristianas de Gibraleón. Se trata de un centro juvenil en el cual se promueve el apoyo escolar y la formación de un grupo de 50 jóvenes de entre catorce y dieciocho años provenientes de familias aborígenes de zonas rurales con escasísimos recursos económicos, cubriéndoles, además, sus necesidades básicas de alojamiento y alimentación.

Al mismo tiempo, otros 50 chicos no internos, desempleados y con cargas familiares adquieren una capacitación en los diversos talleres del albergue, con miras a la formación de su propia empresa y la consecución de una autonomía económica suficiente que les permita sacar adelante a sus respectivas familias.

También en Argentina nació Jaire, un proyecto común entre la nativa Asociación Anunciar y Obras Cristianas de Gibraleón. Se trata de un proyecto localizado en la zona sur de la ciudad de Córdoba, donde se concentran  numerosos indicadores de pobreza, como demuestra el hecho de que el 60% de sus habitantes se encuentra en situación de indigencia. Esta realidad socioeconómica incide en forma notable en las familias generando situaciones de fragmentación, maltrato, empobrecimiento de los vínculos, etc. Teniendo en cuenta que la familia es el primer sostén emocional y agente de socialización de los hijos, la realidad que en ella se vive afecta directamente en la formación de la identidad de niños y jóvenes.

En el proyecto se  trabaja la problemática infantil y juvenil a través de la prevención, la promoción y la contención -deportes, recreación, apoyo escolar, talleres de capacitación y expresión-, favoreciendo así el aprendizaje organizativo para superar los obstáculos.

El objetivo principal es integrar a los niños y jóvenes que viven en mayor riesgo social de exclusión en tareas educativas y recreativas adecuadas para su edad, ofreciendo para su tiempo libre actividades que los edifiquen y desarrollen como personas de bien, capaces de intervenir positivamente en su comunidad y en la sociedad, creando la simiente de un hombre nuevo capaz de pensar y razonar la realidad en la que se encuentra inmerso, viviendo con libertad y dignidad valores humanos universales, herramienta indispensable para resolver sus problemas de manera solidaria y comunitaria. Razones de peso-amor para sacar a los niños y jóvenes de situaciones muy duras y absolutamente injustas.

Chile es otra nación en la cual la tarea de hacer visible al prójimo se concreta en una palpable realidad. En La Serena, situada en la Cuarta Región, existe un milagro que se llama San Isidro, consistente en un centro social para menores desfavorecidos. Atendido por una religiosa y un grupo de profesionales, la labor de Obras Cristianas allí puede calificarse de hercúlea, al tratarse de una tierra en la que los niños son tratados en ocasiones no mucho mejor que los animales. De hecho, los denominados crianceros -propietarios de cabañas ganaderas oveja o cabra- cambian niños por animales. De esa tragedia moral los rescata la Asociación olontense, dándoles un sitio donde vivir, estudiar y formarse, tanto física como espiritualmente.

Por ultimo, y regresando al otro lado del mundo, en Ucrania, en la Vieja Europa nuevamente, desde 1999, y en colaboración con la Fundación Internacional de Niños de Chernóbil por Sobrevivir de Kiev, capital del país, la Asociación lleva a cabo cada verano y Navidad un programa de vacaciones en España para aquellos menores que padecen aún las consecuencias de la explosión de la central nuclear, habiendo participado ya en el mismo mas de mil niños de entre cinco y diez años cuyas características comunes pasan por ser todos ellos enfermos, huérfanos y pobres. Pobreza, orfandad y enfermedad siempre duelen mas en un niño y en Obras Cristianas duele -y mucho- la infancia necesitada.

Así mismo, en 2002 se inauguraban en Kiev cinco Centros de Día

-denominados Dom Kirios- en otros tantos distritos de la capital, para atender a más de 400 niños y niñas de entre cuatro y diecisiete años, a los cuales se les da apoyo alimenticio -fundamental para su recuperación de la tragedia nuclear- y escolar.

Cuando se ama a Dios por encima de todas las cosas es fácil querer al prójimo con todo tu corazón, poniendo en practica un Catecismo vital en el que el cual sientes al Todopoderoso en el rostro del deficiente, en la vejez del anciano, en la inocencia del niño que la vida ha maltratado. Ahí, en ese nivel de amor, entrega y exigencia, hallarás siempre a Obras Cristianas de Gibraleón. Bendito sea Dios por permitírnoslo.

Juan Manuel Muñoz.
Comunicación

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