Encuentro on line de las presidencias del CCEE y la COMECE el 3 de junio.
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Obispos de Europa: Que nadie se quede atrás tras el coronavirus

Que nadie, en el Viejo Continente, se quede atrás tras el coronavirus, que se trabaje conjuntamente para una recuperación sin excluidos. Este es el llamamiento que han hecho los obispos europeos a la conclusión de su asamblea plenaria anual, celebrada por videoconferencia el 3 de junio. El encuentro ha congregado a las presidencias del CCEE (Consejo de Conferencias Episcopales Europeas) y de la COMECE (Comisión de Conferencias Episcopales de la Unión Europea), además de al nuncio apostólico ante la UE, Alain Lebeaupin. La primera institución está presidida por el cardenal italiano Angelo Bagnasco, y la segunda por el también purpurado Jean-Claude Hollerich, luxemburgués.

Tras recordar a las víctimas de la pandemia y a sus familias, la Iglesia europea agradece el esfuerzo de todos aquellos que están en primera línea luchando contra el virus: sanitarios, voluntarios y fieles. Pero expresa también su preocupación por la crisis económica y la consiguiente pérdida de puestos de trabajo, de ahí que pida trabajar «conjuntamente por una reanudación que no deje a nadie atrás». Agradece asimismo «el servicio crucial y generoso» realizado en estos meses por tantos y tantos sacerdotes, «algunos incluso a costa de su vida».

Los obispos han analizado también la práctica religiosa en estos meses de confinamiento, en los que las celebraciones han tenido que hacerse a través de los medios de comunicación tradicionales o en streaming. Este fenómeno, dice la nota de prensa difundida a la conclusión del encuentro, invita a «evaluar la posibilidad de dar un nuevo significado a la fe y a la Iglesia; y también a trabajar para hacer que muchos fieles redescubran el elemento de plena sacramentalidad de las celebraciones religiosas vividas dentro de los lugares de culto, que el uso de las nuevas tecnologías no puede asegurar». «También nos centramos —dice el comunicado— en la fuerte limitación impuesta a la libertad religiosa en el contexto del cierre de los lugares de culto y la prohibición de las liturgias, invocando el restablecimiento de las relaciones normales Iglesia-Estado basadas en el diálogo y el respeto de los derechos fundamentales».

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