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Nuevos y permanentes acentos para vivir la Cuaresma en cristiano  – editorial Ecclesia

Nuevos y permanentes acentos para vivir la Cuaresma en cristiano  – editorial Ecclesia

Estamos el alba de la Cuaresma, siempre una extraordinaria oportunidad para ajustar mejor le brújula de la vida cristiana. El Papa ha dedicado este año su mensaje para este tiempo cristiano fuerte al tema «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm. 8, 19). Se trata de un mensaje hermoso y más bien breve (páginas 23 y 34), mediante el cual Francisco llama a que insertemos también en el tiempo cuaresmal la urgencia en pro de una ecología integral y que la traduzcamos a pequeños y cotidianos gestos que contribuyan a un mayor y más responsable cuidado de la casa común que es la creación entera. Y es que, como escribe el Santo Padre, «este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a la creación». El mensaje papal para la Cuaresma 2019 es así una prolongación y concreción de su encíclica Laudato si`y como esta ha de impregnar la espiritualidad y la completa vida del cristiano.

Sobresale, a nuestro juicio, la aplicación concreta que Francisco hace de este compromiso para las tres praxis tradicionales de la Cuaresma.  Así, el ayuno cuaresmal de 2019 ha de consistir «en aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de devorarlo todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón».

En relación con la oración cuaresmal y la ecología integral, Francisco nos hablar de la necesidad de «orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia».  Y respecto a la caridad y la limosna, el Papa explica que su sentido es  que salgamos «de la necesidad de vivir y de acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece» y reencontremos «la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón».

Por otro lado, en las vísperas mismas de la Cuaresma (página 38), el Papa visitó una parroquia romana. Y en la homilía de la misa, alertó de la fuerza destructiva de la crítica, de la murmuración, de la difamación, «del chismorreo, que  no termina en el chismorreo en sí, porque va más allá, y siembra discordia, enemistad y el mal» y es engendrador de «guerras».

Sirvan, pues, estos acentos nuevos, actualizados, para recordar que la Cuaresma es un extraordinario don que Dios nos ofrece a través de la Iglesia como «tiempo favorable», que, bajo ningún concepto, «hemos de recorrer en vano». La Cuaresma no es mero recuerdo del pasado, algo superado y que ya no necesitan el cristiano y la Iglesia de hoy. Todo lo contrario. Nada más importante que «emprender –habla el Papa- un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagamos prójimos a nuestros hermanos que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Y acogiendo la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación».

Recordémoslo, vivámoslo: la Cuaresma ha sido y debe seguir siendo el tiempo litúrgico, pastoral y eclesial más apto para la profundización, la renovación y la misión auténticas. Minusvalorar la Cuaresma es un craso error y su desaprovechamiento pastoral y espiritual es un empobrecimiento nocivo. Porque, además, sin Cuaresma, no hay Pascua.  Al igual que sin Cruz no hay Resurrección.

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