Internacional

Nuevos desplazamientos por violencia en la República Centroafricana

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La reciente oleada de violencia en la República Centroafricana provoca nuevos desplazamientos, también hacia la RDC

 

El recrudecimiento de la violencia en la República Centroafricana (RCA) ha provocado nuevos desplazamientos, tanto en el interior del país como hacia la República Democrática del Congo (RDC). Desde enero se estima que unas 30.000 personas han huido de sus hogares y han encontrado refugio en otras zonas de la República Centroafricana, sobre todo en las ciudades de Batangafo, en la prefectura de Ouham, al norte, y en Bambari, en la prefectura de Ouaka, en el centro este del país.

La nueva oleada de violencia está relacionada en gran medida con la trashumancia estacional del ganado y los enfrentamientos entre pastores y las poblaciones agrícolas locales y las milicias antibalaka. Algunos pastores han recurrido a ex milicias séléka en busca de protección, lo cual complica aún más esta situación. Además, las últimas operaciones militares que han expulsado a antiguas fuerzas séléka de edificios públicos en Bria, una ciudad al este de Bambari, han provocado ataques de represalia en aldeas próximas. Los civiles se han visto atrapados en mitad del conflicto y han visto cómo sus aldeas, casas y pertenencias quedaban reducidas a cenizas. Las personas que han llegado a Bambari se encuentran completamente desamparadas y angustiadas. La mayoría son mujeres y niños y algunos han estado escondidos en los bosques durante semanas.

ACNUR ha distribuido ayuda humanitaria –incluyendo mantas, bidones, utensilios de cocina y lonas de plástico- a más de 1.170 familias desplazadas recientemente en Bambari. En Batangafo 800 familias han recibido estos materiales de emergencia. No obstante, la situación de seguridad sigue siendo precaria y las necesidades humanitarias todavía son enormes.

Algunos elementos armados entraron en varios asentamientos para desplazados en Bambari y Batangafo, amenazando y extorsionando a la población. Algunos de los desplazados viven a apenas unos metros de sus antiguas casas y aun así no pueden volver por temor a perder la vida. En ausencia de la mayoría de las autoridades locales, muchos edificios públicos en Bambari se encuentran controlados por exfuerzasséléka. Se necesitaurgentemente más presencia policial y de la gendarmería para proteger a los civiles y prevenir más matanzas y actos de represalia.

Al otro lado de la frontera, en la República  Democrática del Congo (RDC), ACNUR ha registrado a más de 19.000 refugiados (19.289) que han llegado al territorio de Bosobolo, al norte de la provincia de Equateur, como consecuencia de la nueva oleada de violencia que desde diciembre azota el distrito de Kouango, en la prefectura centroafricana de Ouaka. Los equipos de ACNUR en el terreno han informado de que está habiendo un flujo constante de refugiados que aseguran haber huido por los enfrentamientos en sus aldeas entre milicias antibalaka y ex-séléka. Cuentan que sus casas fueron incendiadas y que no tuvieron otra opción más que huir. Si se quedaban en sus pueblos se arriesgaban a sufrir torturas o ser asesinados y, en el caso de las mujeres, a ser violadas.

También se están registrando llegadas en el territorio de Mobayi. Unos 2.400 refugiados centroafricanos han cruzado a la República Democrática del Congo a través de los nuevos puestos fronterizos de los territorios de Mobayi y Bosobolo desde el 15 de febrero. La mayoría son niños y aseguran haber huido de la posible violencia por parte de los ex-séléka a raíz de la operación de desarme en Bria.

ACNUR y sus socios están trabajando sobre el terreno para establecer un nuevo asentamiento para refugiados en la zona de Bili, lejos de la frontera. Los refugiados recién llegados viven actualmente en asentamientos espontáneos en las orillas del río Oubangui, la frontera natural entre la RDC y la RCA, en refugios improvisados y con acceso muy limitado a atención sanitaria, agua potable y alimentos. Los menores no tienen acceso a la educación y además, debido a la proximidad de la frontera, los refugiados están expuestos a posibles infiltraciones de elementos armados.

ACNUR está organizando la asistencia de emergencia, incluyendo clínicas móviles y acceso al agua potable, al tiempo que prepara el traslado de los refugiados al campamento. La falta de servicios y los retos logísticos en esta remota zona del norte de la República Democrática del Congo, como el mal estado de las carreteras y el hundimiento de los puentes, están dificultando aún más el trabajo de ACNUR. El hospital de Bili sólo cuenta con 15 camas y carece de equipamiento.

Los equipos de ACNUR han recibido informes alarmantes que describen actos de violencia sexual por parte de elementos armados de la República Centroafricana. El 9 de febrero tres niñas refugiadas fueron secuestradas por elementos armados que cruzaron a la RDC cerca de Dula y se las llevaron a la RCA. Una de las niñas logró escapar y contó al ACNUR que habían sido violadas. Ella está ya recibiendo tratamiento médico pero las otras niñas siguen desaparecidas.

ACNUR también fue informado de que una mujer de unos 30 años y su hija de 14 años fueron violadas cuando regresaban a la República Centroafricana para buscar comida y cosechar el café en sus terrenos. Si bien la madre fue liberada por sus captores, la niña aún permanece retenida. ACNUR teme que haya muchos más casos similares que no han sido denunciados, por lo que considera crucial trasladar a los refugiados lejos de la frontera. Por este motivo, la Agencia de la ONU para los Refugiados pide a todos los socios y a las autoridades congoleñas que desplieguen todos los esfuerzos necesarios para hacer posible que esta reubicación se lleve a cabo de manera urgente.

En total, la violencia en la República Centroafricana ha forzado a desplazarse a más de 893.000 personas. Unas 442.000 se encuentran desplazadas en el interior delpaís, incluyendo a más de 50.000 en la capital, Bangui, y a unas 35.000 que huyeron a Bambari y 33.700 que lo hicieron a Batangafo. Otros 451.000 refugiados centroafricanos están viviendo en el exilio en Camerún (245.000), Chad (94.000), la República Democrática del Congo (88.000) y la República del Congo (24.000).

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