Al abrir la puerta

Nuevos comienzos

«La caridad significa perdonar lo imperdonable, pues si no, no es virtud ni es nada. La esperanza significa esperar cuando la situación resulta desesperada, pues si no, no es virtud ni es nada. Y la fe significa creer en lo increíble, pues si no, no es virtud ni es nada.» GK Chesterton

                 En el fondo toda vida es siempre estar comenzando. Septiembre y el regreso –con su inevitable carga de síndrome post-vacacional- es siempre un buen recordatorio de eso, casi un memento mori, un recordatorio de la condición itinerante del ser humano, un recurrente ejercicio de memoria de que nunca estamos completamente acabados, nunca definitivamente hechos, nunca hemos llegado del todo a donde tenemos que estar, memoria de que nuestra vida es camino constante que siempre está comenzando. Que hay mucha jornada por delante aún.

                Seguramente será este extraño año que llevamos, con toda la carga de experiencias de dificultad y dolor que está poniendo a prueba la fe del más pintado, pero este regreso a un curso nuevo para un servidor está siendo especialmente agotador y en este septiembre que comienza nublado y nuboso, la idea de andar siempre comenzando de nuevo, de que nunca uno termina de llegar a ningún lado, está muy presente, con toda su carga de ver las cosas cuesta arriba.

                ¿Qué nos deparará el curso? Nadie sabe del mañana a ciencia cierta nada, pero no puede uno más que constatar que está más que muy extendida la sensación esa del refrán de que «a perro flaco todo se le vuelven pulgas». Hay como una amenaza latente, un miedo que se nos cuela por todos lados, a que lo que venga puede ser al menos igual de malo que lo vivido, no se sabe si con rebrotes, con situaciones económicas de crisis, con decisiones por tomar, con la política cainita que nos traen o lo que sea, pero late esa amenaza a que aún no ha acabado este felón 2020.

                ¿Qué hacer con todo ello?

                Volver a comenzar. No hay más remedio. Volver a apostar. Resistir. Apretar los dientes. Seguir caminando. Seguir buscando. Seguir confiando en ese Dios que ante todo es un Padre bueno que no abandona a sus hijos, que no sabe hacer otra cosa más que amar. Volver a creer. Volver a esperar. Volver a amar. Contra todo miedo, desesperanza u odio. Aunque por momentos ni esperemos, ni creamos ni amemos. Contra todo y contra todos, volver a apostar pues es la única manera de realmente vivir.

Vicente Niño Orti  @vicenior

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