Diario de un pastor

Nuevo rostro de la caridad

El domingo III de Cuaresma este año ha sido muy especial para todos nosotros. La inmensa mayoría de los católicos españoles han tenido que seguir la misa dominical por medio de la radio, televisión, internet… porque desgraciadamente la pandemia del coronavirus había llegado hasta nosotros con la fuerza cruel que se ha dado en otros lugares del mundo, donde nadie queda a salvo, las fronteras no sirven de nada y las ideologías son estériles y malignas. Las autoridades competentes han dado directrices precisas y claras a la población de obligado cumplimiento por el bien de todos los ciudadanos.

En esta situación de emergencia nacional, donde nos jugamos la vida misma, hacemos un llamamiento a poner en primer plano personal y social la virtud de la responsabilidad, que para los cristianos es la primera forma de la caridad y para los hombres y mujeres de buena voluntad de cualquier colectividad, es eje del bien social. Por eso, para creyentes de cualquier credo y ateos, la responsabilidad es signo de la dignidad humana: solo la persona libre es responsable y sabe actuar en cada momento buscando aquello que agrada a Dios y bueno para todos los hombres.

Quiere decir, que por muchas leyes que determinasen los gobernantes y entendidos sanitarios, si cada uno de nosotros no interioriza la grave situación que estamos viviendo y no dejamos a un lado los intereses particulares, esto sería muy difícil de parar. Viene bien recordar aquella enseñanza de san Juan Pablo II: “La enfermedad no puede curarse si no se toman los remedios necesarios. De nada sirve diagnosticar el mal en el espejo de la conciencia individual y colectiva, si se olvida fácilmente o no se ha asumido la responsabilidad de quererse curar. Cada uno en la sociedad tiene sus responsabilidades sobre esta situación” (Costa de Marfil 1980).

En este estado de alarma, estamos pasando de la incertidumbre a la esperanza, porque son muchos los signos de responsabilidad solidaria que se están dando entre los españoles. Sigamos por ese camino, y entre todos venceremos al virus siniestro que ciegamente acaba con todos nosotros. Ánimo. Desde la fe en Cristo os digo: orad sin cesar, Dios hace posible, lo imposible: “El nos librará de la peste maligna”.

+ Juan del Río Martín
Arzobispo Castrense de España

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