Editoriales Ecclesia

Tener nuevo Gobierno es positivo y demanda más diálogo y más responsabilidad – editorial Ecclesia

Tener nuevo Gobierno es positivo y demanda más diálogo y  más responsabilidad – editorial Ecclesia

Por fin, tras 320 días de interinidad y espera infructuosa, España cuenta desde, respectivamente, el 29 de octubre y el 4 de noviembre con presidente del Gobierno y con ministros. Se trata de un Ejecutivo monocolor del Partido Popular, la formación política que, con 137 diputados y casi ocho millones de votos, ganó las últimas elecciones generales, las de 26 de junio, las segundas en seis meses. La compleja y traumática abstención, en la segunda sesión de investidura de Mariano Rajoy, en su segundo intento, tras el intento fallido del pasado 2 de septiembre, de buena parte de los diputados socialistas y la suma de los escaños del PP, Ciudadanos y Coalición Canaria hicieron posible la investidura.

         Ante ello, en primer lugar, y siempre desde parámetros apartidistas y creemos humildemente que desde el sentido común y con la Doctrina Social de la Iglesia como guía, la conformación de un Gobierno en España es una buena y necesaria noticia para España. Es, con palabras de declaraciones a la prensa del secretario general de la CEE, un signo de «normalidad institucional», y por ello, añadimos nosotros, de normalidad democrática. Los diez meses discurridos sin Gobierno no han sido, afortunadamente, una catástrofe, pero sí, por su excesiva duración, una anomalía y, como escribimos en nuestro comentario Editorial del número 3.547-48, ir a unas terceras elecciones generales en un año hubiera sido una irresponsabilidad temeraria e inadmisible. Es preciso respetar  e interpretar bien el resultado de las urnas, gusten más o gusten menos, y recurrir a ellas sin verdadera necesidad habría sido un error.

         En segundo lugar, es evidente que el nuevo Gobierno no nace en una situación de fortaleza, sobre todo, de cara a poder sacar adelante leyes, ya que la mayoría que necesitaría para ello es de 176 votos favorables o, al menos, más votos a favor que en contra, lo que no va a resultar nada sencillo. Además, no conviene olvidar que la abstención del PSOE ha sido, como intencionadamente calificamos ya antes, no mayoritaria, compleja y traumática. Los sucesos que desembocaron el 1 de octubre pasado en la renuncia del secretario general socialista y en la configuración de una gestora para su dirección provisional ha sido de todo menos «versallesca»…

         En este sentido,  bueno será recordar que España necesita un Partido socialista unido, pacificado, fuerte y con sentido de Estado (ecclesia, número 3.852, página 11).  El PSOE ha sido el partido político que durante más años ha gobernado España y sigue siendo la segunda fuerza política y sin él, del modo que  corresponda, la gobernabilidad y la estabilidad de esta nueva legislatura va a resultar muy difícilmente sustituible.

         La hora presente de España demanda, pues, trabajar con diálogo y responsabilidad para buscar respuestas y soluciones a los problemas de los ciudadanos, singularmente para los que más lo necesitan. Más allá de que no reconocer la realidad de la recuperación económica, el descenso del paro y los aceptables indicadores macroeconómicos, sería negar la evidencia, también sería ciego y necio el no reconocer que todavía quedan muchas víctimas de la crisis de los años pasados, a las que hay que sumar las personas que antes de la crisis ya vivían en situación de inaceptable precariedad. España, como tantos y tantos países, necesita una economía, un mercado, un mundo laboral y unas relaciones sociales con rostro, alma y corazón más humanos y más solidarios. Y no podemos cerrarnos tampoco a la acogida y a la integración de migrantes y de refugiados.

La Iglesia, como en las citadas declaraciones periodísticas señaló también el secretario general de la CEE, ofrece, desde su identidad y misión, su «colaboración», manteniendo su «independencia» y neutralidad partidista, para trabajar por el bien común del país y consolidar «la concordia de los españoles, que se sienten, en su mayoría católicos». Y bueno será recordar como guía  y referencia del planteamiento eclesial a este respecto y al anterior la instrucción pastoral de la CEE, de abril de 2015, Iglesia, servidora de los pobres.

Y en relación a otras coyunturas problemáticas de España —secularización, materialismo, cuestionamientos de la unidad de Estado y otras varios— séanos también permitido recomendar y refrescar otra emblemática y luminosa instrucción pastoral de nuestro episcopado:  Orientaciones morales ante la situación actual de España, que, a pesar de que tiene ya diez años, sigue plenamente vigente e interpelante.

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