Diócesis Iglesia en España

Nueva visita, el sábado 1 de diciembre, del obispo de Málaga a la cárcel de Alhaurín de la Torre

La cárcel de Alhaurín de la Torre en Málaga es uno de los lugares que D. Jesús Catalá, obispo de Málaga, suele visitar periódicamente. En su último paso, celebrado este sábado por el centro penitenciario, Monseñor Catalá mantuvo un encuentro tanto con el voluntariado como con los propios reclusos, con quienes aprovechó para intercambiar impresiones e interesarse por su situación.

Palabras de ánimo y reconocimiento. Eso es lo que D. Jesús Catalá tuvo en su encuentro con el más de medio centenar de voluntarios que velan por la mejora de la calidad de vida de los reclusos de la cárcel de Alhaurín de la Torre, en Málaga. En su visita al centro penitenciario, Monseñor Catalá alabó la labor que los voluntarios desempeñan en este enclave al considerar que su presencia «es significativa y da esperanza, por que hacéis presente al Señor, que es quien nos libera y rompe nuestras cadenas».

 

El obispo de Málaga también aprovechó esta visita para acercarse a los enfermos encarcelados a quienes les hizo llegar el mensaje de que «vosotros vivís la experiencia de ser amados por todos los que os cuidan, porque lo que uno vive y sufre no es lo definitivo». D. Jesús Catalá también compartió momentos con los presos del módulo de preventivos reincidentes, con quienes departió animadamente y de los que escuchó sus demandas.

 

UNA EXPERIENCIA QUE REFUERZA

 

Para Mons. Catalá son muchas las sensaciones que le embargan en sus visitas al centro penitenciario. Visitas de las que asegura sale reforzado. Y es que, según el prelado malacitano, se trata de momentos «en los que te encuentras con personas que viven una situación muy especial, por enfermedad o por situación de vida. El que una persona esté privada de libertad es algo muy duro, así que contactar con ellos y darles una palabra de ánimo es para ellos, y a la vez para uno mismo, muy significativo». Al mismo tiempo recalcó que la Iglesia Católica colabora con estas personas «haciéndose presente con gente que está necesitada, que tienen fe y que quieren celebrar la fe». En sus conversaciones con los reclusos Monseñor Catalá escucha de las más variopintas demandas, «desde los que quieren un simple signo religioso, que les bendiga, a los que te piden que reces por ellos y sus familiares. Sus peticiones van desde lo más espiritual y desinteresado a las necesidades más esenciales».

 

En este sentido, también recordó que vivir experiencias de estas características «te hace más humano, porque ves que ésta también es una situación propia del hombre, y te das cuenta de que, a veces, nos quejamos de cosas poco importantes».

 

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