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Nueva misión de los escolapios en el Congo

Nueva misión de los escolapios en el Congo

Tras la situación de inestabilidad política que sacudió Camerún, a inicios de noviembre el gobierno de Camerún abría sus fronteras, permitiendo el tráfico normal de personas. Así se ha podido hacer realidad la apertura de una misión en el Congo con el viaje de los tres miembros que la formarán, que estaban en Camerún, según informan los escolapios.

Los padres Jean de DieuTagne, camerunés, Didier Kololo, congoleño, y el hermano Jovino Obama, guineano, formarán la primera comunidad en Kinshasa, ubicada en el barrio de Lemba y vivirán en una casa propiedad de los misioneros combonianos.

Al mismo tiempo, resueltos algunos problemas de visado para entrar en Guinea Ecuatorial, se abre una nueva presencia en este país, por la que los escolapios en el próximo curso académico asumirán la gestión de la Escuela Diocesana de Ebebiyín según la petición del obispo, Mons. Juan Nsue y de la Iglesia diocesana.

Jean de DieuTagne, uno de los tres miembros de la nueva comunidad en el Congo, ha contado cómo han sido los primeros días:

“Para empezar llegamos en un período particularmente caliente. Incluso los kinois – como se conoce a los habitantes de Kinshasa – reconocen que estos días son muy calientes. De hecho, los jerséis continúan en las maletas.

El calor fue acompañado por una oleada de mosquitos. Son mosquitos tercos que no se esconden para operar y que incluso a desafían los insecticidas que utilizamos. Pero, gracias a Dios tenemos mosquiteras impregnadas de insecticida, y en general podemos pasar noches tranquilas. Más que el calor y los mosquitos, la gran dificultad se encuentra en el logro de agua y electricidad. Son materias primas raras. Conseguir estas dos materias primas nos causa serios problemas.

Todavía estamos buscando un cocinero o cocinera que nos haga la comida. Comprenderéis que nos las estamos arreglando solos de momento. Pero es maravilloso ver aparecer los talentos culinarios de los hermanos y la gente joven.

Para el transporte, utilizamos los medios públicos; para la gente del pueblo – como nosotros – existen dos tipos de transporte: ‘el espíritu de la muerte’ y ‘el espíritu de la vida’. Los kinois saben explicar bien la diferencia: ‘el espíritu de la muerte’ es un vehículo que transporta unas 20 personas; los asientos son bancos de madera donde los pasajeros se apretujan según el espacio disponible. Estos coches pertenecen a personas que los utilizan para ganar dinero. Se dice que causan muchos accidentes. ‘El espíritu de la vida’ es la oferta del gobierno; son vehículos más aceptables en los que precisamente está escrito ‘El espíritu de la vida’. Ofrecen mejor servicio, pero su número es limitado. Esperamos que, tan pronto como sea posible, nos proporcionaremos un medio de locomoción, porque en definitiva el transporte común es bastante difícil en Kinshasa, dado el número de habitantes y las distancias.

Aquí, la gente no habla del Ébola. Esto no es lo que preocupa a la gente con la que nos encontramos. A la gente le preocupan otras cosas: encontrar el pan de cada día, tomar una cerveza en un bar bajo el árbol, encontrar un medio de transporte por la noche para volver a casa…

Se podrían decir más cosas en esta primera semana, pero nos limitamos a esto. Vivimos una semana intensa, rica en experiencias. Lo que más nos ha impresionado es la capacidad de acogida de las personas que hemos conocido. La gente es muy hospitalaria y siempre está dispuesta a prestar servicio. Poco a poco tomamos la temperatura del medio y en los próximos días y semanas, nos haremos una idea más equilibrada y más realista de esta aventura siguiendo a Cristo a la manera de nuestro santo fundador José de Calasanz”.



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