Carta del Obispo Iglesia en España

Nueva carta del obispo de León sobre la Cuaresma y el Papa

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Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el sol: tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar…; tiempo de callar, tiempo de hablar… ¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Comprobé la tarea que Dios ha encomendado a los hombres para que se ocupen en ella: todo lo hizo bueno a su tiempo, y les proporcionó el sentido del tiempo, pero el hombre no puede llegar a comprender  la obra que hizo Dios, de principio a fin” (Ecl 3, 1-2. 9-11).

Esta cita del Libro del Eclesiastés, es una reflexión existencial sobre la vida humana y la incertidumbre que lleva consigo. No obstante, a pesar del tono aparentemente pesimista, invita a afrontar las situaciones humanas con paz y serenidad.

En la nota pastoral escrita la semana pasada decía que esta Cuaresma iba a ser muy especial, no sólo a causa del Año de la Fe que pide una mayor interioridad y reflexión acerca de lo que creemos y del acto mismo de creer, sino también porque incide en ella también la despedida del Papa Benedicto XVI que delante de Dios ha decidido renunciar a su ministerio de Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal para entregarse, “escondido para el mundo”, a la oración y al estudio el resto de su vida. A partir del día 28 de febrero, a las 20 horas, según la expresa voluntad del Santo Padre, la Sede de Pedro quedará vacante y se iniciará el proceso para la elección de un nuevo Pontífice Romano. Todos confiamos y deseamos que para la Semana Santa haya sido elegido ya y pueda presidir las celebraciones propias de esos días.

Los dos acontecimientos, el Año de la Fe y la Sede Vacante, hacen de estas semanas cuaresmales un tiempo de agradecer y de esperar con paz y serenidad, sin hacer caso de las cábalas y pretendidas causas de la renuncia de Benedicto XVI como tampoco de las quinielas de los “papables”. La Iglesia es de Cristo que cuida de ella, ha sido uno de los mensajes del Papa que nos deja con admirable humildad y libertad de espíritu. Suerte para él y para los cardenales y prelados de la Curia Romana que han pasado esta semana haciendo ejercicios espirituales. El predicador les dijo el primer día: “Estos momentos son como liberar el alma del polvo de las cosas materiales, también del fango del pecado, de la arena de lo banal, de las ortigas de las habladurías, que sobre todo en estos días ocupan ininterrumpidamente nuestros oídos”. Palabras muy a tono también con la Cuaresma.

El mensaje es claro: tiempo de agradecer con un inmenso GRACIAS, SANTO PADRE, salido del corazón, por vuestro amor a la Iglesia, vuestra rica doctrina y vuestro ejemplo admirable; y tiempo de esperar confiados en la acción suave del Espíritu Santo que nos sorprenderá una vez más con el Pastor que necesitamos.

 

+ Julián, Obispo de León

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