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Nuestro Papa Francisco, por Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

Nuestro Papa Francisco, por Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

Ha sido como una ola de aire fresco, que ha encendido millones de esperanzas en el corazón de otras tantas personas. La plaza de San Pedro se inundó de fieles, y escuchamos con gran sorpresa: Habemus Papam!, cuyo nombre es Francisco. No otro Francisco, sino Francisco de Asís, el poverello y humilde Francisco de Asís, el patrono de la ecología como lugar creado por Dios para el hombre, el del Cantico de las criaturas, el santo de la paz, Haz de mí, Señor, un instrumento de tu paz! “No te olvides de los pobres”, le decía un cardenal al oído, y el nuevo Papa pensó en Francisco de Asís.

Cómo desean lo hombres de nuestro tiempo encontrar razones para la esperanza. Y no valen las promesas que tantos hacen y luego no cumplen. El mundo entero ha visto en la elección del nuevo Papa un motivo de esperanza, porque ha visto en él, en los pocos días que lleva, gestos de frescor evangélico. Como si este tipo de personas tan importantes fueran del todo inaccesibles o estuvieran blindadas al trato personal y directo con la gente. El Papa Francisco ha roto esa impresión, y aunque nosotros no podamos saludarle directamente, hemos visto que se acerca y acoge, que escucha y quiere llegar a todos. Como Jesús en el Evangelio, de quien el Papa es Vicario en la tierra. Y esto alegra el corazón de muchos, de creyentes y no creyentes, de católicos y no católicos.

Hemos de orar por el Papa Francisco para que le dejen ser y expresarse así, para que su palabra y sus gestos lleguen a toda persona de buena voluntad y a todos pueda anunciar el Evangelio de la esperanza, que está destinado especialmente a los pobres y sencillos de corazón.

He acudido a Roma, en nombre propio y en representación de toda la diócesis de Córdoba, para orar con el Papa y por el Papa. Tiempo habrá de hablarle de nuestras cosas. Ahora, para rezar y vivir esa comunión plena con el Sucesor de Pedro, que nos hace católicos.

No esperemos novedades en el campo doctrinal. La Iglesia es heredera del Evangelio de Jesucristo con el encargo de anunciarlo a los hombres de nuestra generación. Pero hemos de poner la imaginación al servicio de esta evangelización, haciéndonos cada vez más transparencia de ese Evangelio que anunciamos. Con qué facilidad nos instalamos mentalmente y vitalmente, domesticando el Evangelio y reduciéndolo a nuestra medida. Dios, sin embargo, quiere sacarnos de nuestras casillas, quiere ensanchar nuestra capacidad para llenarnos de Él. E igualmente, en nuestras maneras de actuar, va abriendo caminos nuevos para el Evangelio de una manera que no podíamos sospechar.

“Mirad que realizo algo nuevo: ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Is 43,18). La novedad es siempre Jesucristo y no sabemos con qué matices se va a expresar a través de este Papa, pero el mundo entero ha percibido que algo nuevo está brotando, y esa novedad es siempre una sorpresa del Espíritu Santo para quienes estén dóciles a sus inspiraciones. La Iglesia está viva. Los Padres Cardenales han cumplido su tarea de dar a la Iglesia un nuevo Sucesor de Pedro, Obispo de Roma y Papa de la Iglesia universal. Y lo han hecho de manera admirable para todo el mundo, como un ejemplo de buen hacer, en un clima de oración y de seriedad, lejos de las intrigas y grupos de presión que nos contaba la prensa.

 

 

Acogemos al Papa Francisco con el corazón abierto de par en par, no sólo porque nos gusten o no sus formas, sino porque es quien representa a Cristo en este momento concreto. Y sus apariciones en público tienen la mejor expresión de que Jesucristo quiere salir al encuentro de cada persona, para expresarle su amor y la misericordia de Dios. Nos preparamos así a la Semana Santa, con actitud de conversión y con renovado deseo de seguir cumpliendo la misión que Dios nos ha encomendado a cada uno en su Iglesia santa.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

 



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