Zona Cero

Guadalupe, patrona de México y de las Américas

Sí, ya sé que no estamos cerca del día de la Virgen de Guadalupe ni México está siendo más o menos noticia que cualquier otro país del mundo ante esta pandemia global. Pero frente a mi mesa de trabajo tengo un pequeño cuadro donde esta una réplica del ayate de Juan Diego donde aparece la imagen de Santa María, la Madre de Dios. Y a Ella quiero escribirle estas breves palabras.

Estuve por aquellas tierras hace poco menos de un año. Conocí un país maravilloso –y eso que no pude ver mucho–y una gente excepcional. Mentiría si no dijera que por un momento pensé en quedarme allí a vivir.  Pero familia, trabajo, amigos… tiran mucho.  Una de mis ilusiones nada más llegar a México era ver la famosa tilma que se custodia en la enorme basílica situada en uno de los cerros más altos de DF. Desde bien pequeño, culpa de mi madre, hemos tenido mucha devoción a esta advocación mariana. Entre mariachis y películas de Cantinflas, en mi casa siempre ha sonado el nombre de Guadalupe con enorme cariño. La verdad es que no sé el por qué de esta cercanía a México en mi familia sin tener parientes directos. Pero por una cosa o por otra, siempre tuve la sensación de que, pese a no conocer este país, era también mi casa. Y así lo sentí cuando viajé allí. Mejor no se pudieron portar quienes nos abrieron su casa y sus vidas. Santiago de Querétaro, San Miguel de Allende, Irapuato, Guanajuato, Bernal… hasta finalmente aterrizar en una de las ciudades más grandes del mundo. Al llegar a la capital, al entrar en la basílica, al pasar por debajo de la imagen de la Virgen María, al leer previamente lo extraordinario de esa capa hecha a mano en 1531 con materiales caducos y sobre la que está impresa la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, uno mira fijamente, nada le distrae y no puede sino emocionarse de ver lo que la razón te dice que es imposible. Lo que se proyecta en los ojos y en el corazón es difícil de describir. ¡Estás viendo a tu Madre!

¿Cómo no al menos escribir sobre esto? Cada vez que levanto la cabeza del ordenador, ahí está, como si estuviese una vez más frente a Ella en su basílica. La miro y me vienen recuerdos de mi viaje a estas tierra aztecas. Y a Ella le agradezco haberme puesto a este país hermano en mi camino, a muchos de sus compatriotas en mi vida y solo le pido que proteja al pueblo mexicano, a todos y cada uno de los millones de cuates que la tienen como Madre y Señora. Con Ella, solo con Ella, México saldrá adelante con fuerza y unidad, y lo más importante, sin dejar a nadie atrás. Vayas donde vayas por toda la geografía mexicana, allí está Ella de un modo u otro. Mexicanos de una u otra confesión, saben que su mamá del cielo quiere a sus hijos. “¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?”. Con estas palabras de la Virgen a San Juan Diego y a todos los mexicanos, uno se sabe en buenas manos. Yo, al menos, tuve la suerte de estar un rato orando y sintiendo que ahí estaba. ¡Qué suerte es poder ver todos los días, aquí en mi despacho o allí en la Basílica, a la Virgen de Guadalupe!

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