Congreso de Laicos Opinión

¡Nos vemos en el Congreso!

Cuando, a mediados del mes de octubre, dábamos inicio a esta columna semanal dedicada al proceso abierto con motivo del Congreso de Laicos 2020, la celebración del mismo quedaba aún lejos. Ya se había sustanciado la mayor parte de la fase precongresual, pero faltaba la remisión de aportaciones, determinar, sobre la base de ellas, los diferentes aspectos en los que debía poner el énfasis la fase congresual y seleccionar las experiencias que se iban a presentar. También mucho del excelente trabajo que se está realizando desde Organización y Logística estaba por desarrollar.

Transcurridos estos cuatro meses, en la víspera de nuestro Congreso, puede afirmarse que parte de los objetivos que nos habíamos planteado —centrados en la puerta en marcha un proceso de dinamización del laicado en España— han sido logrados. Pero falta lo más importante. El Congreso es, sencillamente, un alto en el camino, pero no la meta. En realidad, constituye el punto de partida para profundizar en las claves que entre todos hemos concretado, al que ha de darse continuidad.

Desde esta perspectiva, hemos de entenderlo como un encuentro entre hermanos, como un acontecimiento en el que todos —pastores, sacerdotes, consagrados y laicos— vamos a coincidir en un mismo espacio pero, sobre todo, en un mismo objetivo. El espacio ha sido cuidado y pensado para convertirse en un lugar digno y, al mismo tiempo, apto para favorecer ese encuentro; el objetivo no es otro que ayudarnos a redescubrir la vocación y misión que tenemos encomendada y comprometernos a vivirla plenamente para ser fieles a lo que Dios nos está pidiendo en este concreto momento de la Historia. Conseguirlo está en nuestras manos. ¡Nos vemos en el Congreso!

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