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Nos vemos en Belén, por Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia

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En Belén se está mejor acompañado que solo. Por eso, os invito a encontrarnos junto al Portalito. Por ese maravilloso misterio de comunión, que nos une a todos en la fe, y en el que tanto tiene que ver el Espíritu Santo, podemos estar ante el Misterio de la Navidad con los corazones anudados en una cadena de amor.

Porque no hace falta que os diga que en el rostro del Niño Dios, contemplado desde la mirada de José y de María se contempla el amor de Dios. También es amor, mucho amor, lo que se respira cuando nos identificamos con la mula y el buey, que tan bella y tiernamente nos representan a todos en el Portal de Belén. Por eso, como ha dicho el Papa Benedicto, y utilizando sus mismas palabras: “Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno”.

Como Pastor de la Diócesis no quiero dejaros atrás a ninguno de vosotros; os invito a estar conmigo en la “casa del pan”. Eso significa Belén. La entonces muy pequeña ciudad se convirtió en un precioso “horno” en el que se hizo el Pan más sabroso y de más alimento que jamás se pueda comer. Allí coció el Pan de Vida con todos sus ingredientes y propiedades, venidas todas del cielo a la tierra, y traídas por la gracia amorosa e infinita de Dios, el Espíritu Santo, que fecundó el vientre de María para que depositase el Pan en Belén de Judá. Por eso no nos ha de extrañar que una legión del ejercito celestial, ante el Pan de los ángeles, entonara el más bello canto que el oído humano pueda escuchar: “¡Gloría a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”.

En la puerta del horno en el que coció el Pan de Vida Eterna hay un letrero, seguramente colocado por María y José y gravado en letras de fe por los creyentes de toda la historia, que dice: “Creo en Jesucristo, su único Hijo (de Dios), nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen”. Con esas palabras se invita, a todos los que quieran comer, a recoger allí el alimento de la gracia, la paz, la justicia, la alegría, la esperanza y la caridad. Es en ese horno donde se encuentra el Pan que necesitamos para el vivir nuestro de cada día. No hay otro pan que sacie el hambre de todos los hambrientos de la tierra; sólo éste garantiza a los que lo comen que no morirán ni dejarán morir a nadie por falta de amor.Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come éste pan vivirá para siempre.”

Sólo por la fe se abre el apetito que lleva a desear ese Pan y sólo por la caridad, que vive de la fe, se ofrece a todos el Pan que hemos recibido como un maravilloso don desde Belén, la casa del pan. En efecto, sólo comiendo ese Pan podemos hacer de la vida un acto permanente de reparto de todo lo que somos y tenemos, en favor de nuestros hermanos, los pobres dela tierra. Poreso os invito de nuevo a encontrarnos en Belén y comamos juntos de ese bendito y divino Pan.

Pero no os olvidéis de que ese Pan se hace en los altares, en cada Eucaristía. Es en esa mesa bendita donde se amasa, se cuece y se reparte el Pan dela Vida. Esen el altar donde nos hacemos uno por Él y desde donde nos aunamos los que comemos ese preciso alimento. Es en esa mesa donde se reparte el Pan del Amor que nos lleva a nuestros hermanos necesitados, no importan cuáles sean sus necesidades.

En la celebración de los 2000 años de la Encarnación de Jesucristo, el Hijo de Dios, en muchos lugares de la cristiandad el Belén de Navidad permaneció montado a lo largo de todo el año. Era un significativo recuerdo del acontecimiento que se celebraba, al tiempo que una hermosa iniciativa que nos hacía ver que siempre es especialmente bello contemplar la tierna escena del Portal. Pero eso siempre será sólo un gesto simbólico.

En cada sagrario de cada templo hay un horno siempre encendido, siempre haciendo Pan, siempre alimentando, siempre ofreciéndose como comida que sacia cualquier necesidad. El sagrario es nuestro Belén permanente, es nuestro Belén Vivo, es la presencia real del Pan que no pierde nunca propiedades, porque está hecho con ingredientes que sólo conoce el mismo Dios, pues, como os decía, son los ingredientes con los que se hace el pan en el horno de Amor que es su misma vida trinitaria. En el Sagrario está el Niño nacido en Belén; crecido en Nazaret en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres; compartiendo vida y sentimientos a lo largo de sus años de silencio y ejemplo cotidiano en la casa de sus padres y entre sus paisanos y parientes; ofreciéndose como el Pan de Vida bajado en el cielo; encendiendo con su corazón traspasado la llama de vida eterna en el corazón de los hombres. En el Sagrario, Jesucristo nos alimenta cada día, en la Iglesia, desde su vida junto al Padre, por la acción del Espíritu, con el Pan que alimenta la vida de los hombres.

Os invito a encontrarnos y a permanecer juntos cada día del año 2013 en el Belén de nuestros Sagrarios, que alimenta nuestra fe, fortalece nuestra caridad y nos nutre del Pan que dala Vida Eterna.Noperdáis ni un solo día la ocasión de escaparos con el corazón hasta ese lugar tan entrañable. El que lo haga no sólo no se arrepentirá sino que volverá a encontrar las mismas sensaciones que quizás le hicieron tan feliz en otros momentos de su vida. Y el que sea nuevo en esto de buscar la verdad de la navidad, que se centre en el Niño: si pone corazón, en él verá el rostro de Dios.

Feliz Navidad, feliz año 2013.

 

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Plasencia

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