Internacional

Nos ha dejado Mons. Zéphirin Toé, un testigo de fe y esperanza, un amigo del Carmelo

Zéphirin-Toé

P. Jean Baptiste Pagabeleguem, ocd

Monseñor Zephirin Toé nació en  1928,  se ordenó sacerdote en 1958, y le consagraron  obispo  para la entonces Diócesis de Nouna-Dedougou  el 25 de noviembre de 1973. En 2000 se dividió la larga diócesis de Nouna-Dedougou, y Monseñor Toé  fue el primer obispo de Dedougou hasta su renuncia a su cargo en 2005.  

 

Un hombre discreto, sencillo, un pastor lleno de celo por la salvación de las almas, un hombre de fe, de paz y un unificador de los pueblos. Muy atento a todos, inspiraba confianza y respiraba una espiritualidad profunda.

 

Fue un pastor y padre no solo para los cristianos católicos, sino también para los protestantes, los musulmanes, los de la religión tradicional….Era un unificador nato, lleno de sentido común, y de respeto por unos y otros. Construyó centros para la formación y la alfabetización de los jóvenes, inició centros de formación para mejorar la agricultura, el Centro de espiritualidad «Alfred Diban», al lado de nuestras Carmelitas de Moundasso, que acoge a católicos y gente de buena voluntad de todo el país para rezar, trabajar o descansar en este lugar tranquilo. Creó un santuario de peregrinación y acogió muchas congregaciones femeninas que trabajan, unas en la educación primaria y segundaria, otras en la salud, siempre mirando por el bien de todos.

 

Con él nació también «Radio Espoir», la radio diocesana para difundir el Evangelio y promover la cultura, abriendo las puertas de la misma a las demás confesiones religiosas y  a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, siempre intentando infundir la cultura de la paz, la integración de todos, y el despertar de las consciencias. Tenía muy buenas relaciones con la administración civil.  Era un hombre amigo de la justicia, de la verdad y un testigo de la misericordia de Dios.

 

A pesar de estar delicado de  salud desempeñaba con ánimo su cargo de pastor y padre de todos sin quejarse de nada.  Podríamos decir que sacaba fuerza de una convicción firme en la fe que recibió de los misioneros, y que quería compartir con todos, siendo un apóstol del Amor, de la concordia y la esperanza. La fuerza la sacaba, sin duda, de su profunda espiritualidad y de su amor a la oración.


Como hombre de oración, desde su nombramiento de Obispo, siempre quiso tener en la diócesis de Nouna-Dédougou un monasterio contemplativo. Nos lo contaba con emoción renovada, luchó para convencer a las madres carmelitas para fundar en esta parte tan lejana del mundo. Pues con el problema del idioma, el clima, las enfermedades…, con determinacióin siguió insistiendo hasta convencer a las carmelitas a aventurarse en esta nueva presencia. Por fin, y gracias a su perseverancia consiguió crear un pequeño grupo de carmelitas españolas (fundadoras): Mª Josefa Almazán ( de Jesús). y  Hna. Clemencia de Alquerias (Burriana)  Hna. Mª Victoria de San Joaquin de Tarazona (Zaragoza), Hna. Emilia Belotto del Corazón de María ( Villarrobledo)  Mª Cruz de Jesús (Santa Teresa de Zaragoza) .Y las Carmelitas, que fundaron en el 1980, pidieron –como es normal– la presencia de los frailes, que llegaron 12 años más tarde, en el mes de agosto del 1992: los PP. Enrique, Eloy y Espirindio. Monseñor Toé quería que la espiritualidad del Carmelo se difundiera en su diócesis por medio de los frailes. De hecho, la pequeña capilla de la Trinidad, hoy parroquia de la Trinidad, está animada por este mismo impulso de formación seria, de espiritualidad enraizada en el Evangelio y en los Santos del Carmelo. Siempre dispuesto a intervenir en cualquier acontecimiento, profesiones, celebraciones, fiestas litúrgicas carmelitanas, el Carmelo de Moundasso era un verdadero Tabor, un lugar para pedir oraciones, rezar y descansar.

 

Las vocaciones nativas empezaron a nacer y el convento de los frailes se convirtió también en casa de formación. Más tarde se reforzó la presencia de los Carmelitas, y se fundaron las casas de Abidjan (Costa de Marfil en 1999 y Lomé (Togo) en el 2010.

 

Cuando empezó a estar delicado de salud, venía de vez en cuando a controlar su salud a España, a pesar de seguir un tratamiento con un médico en Burkina. Esta vez, ha sido diferente. Esta última revisión se ha convertido en su última peregrinación a las raíces del Carmelo teresiano que quería tanto, y que sin duda sigue queriendo y rezando para que florezca en esta parte de África para beneficio de todos.

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