Cartas de los obispos Última hora

¡No tengáis miedo! Abrid las puertas a Cristo

1.-Al inicio de un nuevo Curso, todavía inmersos en la pandemia

El inicio de una nueva etapa es ocasión de reflexión, de proyección, de esperanza. Comenzamos un nuevo curso, se abre una nueva etapa de esperanza.

Estamos viviendo una situación muy especial que antes nunca habíamos vivido: la pandemia del Covid-19 que ha trastocado nuestra vida y ha puesto en jaque al mundo entero. La fragilidad de nuestra vida se ha puesto de manifiesto, la soledad y el aislamiento ha alcanzado cotas insospechadas, la muerte de tantas personas en tan poco tiempo nos ha planteado preguntas fundamentales sobre el sentido de nuestra vida y el roce con la muerte. El miedo se ha apoderado de muchos corazones. Volvamos a oír el grito de san Juan Pablo II, que quería transmitir al mundo la esperanza de Cristo resucitado, que ha vencido la muerte: «No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo». Es como un eco de la palabra del Señor repetida tantas veces en el evangelio: «Ánimo soy yo, no tengáis miedo» (Mt 14, 27).

Al mismo tiempo, hemos sido testigos de una entrega y una solidaridad especial por parte de tantas personas: de los agentes sanitarios, de los servicios esenciales, de tantos voluntarios que se han puesto a servir a los demás en situaciones límite, de los sacerdotes que han seguido en el tajo de su tarea pastoral, de las religiosas que han estado al lado de los ancianos, de la multiplicación de la actividad de las Cáritas (parroquiales y diocesana) con una imaginación creativa que brota de la caridad.

Por una parte, constatamos que el hombre tiene en su mano destruir al hombre, a la humanidad entera, con los medios técnicos y científicos que tiene a su alcance: la bomba atómica desde hace 75 años, la guerra química que emplea medios de destrucción masiva y ahora un virus incontrolado pueden poner en jaque a toda la humanidad[1]. Los adelantos de la ciencia y de la técnica pueden volverse contra el hombre, si no los usa con sentido ético y en favor del hombre. Y por otra parte, en situaciones límite, la persona es capaz de sacar lo mejor de sí misma, pues está hecha para dar, para darse. Y por eso en estas situaciones límite, hemos podido constatar entrega y solidaridad, como nunca antes habíamos constatado. Una situación tan especial es una oportunidad para la evangelización.

«A los que aman a Dios todo les sirve para el bien» (Rm 8, 28). Ante esta situación tan excepcional, sabemos que Dios conduce los hilos de la historia y sabe lo que mejor nos conviene en cada momento. «Tu providencia nunca se equivoca»[2]. A su providencia nos acogemos, sabiendo que él nunca se equivoca, y pedimos su luz y su gracia para reaccionar amando en cada circunstancia, para ser más sensibles que nunca ante el sufrimiento de los demás, para salir al encuentro de los más vulnerables, que siempre salen perdiendo.

Una situación como la que estamos viviendo debe llevarnos al anuncio de la conversión para acogernos confiadamente a la misericordia de Dios. Hemos pecado apartándonos de Dios, hemos pecado destruyendo la vida en su origen y en su debilidad, hemos pecado destruyendo la familia y el matrimonio según el plan de Dios. Hemos pecado atropellando a la persona en su dignidad, abusando de su integridad, no respetando sus derechos. Hemos pecado despreciando al pobre, al emigrante, a las mujeres tratadas como objeto. Hemos pecado destruyendo la naturaleza y el medio ambiente. Hemos pecado de múltiples maneras. Pero Dios sigue llamándonos a vivir su vida divina y a restaurar el orden destruido. Este mundo tiene remedio, se llama Jesucristo. Jesucristo el Señor quiere hacer un mundo nuevo, una humanidad nueva, un mundo reconciliado, una civilización del amor. La presente situación debe ayudarnos a dar un paso al frente, decididos a colaborar en la edificación de esa humanidad nueva. «Invocaron al Señor en su angustia y los libró de la tribulación» (Salmo 107).

Los científicos buscan sin descanso un remedio para estos males y a Dios le pedimos que aliente el trabajo de quienes investigan para que nos traigan el remedio a una humanidad angustiada, que además de los riesgos sanitarios de la propia vida, sufre las secuelas económicas y sociales de un parón sin precedentes en la historia de la humanidad. Pedimos por los que nos gobiernan para que busquen el bien común y atiendan especialmente a los más pobres.

2.-El Congreso Nacional de Laicos

La pandemia y el confinamiento han silenciado el último acontecimiento eclesial vivido en España, al que tenemos que prestar atención en el inmediato futuro. Más de dos mil personas, laicos en su inmensa mayoría, acompañados por sus obispos y con una presencia significativa de consagrados, se han dado cita en Madrid para el «Congreso Nacional de Laicos: Pueblo de Dios en salida», durante los días 14, 15 y 16 de febrero 2020. La Conferencia Episcopal Española ha sido la convocante, y los fieles laicos han sido los protagonistas en su fase previa y en su realización. El Magisterio de la Iglesia[3]impulsa repetidamente al protagonismo de los laicos en la Iglesia y en la sociedad, y por eso este Congreso Nacional de Laicos, siendo una Asamblea de todo el Pueblo de Dios, se ha centrado en el protagonismo de los laicos como reto de la hora presente.

Existen 89 Movimientosde ámbito nacional aprobados por la CEE, con un total de 400.000 afiliados. Además, son millones de personas los que viven en torno a la parroquia, los laicos de la parroquia, que asumen dentro de la misma las tareas de catequesis y catecumenados, liturgia y coro, mantenimiento, economía y obras, cáritas y atención a los enfermos y a los pobres, además de otros muchos servicios parroquiales. Son en sentido amplio los laicos que constituyen la renovada vitalidad de la Acción Católica General,aunque no estén afiliados a la misma explícitamente. Y son muchísimos también los afiliados a las distintas Hermandades y Cofradías, que sostienen y propagan la fe desde la piedad popular con acentos propios. Los fieles laicos en nuestra Iglesia hoy son una multitud inmensa de personas, que han de dejarse impulsar por la acción del Espíritu Santo para configurar sus vidas con la de Cristo el Señor y para transformar el mundo desde dentro, haciendo una humanidad nueva.

En ese sentido es fundamental que los laicos sean conscientes de su vocación laical en la Iglesia y en el mundo. Como recuerda el Papa Francisco, cuidar «nuestro encuentro personal con Jesucristo, o al menos, tomar la decisión de dejarnos encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso» (EG 3). Para eso es preciso una conversión permanente a nivel personal y a nivel institucional, para ponernos todos al servicio de la evangelización. La participación ha sido representativa de todas las diócesis españolas. De nuestra diócesis de Córdoba hemos participado 40 personas.

Se trata de un acontecimiento eclesial, de un renovado Pentecostés, al que hemos de prestar atención y acoger en nuestra diócesis de Córdoba, que forma parte de este Pueblo santo de Dios que camina en España.

Cuatro han sido los itinerarios de trabajo en este Congreso:

1.Primer anuncio. Se ve más necesario que nunca, porque España es un país de misión. Muchas personas de nuestro entorno no han tenido nunca un encuentro con Jesucristo. Sólo de lejos han oído hablar de él, quedan atrás las experiencias en torno a la primera comunión, y en algunos casos ni eso. La Iglesia les supone un parapeto, que les impide ver la misión que Cristo le ha confiado. Para muchos, la Iglesia es un “tinglao” humano y tienen de ella una visión negativa, que los Medios adversos alimentan continuamente.

Por eso, a los métodos ya experimentados, se suman otros nuevos, que tienden el puente entre la persona concreta y su grupo y la comunidad eclesial, cuyo centro es Jesucristo. En nuestra diócesis, uno de esos instrumentos es Cursillos de cristiandad, que ha dado frutos muy abundantes de encuentro con Jesucristo y con su Iglesia. El Camino Neocatecumenaltiene ese primer momento en las Catequesis de anuncio. Más recientes son los Retiros de Emaús, o de Effetá para jóvenes, y que buscan crear un clima de acogida y oración, donde muchos se encuentran por primera vez con el Señor para insertarse después en una parroquia. Han proliferado los cursos ALPHA, con sus cenas, sus debates, sus grupos abiertos a todo tipo de personas. Por nuestra diócesis ha pasado la experiencia misionera del grupo juvenil Hakuna, que ha empezado a dar sus pasos entre nosotros.

En realidad todo grupo de apostolado sale al encuentro de los demás, proponiéndole momentos intermedios, donde la persona se sienta cómoda, y a partir de ahí anunciarle a Jesucristo y su evangelio. En nuestra diócesis, los campamentos de niños y jóvenes, que van brotando en las parroquias, constituyen un medio apropiado para suscitar esa primera experiencia de Dios y de grupo, que es la Iglesia. Es inestimable la ayuda que presta Gaudiumen estas actividades.

2.Acompañamiento. No basta el primer anuncio, que seguirá siendo necesario siempre, como el «sueño misionero de llegar a todos»[4]. Cuando la persona, movida por el Espíritu Santo, ha dado el paso de la conversión, su corazón se ha llenado de estupor y admiración ante el amor de Dios realizado en su vida[5]. Y necesita desarrollar en su propia vida toda esa experiencia, enriquecida con la revelación de Dios y con la enseñanza de la Iglesia. Ahí es necesario el acompañamiento personal y de grupo. Es el momento de la dirección espiritual personal, del acompañamiento del grupo en el que he sido acogido y donde poder reflexionar sobre mi propia vida inserta en la vida comunitaria de la Iglesia. No nos salvamos solos, sino formando un pueblo. Cada uno es acompañado y se convierte en acompañante de otros en el seno de la comunidad.

3.Procesos formativos. En ese caminar juntos en el que cada uno lleva su propio ritmo, se necesitan procesos formativos, adaptados a la edad, a la situación de cada uno, al estado de vida, a la misión que cada uno cumple en la Iglesia. La Palabra de Dios, contenida en la Escritura, es la referencia continua de toda formación permanente. Conocer la Escritura, organizar la lectio divina, recibirla en la liturgia de cada domingo y de cada día, es alimento sólido de la vida de fe. Junto a la Palabra de Dios, y al servicio de la misma, el Magisterio de la Iglesia, que va iluminando todas las situaciones de la vida. Un referente necesario es el Catecismo de la Iglesia Católica, que conoce otras versiones como el Compendio, el Youcat, el Docat etc. La objetivación de la fe dogmática, de la moral católica, de la vida sacramental y de la oración está perfectamente condensada en el Catecismo. Los procesos formativos deben ser sistemáticos, y la sistematización del Catecismo será muy útil para cualquier otra sistematización. El nuevo Directorio para la Catequesis(23.03.2020) nos da pautas para estos procesos formativos.

4.Presencia en la vida pública. La presencia de los fieles laicos en la vida pública es una exigencia de su vocación laical. Ellos desarrollan su vocación y caminan hacia la santidad viviendo en el mundo, a manera de fermento, como el alma en el cuerpo, gestionando los asuntos temporales según Dios. La Iglesia entra de lleno en la vida pública a través de los fieles laicos, que son la Iglesia en el mundo. Resulta hoy especialmente difícil esta presencia, y más todavía en la vida política. Pero los fieles laicos han de concienciarse de que ahí está su campo de trabajo, y que la Iglesia no cumple su misión si ellos no están inmersos en las realidades temporales, gestionándolas según Dios. Para eso, necesitan el acompañamiento y la ayuda de los Pastores, y el tirón de los consagrados (activos y contemplativos) que nos recuerdan los valores del Reino. Pero todo fiel laico, para cumplir su misión laical, debe estar en el mundo santificándolo desde dentro: la misma familia, el mundo del trabajo, el amplio espacio de la cultura, la participación en la vida ciudadana, en las sociedades intermedias, en la vida política. Constatamos una ausencia significativa de los laicos en la vida pública, y el Congreso nos ha impulsado en esa dirección, aunque no sea fácil en nuestros días.

Durante el presente curso debemos acoger lo que se ha generado en este Congreso, de manera que sea llevado a las distintas realidades de nuestra diócesis de Córdoba. Y desde el Consejo Diocesano de Pastoral pensemos en un nuevo Encuentro Diocesano de Laicos, como el que recordamos felizmente de octubre 2017, que avive esta conciencia de pertenencia y participación de los fieles laicos en la vida de la Iglesia diocesana.

3.-El Sínodo de Jóvenes de Córdoba

Un campo privilegiado en la Iglesia son siempre los jóvenes, porque están en la fase de recibir y también en la fase de aportar lo mejor de sí mismos. El futuro de nuestras comunidades está en los jóvenes. «Vosotros sois el ahora de Dios», dice el Papa Francisco (ChV, III). Es tarea permanente de la Iglesia despertar en los más jóvenes el encuentro personal con Jesucristo en una vivencia profunda y personal de Iglesia. Es el momento de la vida en que se responde vocacionalmente al plan de Dios sobre cada uno. Es la etapa en que se ponen los fundamentos de la vida personal y social de cada uno y de la comunidad entera. «El corazón de cada joven debe por tanto ser considerado “tierra sagrada”, portador de semillas de vida divina, ante quien debemos “descalzarnos” para poder acercarnos y profundizar en el Misterio» (ChV 67).

La primera fase (de las tres) de este Sínodo de Jóvenes de Córdoba «La Iglesia te escucha» ha sido seguida por un buen número de jóvenes, y todavía podemos invitar a más para que surjan nuevos grupos. Esta fase nos ha ofrecido aportaciones muy interesantes de los mismos jóvenes, que se reúnen por grupos para el Sínodo (GPS). Ellos quieren formarse y piden que les ofrezcamos esa formación, y al mismo tiempo nos expresan sus dificultades para entender las cosas de la Iglesia, desde sus más profundos misterios, que se viven en los sacramentos, hasta las más visibles realidades de cada día en las que la Iglesia muestra su rostro.

Una conclusión clara que se obtiene de este contacto directo con los jóvenes es que la Iglesia debe dar más protagonismo a los mismos jóvenes, que ellos están deseando tenerlo y que son capaces de hacer rejuvenecer a la Iglesia con su originalidad, frescura y vigor. Ellos nos hacen ver que la Iglesia está viva en nuestra diócesis, que la Iglesia es joven, y nos invitan a mirar con esperanza el futuro.

Continuemos las siguientes etapas: este año «La Iglesia te acompaña» y más tarde «La Iglesia te necesita». Ofrecemos para este curso desde el obispado unas fichas de trabajo, que cada uno puede ampliar y adaptar a las necesidades del grupo concreto que tiene en su parroquia, colegio o hermandad. Pueden pedirse a la vicaría general o bajarlas de la web para empezar a trabajarlas este año. Y esperamos la respuesta de los jóvenes en sus resúmenes tras la reunión de grupo, que nos hacen compartir con todos lo que estamos viviendo en cada grupo.

La situación del Covid-19 condiciona algunas actividades comunes. Sin embargo, ateniéndonos a todas las normas sanitarias, queremos celebrar la XXV Peregrinación de jóvenes de Córdoba a Guadalupe. No será una multitud como la de años pasados, pero al menos una representación de todos iremos hasta los pies de la Virgen para darle gracias por estos XXV años que tanto bien han hecho a los jóvenes cordobeses. Os daremos más detalles, cuando esté perfilado y avalado por la autoridad sanitaria competente.

En estas peregrinaciones se han fraguado y consolidado muchas vocaciones al sacerdocio, muchas vocaciones a la vida consagrada, muchas vocaciones al matrimonio. Muchos jóvenes han encontrado la fe y otros muchos la han visto reforzada. En todos ha crecido la devoción a la Santísima Virgen, Madre de la Iglesia. Y hemos visto una comunidad numerosa de jóvenes, procedentes de distintos grupos de la diócesis, en un tono festivo y juvenil, ser testigos unos para otros de la alegría de la fe. No podemos dejarla pasar sin pena ni gloria.

Veremos a lo largo del año la posibilidad de otros encuentros, como la Noche Blanca que dejó buen sabor en los participantes del año pasado. O los Ejercicios Coraje, que a muchos les ha servido para profundizar en su vida de fe.

Tenemos en el horizonte para el próximo verano 2021 la Peregrinación Europea de Jóvenes(PEJ) en Santiago de Compostela, coincidiendo con el Año santo Compostelano, que es un previo a la JMJ de Lisboa 2023.

El Papa Francisco en su Carta Christus vivit (25.03.2019), recogiendo los frutos del Sínodo de los jóvenes (2018), nos recuerda: «Cuando la Iglesia abandona esquemas rígidos y se abre a la escucha disponible y atenta de los jóvenes, esta empatía la enriquece, porque permite que los jóvenes den su aportación a la comunidad, ayudándola a abrirse a nuevas sensibilidades y a plantearse preguntas inéditas». (ChV 65).

4.-Apostemos por la Acción Católica General

La Acción Católica tiene una historia gloriosa en su más de un siglo de andadura. En los comienzos del siglo XX, alentada por los Papas fue como el despertar del laicado para los nuevos tiempos. En todas las parroquias encontrábamos ese grupo de fieles laicos en profunda comunión con los pastores de la Iglesia, particularmente con su propio párroco, que buscaba formarse en la vida cristiana y en la doctrina social de la Iglesia puesta en solfa por León XIII para tener una más incisiva presencia en la vida pública.

Con fuerte identidad cristiana y con gran deseo de evangelizar el mundo desde dentro, los miembros de Acción Católica eran fácilmente identificados en cada parroquia. Ahí tenemos multitud de testimonios, que en la persecución religiosa de los años ´30 eran fácilmente identificados y por eso muchos fueron perseguidos y alcanzaron la palma del martirio, regando con su sangre el supremo testimonio de amor. El número de ellos es incontable, su eficacia inmensa. Después de la persecución religiosa, el resurgir de la Acción Católica fue un fenómeno precioso, que renovó la vida cristiana de la Iglesia en España, suscitó gran número de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada y planteó familias cristianas que han transmitido la fe a sus hijos.

En ese contexto, san Juan de Ávila fue el sacerdote de referencia en España. Los consiliarios de Acción Católica pidieron que nuestro Santo fuera declarado su patrono y la respuesta fue declararlo patrono de todo el clero secular español, hace ahora 75 años. Hay una estrecha relación entre el cura diocesano, la Acción Católica y san Juan de Ávila en España.

En el momento de la diversificación, aparecieron los movimientos especializados de Acción Católica, atendiendo a los distintos campos: el mundo del trabajo, los profesionales, los estudiantes, el mundo rural, etc. La Acción Católica Especializada no atendía el apostolado global, sino sectores especializados, a los que llevar la fuerza del evangelio que lo transforma todo. Y ha producido muchos frutos en la Iglesia.

Pero unos y otros entraron en una profunda crisis con la revolución del ´68 que coincide en el tiempo con los años del postconcilio. La virulencia del mayo francés con todo su contenido revolucionario marxista debilitó fuertemente la identidad cristiana e hizo tambalearse la firmeza de tantos grupos de Acción Católica, sobre todo jóvenes, a los que sedujo la opción de «Cristianos por el socialismo». Estamos en los años 70. Muchos de los líderes de la Transición española, militantes en todos los partidos del espectro político, provenían de la Acción Católica. Y en muchos de ellos la identidad cristiana se fue desvaneciendo.

El Concilio Vaticano II se había referido en varios documentos a la Acción Católica[6]. Y el Sínodo de 1987 retomó el hilo, recogiendo Juan Pablo II en la Exhortación Christifideles laiciun nuevo impulso para el apostolado seglar y para la Acción Católica.

En el documento «Cristianos laicos, Iglesia en el mundo» (CLIM) elaborado por la CEE en 1991 se afirma: «La Acción Católica no es una asociación más, sino que tiene la vocación de manifestar la forma habitual apostólica de los laicos de la diócesis, como organismo que articula a los fieles laicos de forma estable y asociada en el dinamismo de la pastoral diocesana» (CLIM 95). Y esto no es fruto de un carisma fundacional, como tantos otros que han traído grandes bienes a la Iglesia, sino que pertenece a la misma estructura de la Iglesia diocesana y parroquial.

Los pastores y los fieles laicos perciben la necesidad de renovar a fondo la Acción Católica. Así, en 2009 surge una nueva Acción Católica General (ACG), «A vino nuevo, odres nuevos. La Acción Católica General. Nueva configuración», y la Conferencia Episcopal Española aprueba sus nuevos Estatutos, incorporando en un solo cuerpo las secciones de niños, jóvenes y adultos. La ACG se convierte así en lo que había sido desde el principio, los laicos de la parroquia, cuya identidad más profunda es la pertenencia a la Iglesia, en la diócesis y en la parroquia. No se trata de un carisma nuevo, sino de ser Iglesia en la estructura natural que la Iglesia tiene, diocesana y parroquial.

En nuestra diócesis de Córdoba hemos de dar nuevo impulso a esta realidad eclesial. Como fruto de los campamentos de verano y otras actividades parroquiales, en las que Gaudiumha tenido un papel importante, va surgiendo un número abundante de niños y niñas, que van creciendo en edad, sabiduría y gracia en un clima sano de parroquia. Hoy no basta la catequesis; más aún, terminada la preparación a la primera comunión, los niños desaparecen en la mayoría de las parroquias. Sin embargo, los párrocos que han introducido estas actividades de ocio y tiempo libre en sus parroquias, han constatado que los niños quedan enganchados y demandan catequesis y formación con distintos formatos. Aprovechemos ese tirón para formar a los niños, adolescentes y jóvenes. Muchos jóvenes encuentran aquí su itinerario formativo al tener que acompañar a los más pequeños.

A estas alturas, los sacerdotes y los laicos van descubriendo la necesidad de «federarse» con otras experiencias parroquiales similares, y cuando llega la adolescencia encontrarse, intercambiar experiencias, conocer nuevos amigos. Los jóvenes ayudan y se sienten ayudados cuando se encuentran con jóvenes cristianos de su edad que no conocían. El ambiente resulta muchas veces hostil, y la Iglesia tiene a su alcance abrir espacios y microclimas, donde la semilla de la fe arraigue y se haga robusta.

En algún momento se ha pedido al obispo que constituya esta federación, esta coordinación entre parroquias, que enriquece a todos. Mi respuesta ha sido siempre la misma: la federación está fundada, se llama Acción Católica General. Creo que es el momento de engancharnos a la Acción Católica General. Más parroquias, más niños, más monitores y catequistas.

Hay una pertenencia de pleno derecho, por la que los miembros son alistados en la asociación y pagan su cuota. Pero hay también una pertenencia, que podríamos considerar como proceso de iniciación, y en su momento se daría el paso al compromiso de total pertenencia. De hecho, cada año se ofrecen materiales desde la comisión diocesana de ACG que los párrocos emplean para la formación de sus propios grupos. Se trataría, además, de organizar algún encuentro anual por zonas y entre todos diseñar qué queremos para nuestras parroquias. En cualquier otro grupo la programación viene dada, en la ACG tenemos la posibilidad de elaborarla nosotros, como ya venimos haciendo. La ACG de Córdoba hemos de configurarla nosotros mismos desde Córdoba.

Intentaremos este año dar pasos para la incorporación de más grupos, de más parroquias, y elaborar esas pautas comunes de formación, de actividades, de espiritualidad. Las parroquias no están al servicio de la ACG, sino ésta al servicio de las parroquias y de la coordinación de un movimiento común en toda la diócesis.

5.-La formación permanente de los sacerdotes

Cuando leemos Pastores dabo vobis, nos damos cuenta de que la formación permanente no es sólo la acumulación de conocimientos, ni sólo la puesta al día de los aspectos doctrinales. La formación permanente del sacerdote es la actualización continua de la gracia recibida por la imposición de manos: «Te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti» (2Tm 1,6). Es el sacramento del Orden el fundamento y la razón de esa formación permanente en todas sus dimensiones: humana, espiritual, intelectual y pastoral.

Por eso insisto tanto en la necesidad vital de hacer cada año Ejercicios Espirituales, que reaviven ese carisma recibido, lo alimenten y lo hagan crecer. El cultivo de la vida espiritual está en el origen de todo. Si lo hemos dejado todo para seguir al Señor, no podemos luego jugar a la «reconquista» de lo entregado libremente. Esa actualización permanente necesita su alimento en Ejercicios, en la oración diaria y en los retiros mensuales, en el examen de conciencia y en la confesión frecuente. Es imposible mantener la fidelidad sin un alimento continuo del amor primero. Los retiros de arciprestazgo, las reuniones de los miércoles, las reuniones de quinquenales, etc. son medios que hemos de cuidar entre todos.

En la dimensión intelectual, no podemos funcionar solo con lo ya sabido. Será necesario actualizarse continuamente. Si no, caeremos en la repetición aburrida de nuestras predicaciones, de nuestros métodos pastorales, etc. Me parece un logro, y el mérito está en los que lo han realizado, la licenciatura en Derecho canónico, que en régimen de escolaridad especial han hecho hasta el presente una docena de sacerdotes diocesanos entre los más jóvenes. Es un mérito la especialización en un campo tan útil para la vida pastoral, pero es un mérito también compaginar la tarea pastoral con el estudio. Y eso supone un esfuerzo grande, que valoro mucho.

De esta manera, la diócesis de Córdoba tiene un buen número de expertos en Derecho canónico, aplicable a los múltiples campos de la acción pastoral. Podremos así atender con más prontitud al trabajo de los Tribunales, las Causas matrimoniales, las Causas de canonización y demás expedientes. Felicito a los que lo han realizado y animo a otros a realizar alguna especialización, que redundará en bien propio y del ministerio. Sólo algunos, muy pocos, podrán dedicar un tiempo exclusivamente al estudio; pero todos estamos llamados a completar estudios de las múltiples maneras que hoy se nos ofrecen. Felicidades a los que han concluido su licencia en Derecho, y alguno más en Teología.

El nuevo Plan de formación sacerdotal (nueva Ratio)[7], que la Conferencia Episcopal Española ha publicado, no es sólo para los que se preparan al sacerdocio, sino también para los que son sacerdotes. Siguiendo la Ratio universal y tomando el Magisterio más reciente, incluido el del Papa Francisco, nos ofrece una pauta para la formación permanente en todas sus dimensiones. Tenemos que recibirla, leerla, asimilarla.

6.-Siempre san Juan de Ávila

Hemos concluido el Año jubilar de manera atípica por la pandemia. Durante el tiempo normal han acudido muchos peregrinos de la diócesis y de otros muchos lugares hasta el sepulcro de nuestro Santo Maestro Ávila, doctor de la Iglesia universal. El relicario de su corazón ha peregrinado por varias parroquias, sin terminar de recorrerlas todas. No hemos podido celebrar el encuentro sacerdotal en el día de su fiesta, como todos los años, con los sacerdotes de 25 y 50 años de ordenación ni hemos podido acudir masivamente para la clausura de dicho Año. El próximo 2 de julio 2021 se cumplen 75 años de la declaración de san Juan de Ávila como «principal patrono ante Dios del clero secular de España» (Pío XII, 2 julio 1946), y estamos preparando algunos eventos para esa fecha, que os iremos anunciando.

A mí este tiempo excepcional de cierta reclusión me ha servido para entrar en la lectura más pausada de sus escritos, que son una mina de sabiduría y un estímulo constante a la santidad sacerdotal, y para investigar en distintas publicaciones que enriquezcan la biblioteca del Aula de San Juan de Ávilaque se ha constituido en el Seminario, en conexión con la Biblioteca diocesana. En el ciclo de estudios eclesiásticos hemos introducido un seminario sobre san Juan de Ávila, que todos los alumnos irán cursando sucesivamente. Estamos diseñando un máster sobre san Juan de Ávila que ofreceremos desde Córdoba con el aval de la Universidad San Dámaso para todos los interesados de aquí y de lejos. Nos lo van pidiendo, y Córdoba encantada de poder ofrecerlo.

La diócesis de Córdoba es la diócesis de san Juan de Ávila y, como he repetido tantas veces, tenemos el sagrado deber de difundir su conocimiento. No se trata de una apropiación excluyente. Todas las diócesis españolas, y más las que han tenido la gracia de su presencia física y de su ministerio, lo tenemos como patrono del clero y uno de los clásicos de espiritualidad para conocer su doctrina e imitar su vida. Pero en Córdoba ha sido clericus cordubensis (con su pequeño beneficio en Santaella) en su condición de sacerdote diocesano secular y en Montilla se produjo su tránsito al cielo y aquí veneramos su sepulcro.

La traducción de sus obras a otras lenguas está en marcha, promovida por la diócesis de Córdoba. En 2017 fueron publicados en polaco Escritos sacerdotalesy en 2019 Audi filia. Acaba de hacerse la traducción al ruso del Tratado sobre el sacerdociocon alguna obra más. Y está en curso la traducción de alguna pequeña biografía y alguna obra menor al chino y al árabe. Además de actualizar las traducciones a las lenguas europeas más cercanas. Esto fomentará por todo el mundo el conocimiento de este gran autor espiritual e incluso el deseo de visitar su sepulcro en Montilla. Y sobre todo, el deseo de imitar su vida santa y su celo sacerdotal.

Al obispo de Córdoba le llegan felicitaciones de todas partes por lo bien que han sido acogidos en Montilla, por las distintas actividades que se van realizando con la colaboración del Cabildo Catedral y por la devoción que se va inyectando en cada una de las parroquias. No debemos dormirnos en los laureles. Hemos de seguir trabajando en esta dirección, aportando creatividad y nuevas iniciativas para que san Juan de Ávila sea más conocido en nuestra diócesis de Córdoba, y eso depende mucho de cada parroquia, de los catequistas, de los colegios, de los profesores de religión. La peregrinación hasta su sepulcro en Montilla y el recorrido de la Ruta avilista, unido a la recepción en la parroquia del relicario del corazón, la celebración festiva de su fiesta anual, etc. van dejando el poso de la devoción y el deseo de imitarle. Sigamos por ahí.

7.-Cáritas, organización de la caridad en la diócesis

El mandamiento del amor fraterno cuaja en la caridad ejercida organizadamente. En toda comunidad cristiana debe circular la caridad, como vemos desde el comienzo en los Hechos de los Apóstoles. Y desde el principio la caridad incluye imaginación para organizarse, vocación de servicio y capacidad de afrontar las necesidades de la comunidad y de la sociedad en que vivimos.

El Papa Francisco nos pone delante de los ojos continuamente esa centralidad de los pobres tan propia del evangelio. Jesús se acerca continuamente a los pobres, a los pecadores, a los enfermos para hacerles partícipes de la misericordia de Dios. La Iglesia conoce a lo largo de toda su historia testimonios preciosos de esta prolongación de la misericordia de Cristo. El impacto evangelizador de Madre Teresa de Calcuta hace creíble la Iglesia de nuestro tiempo, en la que no faltan limitaciones y pecados de sus hijos, pero en la que brillan abundantes testimonios de misericordia.

La sustancia de la vida cristiana consiste en introducirse en el ámbito de la misericordia como receptores y como actores de la misma. Hemos sido amados y perdonados por Dios hasta la saciedad, y entrando en esa dinámica estamos llamados a hacer lo mismo con los demás. El pasado siglo XX, siglo de guerras y calamidades, ha sido el siglo de la misericordia. Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897) con su «caminito», siguiendo con santa Faustina Kowalska (1905-1938) con su confianza en la Divina Misericordia y san Juan Pablo II (1920-2005) [8], nos han señalado el camino de la divina misericordia. El Papa Francisco nos ha regalado un Año santo de la Misericordia [9], que concluyó con la institución de la Jornada Mundial de los Pobres para perpetuar en la Iglesia esa actitud de recibir y repartir misericordia.

«Los tesoros de la Iglesia no son sus catedrales, sino los pobres» explicaba el Papa Francisco al concluir el Año de la Misericordia. Y este tesoro nadie podrá quitárnoslo nunca, porque «los pobres los tenéis siempre con vosotros» (Mt 26, 11).

El momento presente azotado por la pandemia ha sido un momento privilegiado para descubrir y vivir esta realidad. Se han multiplicado las iniciativas de caridad por todas partes. Las Cáritas diocesana y parroquiales han inventado formas nuevas de llegar a los necesitados. Se ha desbordado la caridad en tantos lugares de nuestra diócesis dando de comer, atendiendo a personas solas, etc. Y ha habido generosidad en las limosnas y en el voluntariado, incluidos muchos jóvenes.

La perspectiva ante la pobreza es diferente. Para los gobernantes de uno y otro signo el objetivo es que todos tengan, que se eleve el estado del bienestar, que aumente el consumo y la productividad. En la perspectiva cristiana el objetivo es parecerse a Jesucristo, que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (2 Co 8, 9). Por tanto, en la caridad cristiana el objetivo será el despojamiento personal no sólo de lo superfluo, sino también de lo necesario, para compartir lo que tengamos con los demás como un signo de amor y de solidaridad.

Animamos a las Cáritas a que difundan este espíritu cristiano por todas partes, para lo cual es necesario acercarse a Jesucristo y participar de sus sentimientos. Y son necesarias las prácticas concretas de las obras de misericordia, corporales y espirituales. No se trata de hacerse simples agentes del Banco de Alimentos ni de socorrer el hambre de tantas personas. Se trata de ser testigos de Jesucristo y de una Iglesia samaritana repartiendo alimentos, acompañando la soledad, echando una mano donde sea necesario. Se trata de salir perdiendo a los ojos del mundo para ganar a los ojos de Dios. «Anda y haz tú lo mismo» (Lc 10, 37), nos dice Jesucristo.

8.-Cuidemos la creación, cuidemos la tierra, cuidemos al hombre

El hombre ha sido creado al interior de la misma creación para que cuide la tierra y no la destruya. Ese cuidado de la creación supone en primer lugar el reconocimiento de que la naturaleza no es una entidad bruta y anónima, que el hombre pueda manipular a su capricho. La naturaleza es un don de Dios, la naturaleza hace referencia a su Creador, que al crearla ha manifestado en ella su gloria [10] y se la ha encomendado al hombre para que la cuide y la transforme ordenadamente.

Hace cinco años el papa Francisco publicó la encíclica Laudato sí (LS), tomando la inspiración de san Francisco de Asís, el cantor de la creación, que canta a la hermana agua, a la hermana tierra, al hermano sol y la hermana luna, incluso a la hermana muerte. Desde una perspectiva creyente, Laudato sínos invita a una ecología integral, que abarca la naturaleza creada, la hermana tierra, la relación humana de los hombres entre sí, la armonía de los sexos complementarios, sin extorsiones antinaturales, y la armonía de la comunidad internacional, en donde todos contribuimos a la paz social.

El pecado aleja de Dios e introduce un trastorno profundo en la creación, que gime con dolores de parto hasta llegar a su liberación de los poderes del mal (cf Rm 8, 22). Cristo Jesús es el centro de la creación y de la historia humana, y ha venido a reconciliar por su cruz el mundo, al hombre y a devolver a la creación toda su dignidad primera. Tenemos por delante la preciosa tarea de reconstruir la casa común («ecología»), cuidando la naturaleza, cuidando al hombre salido de las manos de Dios, y cuidando las relaciones internacionales para llegar a la paz y a disfrutar en común de los bienes comunes de la tierra.

El Papa Francisco ha declarado el quinto aniversario de la encíclica Laudato sí como año especial, que va del 21 de mayo 2020 al 24 de mayo 2021, para acoger esta encíclica, profundizarla y aplicarla en nuestro contexto, ya que «todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades» (LS, 14).

En nuestra diócesis de Córdoba constituimos la Comisión de Ecología Integral, que nos vaya dando pautas para esa aplicación de la encíclica del cuidado de la creación. La Conferencia Episcopal Española en su mensaje para la Jornada Mundial de oración por el cuidado de la Creación (1 septiembre 2020) nos invita a ser custodios y cuidadores con ternura del don de la creación ante los descuidos y destrozos que la mano del hombre y los intereses egoístas de las naciones han introducido en la misma.

9.-Volvamos a la pastoral ordinaria, no tengamos miedo

En la pastoral ordinaria es donde se va edificando día tras día la vida de la Iglesia, nuestra vida cristiana. Cuándo llegaremos de nuevo a la normalidad, no lo sabemos. Abramos de par en par las puertas a Cristo y no tengamos miedo. Pongamos con serenidad y prudencia los medios que la autoridad sanitaria nos señala y superemos el miedo obsesivo de lo que nos va a pasar. Pues podría no pasarnos nada y habríamos perdido parte de la vida encogidos por el miedo. Por el contrario, si vivimos con normalidad y con libertad de espíritu, incluso si contraemos el virus, habremos vivido libres de ese miedo que nos atenaza.

El anuncio de Jesucristo y la nueva vida que él nos ha traído. La celebración gozosa de nuestra fe en la Eucaristía, en los sacramentos, en la piedad popular. El testimonio explícito de caridad fraterna al estilo de Jesús. He ahí los pilares de un plan de pastoral para la parroquia y para la diócesis. Si no podemos tirar por un lado, intentemos por otro. La Palabra de Dios no está encadenada, el Espíritu Santo quiere hacernos vivir en la libertad de los hijos de Dios, en toda ocasión y en toda circunstancia es posible amar y hemos de aprender a hacerlo.

Seguimos invocando al Señor en nuestra tribulación y él se apiadará de nosotros.

Y nos dirigimos confiados a nuestra Madre del cielo:

«Bajo el amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh siempre virgen, gloriosa y bendita. Amén»

Os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

[1]Ya Juan XXIII alertaba en la encíclica Pacem in terris(1963) de estos peligros. Y el concilio Vaticano II nos ofreció una reflexión sobre la obligación de trabajar por la paz y evitar la guerra: «Con tales armas, las operaciones bélicas pueden producir destrucciones enormes e indiscriminadas que por ello exceden con mucho los límites de la legítima defensa» (Gaudium et spes80).

[2]Así rezamos: «Oh Dios, tu providencia nunca se equivoca en sus designios; te suplicamos con insistencia que apartes de nosotros todo mal y nos concedas todo lo que nos sea conveniente» (Oración Colecta IX domingo Tiempo Ordinario)

[3]Vaticano II, Lumen GentiumG 31 (notas fundamentales del laicado). Juan Pablo II, Exhortación apostólica Christifideles laici(1988). Conferencia Episcopal Española, Orientaciones Pastorales del  Episcopado Español sobre Apostolado Seglar(1972); Testigos del Dios vivo(1985); Los católicos en la vida pública(1986); Los cristianos laicos, Iglesia en el mundo(1991).

[4]Papa Francisco, Evangelii gaudium31.

[5]Juan Pabloo II, Encíclica Redemptor hominis, 10: «El hombre que quiera comprenderse a sí mismo hasta el fondo… tiene que entrar en Él [en Jesucristo] con todo su ser, tiene que «apropiarse» y asimilar toda la realidad de la Encarnación y de la Redención para volver a encontrarse a sí mismo. Si se verifica en él este hondo proceso, entonces dará frutos no sólo de adoración a Dios, sino también de profunda admiración de sí mismo… En realidad, ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre se llama Evangelio, es decir, Buena Nueva…Este estupor es el que justifica la misión de la Iglesia en el mundo, incluso, y quizá aún más, «en el mundo contemporáneo»».

[6]Lumen Gentium33, Ad gentes15; Apostolicam actuositatem20; Christus Dominus 17.

[7]Conferencia Episcopal Española, Formar pastores misioneros. Plan de formación sacerdotal. Normas y orientaciones para la Iglesia en España, EDICE, Madrid 2020, 303 pp.

[8]Juan Pablo II ha sido el gran difusor de la experiencia y los mensajes de Santa Faustina sobre la Divina Misericordia. La beatificó en 1993, la canonizó en 2000 e instituyó la fiesta universal de la Divina Misericordia el segundo domingo de Pascua. Cuando publicó la encíclica Dives in misericordia (1980), tuvo muy presente a santa Faustina.

[9]Recordemos que el Año de la Misericordia lo celebramos desde el 8 diciembre 2015, en el 50 aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, hasta el 20 noviembre 2016, fiesta de Jesucristo rey del Universo. En esta última fecha, el Papa Francisco publicó la Carta Apostólica Misericordia et misera, en la que instituye la Jornada Mundial de los Pobres en el domingo previo a la fiesta de Jesucristo Rey del Universo.

[10]Mil gracias derramando / pasó por estos sotos con presura / y yéndolos mirando, / con sola su figura / vestidos los dejó de su hermosura(S. Juan de la Cruz, Cántico espiritualV).

 

+ Demetrio Fernández González
Obispo de Córdoba

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