carlos osoro
Iglesia en España

“No podemos mantener caricaturas de la fe”, escribe monseñor Osoro

“No podemos mantener caricaturas de la fe”, escribe monseñor Osoro.

“Tenemos necesidad de pensar antes que repartir o maniobrar. Solamente pensando es posible superar actitudes totalitarias en todos los ámbitos de la existencia”, asi comienza monseñor Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Valencia su última carta del curso.

“La vida me hace descubrir cada día con más horizonte, –añade– desde mi perspectiva de hombre de fe y adhesión a Jesucristo y a su Iglesia, que para superar los abismos en los que, muy a menudo, nos metemos los seres humanos, son necesarias dos cosas: por una parte, no perder la confianza en proyectos de vida comunes realizados en medio de la historia en la que vivimos, y, por otra parte, no perder tampoco la confianza en la fuerza de la fe y en su expresión católica como realidad dignificadora de toda la historia de un pueblo a través de los siglos y, también, como fuerza fecundadora de la vida personal y de un destino con sentido y con verdad en el futuro.”

“La fe ,– añade más adelante monseñor Osoro,– vivida por unos cristianos en un lugar concreto de la tierra, da, ciertamente, identidad y ensanchamiento al corazón de los hombres y hace mirar más allá de las propias fronteras de uno. La Iglesia quiere entregar libertad y desea vivir en esa libertad que ella promueve. Por eso, la fe se vive en y desde la libertad, y la propuesta a la adhesión sincera a Jesucristo debe hacerse desde esa generosa gratuidad con la que Dios se ha dado a los hombres y ha tomado rostro humano en Cristo. ¡Qué maravilla, generosa libertad de Dios y generosa libertad del hombre, encontrándose y dándose respuestas! Cuando uno se acerca a la crucifixión de Jesús, descubre cómo los poderes de este mundo hicieron la negación de la justicia que Él traía. En cambio, la resurrección de Jesús fue el juicio por el que Dios le da la razón y confirma su mensaje como Buena Nueva y como gracia que se oferta y no se impone, y que entrega libertad, justicia y verdad. De ahí la necesidad de la fe para seguir pensando en la tierra, pues la existencia humana está incardinada en Dios y, desde ella, remitida a los hermanos, es desde donde se verifica la real y verdadera humanidad.”

“Pensar desde la fe y no marginándola, diluyéndola o negándola, significa recuperar y descubrir que la actitud religiosa tiene para la existencia humana la fecundidad más grande. No se pueden mantener caricaturas de la fe y de la Iglesia.”

Después de manifestar que “hemos de ir, con todas las consecuencias, a lo que ha supuesto todo lo que el Concilio Vaticano II y los documentos posteriores nos han dado a los cristianos y ofrecido a todos los hombres de buena voluntad, junto con el Catecismo de la Iglesia Católica, para descubrir lo que son exponentes supremos de la existencia católica, los contenidos normativos”

Señala el arzobispo de Valencia que debemos entrar “en los contenidos de fondo y no nos dejemos llevar por cuestiones secundarias, la degradación, el desencanto, la desesperanza y la desmoralización. Entremos a pensar desde la fe todo lo que somos y hacemos. Es lo que más necesitamos, pues hay razones para esperar, aliento para vivir el presente y el futuro y también hacer memoria de Jesucristo y de lo que ha sido su presencia en la historia de los hombres cuando se le ha dejado alumbrar su vida y su suerte”.

Monseñor Carlos Osoro termina su carta recordando que el papa Francisco “nos recuerda en su predicación que Cristo posee la naturaleza divina con todas sus prerrogativas, pero esta realidad no se vive ni se interpreta con vistas al poder, a la grandeza o al dominio, Él no usa su igualdad con Dios, ni su dignidad gloriosa y su poder como instrumento de triunfo o de distancia; es todo lo contrario, se despoja, se vacía de sí mismo, se sumerge en la débil condición humana, su forma divina se oculta bajo la forma humana y así vive marcado en nuestra realidad por el límite, la pobreza, el sufrimiento, la muerte”, para concluir afirmando que “se nos está impulsando a acoger ese grito de vivir la fe en una tierra concreta en la que hay que seguir pensando en ella desde la fe.

Debe brotar un gran “sí” como el que Jesucristo dio al hombre y a su vida, al amor humano y a nuestra libertad e inteligencia. De tal manera que tengamos la certeza de que la fe en Jesucristo que tiene rostro humano, trae la alegría al mundo y que, además, el cristianismo está abierto a “todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta”

Por Antonio DIAZ TORTAJADA, sacerdote-periodista

 

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