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“No podemos callar”, los obispos de El Salvador denuncian el recrudecimiento de la violencia en el país

“No podemos callar”, los obispos de El Salvador denuncian el recrudecimiento de la violencia en el país

Los obispos de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES) difundieron recientemente un mensaje donde manifiestan su preocupación por el recrudecimiento de la violencia en el país centroamericano.

 
En su mensaje, emitido días después de la celebración de su primera reunión del año, los obispos denuncian “el fenómeno de la delincuencia, los asesinatos, robos, extorsiones, violaciones y otros delitos siguen llevando más luto y sufrimiento a las familias salvadoreñas”.
En su mensaje indican también que tantas veces “el armamento de los delincuentes supera al de las fuerzas encargadas de la seguridad pública y con frecuencia, estos grupos operan con impunidad, condenamos el perverso comercio de armas y municiones que alimenta el crimen y sigue desangrando al noble pueblo salvadoreño”.

“Nos sentimos impotentes ante esta situación, no podemos callar, pues el valor sagrado de la vida humana está siendo cada vez más vulnerado”, enfatizan los prelados y agregan que la impunidad no debe ser la regla. Asimismo piden al Estado generar condiciones y mecanismos de investigación transparentes “y de la administración de una pronta y cumplida justicia”, para que las salvadoreños puedan vivir en paz.

EL mensaje completo es el siguiente:

“EL SEñOR FORTALECE A SU PUEBLO Y LO BENDICE CON LA PAZ” (Sal. 28,11)

MENSAJE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE EL SALVADOR ANTE LA VIOLENCIA EN NUESTRO PAIS

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Les saludamos fraternamente en el Señor, al concluir la Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal de El Salvador, realizada los días 25, 26 y 27 de enero del presente año. En el marco del Jubileo de la Misericordia, que hemos iniciado solemnemente en comunión con el Papa Francisco en todas las Diócesis de El Salvador, deseamos vivamente que en este año de gracia, la paz de nuestro Señor Jesucristo reine en nuestro paìs y en cada uno de sus hogares.

Hemos conocido con profunda consternación cómo, apenas iniciado este nuevo año, la cantidad de hermanas salvadoreños y salvadoreñas, a quienes se ha arrebatado violentamente la vida, ha sido alarmante. Como pastores, aunque nos sentimos impotentes ante esta situación, no podemos callar, pues el valor sagrado de la vida humana está siendo cada vez más vulnerado. La vida de la persona es sagrada, y nadie puede privarle a otro de
tal derecho, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida, desde su comienzo hasta su término (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica 2258).

El fenómeno de la delincuencia, los asesinatos, robos, extorsiones, violaciones y otros delitos siguen llevando más luto y sufrimiento a las familias salvadoreñas, situación que empeora y pone en crisis a las institucuines del Estado encargadas de proteger a la población. Muchas veces el armamento de los delincuentes supera al de las fuerzas encargadas de la seguridad pública y con frecuencia, estos grupos operan con impunidad, condenamos el perverso comercio de armas y municiones que alimenta el crimen y sigue desangrando al noble pueblo salvadoreño.

Es totalmente inaceptable que los criminales sigan enriqueciéndose a costa del sacrificio y sufrimiento de la gente honrada y trabajadora, por medio del robo y las extorsiones. Y nos duele en el alma que año miles de
salvadoreños huyen de la violencia para salvaguardar su vida, emigrando hacia otros lugares o países. Entre las consecuencias más graves están el abandono de sus bienes, la desintegración familiar y el deterioro de su propia identidad.

En El Salvador, la delincuencia y las demás formas de violencia tiene diversas causas. El Estado tiene la suprema responsabilidad de la seguridad nacional: La Constitución de la República le obliga a garantizar y proteger los derechos fudamentales de los salvadoreños: la vida, la libertad, la integridad física y moral, la seguridad, la propiedad, entre otros (Cfr. Art 2 de la Constitución de la República). Exhortamos a las autoridades correspondientes a no ceder en el esfuerzo, que muchas veces exige sacrificios heroicos, y les apoyamos con nuestra oración.

No podemos olvidar el clamor de las víctimas de la delincuencia y de sus familiares, antes la escasa y a veces nula, atención que reciben. Nos solidarizamos con ellas en la oración y les apoyamos en su deseo de justicia. La impunidad no debe ser regla, y corresponde al Estado debe generar las condiciones, a través de mecanismos de investigación transparentes y efectivos y de la administración de una pronta y cumplida justicia, para que
las salvadoreñas y los salvadoreños podamos vivir en paz.

Ante esta difícil situación que vivimos queremos animar a todos a poner nuestra total esperanza en Dios y trabajar todos por la paz, haciendo efectiva la exhortación del Papa Francisco en la Jornada Mundial de la paz de este año..: “Vence la indiferencia y conquista la paz”.
Que Dios Padre misericordioso, por intercesión de nuestra Madre Santísima la Virgen de la Paz nos dé la fortaleza para construir el camino que conduce a la paz.

Mons. Jose Luis Escobar Alas
Arzobispo de San Salvador
Presidente de la CEDES

Mons. Fabio Reynaldo Colindres A.
Obispo del Ordinariato Militar
Vicepresidente de la CEDES

Mons. Romero Tovar Astorga
Obispo de Santa Ana
Secretario General de la CEDES

Mons. Rogrigo Orlando Cabrea C.
Obispo de Santiago de Maria

Mons. Elias Samuel Bolaños Avelar
Obispo de Zacatecoluca

Mons. Miguel Angel Morán Aquino
Obispo de San Miguel

Mons. Luis Morao
Obispo de Chalatenango

Mons. José Elias Rauda Gutiérrez
Obisoo de San Vicente

Mons. Constantino Barrera Morales
Obispo del Sonsonate

Mons. Gregorio Rosa Chavez
Obispo Auxiliar de Sab Salvador

Mons. Fernando Saenz Lacalle
Arzobispo Emérito de San Salvador

Mons. Eduardo Alas Alfaro

Obispo Emérito de Chalatenango

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  • Que se consagre El Salvador al Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen María y que se exorcice todo El Salvador para que se termine la violencia en este país.

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