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“No necesitamos sacerdotes super apóstoles, sino misioneros”, afrima el obispo de Trinidad (Colombia)

“No necesitamos sacerdotes super apóstoles, sino misioneros”, afrima el obispo de Trinidad (Colombia)

“No necesitamos sacerdotes super apóstoles, sino misioneros” así lo aseguró monseñor, Héctor Javier Pizarro Acevedo, Vicario Apostólico de Trinidad, en una entrevista en la que ha comentado que una de las principales necesidades en su jurisdicción es la de contar con sacerdotes para que lleguen a los lugares más alejados de este territorio, que está ubicado en el departamento de Casanare, en el oriente de Colombia, en la región de la Orinoquía.

“El misionero tiene una característica muy particular: es un hombre que con muy pocos recursos ingenia muchas cosas para sembrar el Evangelio”, aseguró el prelado que dirige esta jurisdicción hace 15 años.

Trinidad tiene una superficie de 27 mil kilómetros y una población de 45.500 habitantes. Según datos de catholic-hierarchy.org el 87.3% profesa la religión católica. En ese contexto, se cuenta con 16 sacerdotes y seis parroquias, además de la presencia de dos comunidades religiosas.

“Pedimos al Señor para que nos siga llegando vocaciones, ojalá sean autóctonas, porque realmente la falta de sacerdotes hace que otras instituciones religiosas ocupen esos espacios”, comentó el prelado.

La realidad de Trinidad no es distinta a la de otros territorios. Allí se percibe la pobreza y los recuerdos de la violencia que el paramilitarismo sembró. Si bien hubo dejación de armas, todavía en algunos lugares se viven episodios de extorsiones y cobro de vacunas a los ganaderos.

La acción pastoral en esta jurisdicción tiene que sortear estas realidades. Una de las debilidades es que las vías de transporte son precarias, por ello los sacerdotes deben hacer grandes recorridos para llegar a las comunidades.

“Las distancias son una gran dificultad que tenemos porque no hay vías de comunicación buenas que permitan llegar a los sacerdotes a las veredas grandes, a pesar de los esfuerzos que se han realizado por mejorar”, aseguró monseñor Pizarro Acevedo.

En este territorio no se puede negar la pobreza que afecta a la población, sin embargo esta pobreza hay que dimensionarla correctamente, por ejemplo la pobreza en las instituciones educativas, la distribución de la tierra e incluso el uso correcto de los ingresos económicos por parte de la población.

“Yo no creo que haya una pobreza extrema en Casanare, la gente tiene mas o menos modos de vida, pero cuando hablas de otras pobrezas, como por ejemplo las institucionales esas sí son las más graves. La educación realmente necesita una recomposición para que todos tengan oportunidades, la distribución justa de la tierra y los ingresos que generan las empresas de hidrocarburos en la vida familiar no siempre es bien empleado”, explicó el obispo.

Finalmente expresó su deseo porque el proceso de paz que se está construyendo genere beneficios para sectores deprimidos del país y que con ello existan mejores condiciones de vida.

Fuente: Conferencia Episcopal de Colombia

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