En un lugar...

No es que no me guste la novela, pero incomoda

A veces, tengo la sensación de que estamos viviendo en la novela de alguien. Parece que el escritor que ha pensado en este plan debe tener algo de mala baba, porque dejarnos durante mes y medio encerrados, pudiendo salir de casa solo para comprar alimentos o trabajar (en casos restringidos)… desde luego que no es algo en que nunca hubiera imaginado.

Sin embargo, algunos autores sí que imaginaron cosas que nos están pasando. Eso de clasificar a las personas según su utilidad, y está sonando fuerte bajo el eufemismo de ‘pasaporte sanitario’, ya lo había predicho Aldous Huxley. ¿Eres una alfa, beta, delta…? También había previsto lo de que no tengamos muchas noticias del mundo exterior porque no sé vosotros, pero la sección internacional cada vez se recorta más de los medios. ¿No pasa nada más allá de Occidente? ¿Ya se han acabado las guerras?

Otro que algo adivinó es George Orwell, con todo eso de la neolengua, la propaganda información, y el ministerio de la verdad. Me siento aliviado de vivir con unas administraciones públicas que nunca hacen nada mal.

Algunos parece que se han estrellado, porque para crear inteligencia artificial (replicantes) aún nos queda mucho, más que las máquinas parece que se ha rebelado la naturaleza… si es que ella pudiera ‘rebelarse’ como tal, claro. Otra vez será, Philip K. Dick. Quien sí acertó de lleno es Unamuno, porque ahora me siento como en Niebla, y tengo ganas de rebelarme contra quien sea que está escribiendo esta historia. ¿No podrías tener un poco menos de humor negro, AUTOR?

Menos mal que se pueden sacar cosas buenas de todo esto, que al final hay tiempo para transitar Las Moradas que en mis castillos interiores.  Descubrir que entre pucheros anda Dios (y si también anda entre bizcochos y dulces, en esta cuarentena ha andado mucho).

También es bueno recordar que nada hay nuevo bajo el sol, y que eso de las pestes es algo que ya casi aburre a la humanidad. ¿En serio no había ninguna idea más original? “Los clásicos nunca mueren”, me responde. Y tengo que callar porque tiene toda la razón, no sé si estaré viendo gigantes donde hay molinos, pero creo que esta vez viceversa. Menos mal que lo esencial es invisible a los ojos, porque en este ensayo sobre la ceguera necesitamos encontrar guías amigas. Ay, si aún viviera Saramago, qué nos diría.

Feliz día del libro

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