Vocación
Nos llama, amigos

Necesitamos vocaciones, sobre todo bautismales

Estos días estamos celebrando la campaña de oración por las vocaciones nativas. Es difícil llevar a cabo este tipo de campañas sin la presencia de comunidad, sin reunirnos para rezar, sin poder hacer propuestas de conjunto, sin las colectas… . También sin la notoriedad de otros años. Aún con la mejor de las voluntades, cuesta prestarle atención a una campaña específica mientras las noticias nos hablan de enfermedad, muerte, hambre y pobreza.

Sin embargo, es en este contexto donde vemos la importancia y necesidad de vivir la vida desde una sincera y auténtica vocación. Basta el ejemplo de tantos que se están entregando a los demás en el lugar específico al que les ha llamado el Señor. Por eso no podemos dejar de promover una auténtica cultura vocacional.

Ayer participaba con dos amigos jesuitas, Antonio Bohórquez y Daniel Cuesta, en un coloquio virtual sobre cofradías y vocación. Una de las ideas claras, y que muchos siguen sin ver o sin tomarse en serio, es la importancia de la vocación común, de la vocación bautismal. Son muchas las campañas, propuestas e iniciativas para promover las vocaciones específicas, pero no cuidamos lo suficiente la vocación primera. Esto es como quien espera recoger la cosecha en un campo que no riega, habrá semillas que logren encontrar el agua, pero en general no puede esperar un huerto que de frutos. Tal vez por eso, deberíamos buscar una Iglesia de vocacionados y no tanto vocaciones para la Iglesia.

Caminamos desde hace tiempo, ahora incluso con el paso más acelerado, hacia una realidad de comunidades más pequeñas. Una Iglesia de nombres concretos, de presencias significativas, sin dependencias. Y eso exige por parte de todos el compromiso con nuestra vocación personal, la concreta y particular. No es tiempo, seguramente nunca lo fue, de una Iglesia segmentada entre vocaciones “con título” y masa social. Todos debemos preguntarnos a qué y por qué me ha llamado Dios en la Iglesia, y tener claro que un “no sé”, no es una respuesta válida.

Necesitamos vocaciones, claro que las necesitamos, pero desde la única vocación. No es mal momento para darle un repaso a nuestras pastorales vocacionales y preguntarnos qué buscamos, para qué lo hacemos y con que fin. Si la respuesta en vez de “por el Señor y para la Iglesia” se formula con algún toque utilitario, será mejor darle otra vuelta.

Javier Prieto
Seminarista de la Diócesis de Zamora
@Javi_PrietoP

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