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Navidad y familia con la alegría del Evangelio, por Julián López, obispo de León

NAVIDAD Y FAMILIA CON LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO 

            Queridos diocesanos:

Se acerca la Navidad. La invitación a la alegría que encierra el programa pastoral de nuestra diócesis para este curso: “¡Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo” (Lc 10, 20b), se hace más viva y estimulante al llegar la fiesta del comienzo de nuestra redención, el Nacimiento de Jesucristo. Si hay un momento en la historia en el que se hace más patente y universal la alegría del Evangelio, fue cuando nació el Hijo de Dios encarnado y un ángel avisó a unos pastores: “No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor” (Lc 2,10-11).

 

¿Cabe mayor gozo para quienes, como aquellos hombres, no tienen nada que disfrutar y probablemente mucho que desear o sufrir? “Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” escribe el papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (n. 1). Sobre todo en Navidad, porque es cuando más dispuestos estamos a acoger y a compartir el amor de Dios que se nos manifestó en Jesús. Por eso, mi felicitación navideña para todos vosotros, acompañada de una invitación, es esta: ¡Felicidades porque Dios, hecho Niño, nace de nuevo en vuestro corazón! ¡Dejaos impregnar y colmar de la alegría del Evangelio!

 

Pero la alegría de la Navidad no se agota en un día. De hecho, el calendario cristiano la prolonga durante una octava y acumula en poco más de dos semanas toda una constelación de fiestas dedicadas a Jesús, a María Madre de Dios, a la familia de Nazaret, a los santos Inocentes, a los Reyes Magos, etc. En realidad, la alegría navideña que es claramente la alegría del Evangelio, puede durar todo el tiempo que nosotros queramos. Tan solo es necesaria una condición, que nos empeñemos en compartir y propagar la buena noticia que empezó a circular en la primera Navidad de la historia. Como hicieron los pastores, y como hicieron todos los que reconocieron en Jesús al Salvador del mundo.

 

Por cierto, hoy es urgente señalar la importancia de la familia como ámbito privilegiado para vivir la alegría del Evangelio. Y esto a pesar de los problemas que se acumulan en las familias e incluso en la institución familiar en cuanto tal: fragilidad de los vínculos matrimonial y familiar, violencia doméstica, rupturas, problemas en la educación de los hijos, vivencia y transmisión de la fe, etc. La Iglesia Católica está empeñada en salir al paso de toda esta problemática. Ha celebrado ya una asamblea sinodal el pasado octubre y se dispone a proseguir el trabajo en otra más decisiva. Esto hace que la Fiesta de la Sagrada Familia, el día 28 de diciembre, sea una ocasión propicia para reflexionar, rezar y comprometerse en la vivencia y en el testimonio de la verdad, bondad y belleza del amor humano y de la vida familiar. Dicho de otro modo, en el anuncio del evangelio de la familia.

Por eso os pido que difundáis la alegría de la vida en familia como fuente de amor y de felicidad pese a las dificultades. Como dicen los obispos de la pastoral familiar: Nadie en la comunidad eclesial puede desentenderse de esta misión. Todos hemos recibido una vocación al amor. Todos estamos llamados a ser testigos de un amor nuevo, de una gran alegría, que será el fermento de una cultura renovada, que pasa por la defensa del amor y de la vida como bienes básicos y comunes a la humanidad”. ¡Feliz Pascua de Navidad!

+ Julián, Obispo de León



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