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Navidad es la Misericordia hecha carne, y la Misericordia es lo que a Dios más le gusta – editorial ECCLESIA

Navidad es la Misericordia hecha carne, y la Misericordia es lo que a Dios más le gusta

            Reza así –casi así…- la portada de ecclesia de hoy; lo explicamos en la página 3, en el comentario correspondiente a nuestra imagen de cubierta; y remitimos a nuestras página 33 y 34 de hoy, donde encontraremos la catequesis de la audiencia general del Papa Francisco del miércoles 9 de diciembre. Y es que, sí, Navidad es Misericordia y la Misericordia es lo que a Dios más le gusta. Y ello nos ha de llevar siempre, pero muy especialmente en este tiempo santo de los albores del Año Jubilar de la Misericordia, a disponernos a vivir la inminente Navidad, desde estas claves. ¿Cómo hacerlo?

         Al respecto, creemos que será necesario ahondar y vivir la doble verdad de la Navidad y de la Misericordia. ¿Cuál es la verdad de la Navidad? Es el misterio de la Encarnación, es el misterio, la realidad, del Dios misericordioso que envía a su Hijo al hombre, rostro de la Misericordia y Dios como el Padre y como el Espíritu, para que se haga hombre en todo igual a nosotros excepto en el pecado. Vivir y celebrar, pues, la Navidad requiere siempre de capacidad de asombro y de admiración ante el misterio, un asombro  que significa asimismo capacidad y esfuerzo de oración y de celebración en el marco de la liturgia de la Iglesia. Dicho de otro modo: no habrá verdadera Navidad sin oración y sin la participación en las celebraciones litúrgicas de estos entrañables días. En este sentido, nuestra Iglesia no debe perder jamás la belleza, el simbolismo y la riqueza de celebraciones como la Misa del Gallo, uno de los mejores modos, si no el mejor, para entender, sentir, testimoniar y transmitir la verdad de la Navidad.

         Los cristianos, empezando por nosotros mismos en nuestras personas y comunidades eclesiales, no debemos permitir que nadie nos robe la Navidad. Allá los políticos y los líderes de opinión pública que a estos días les llaman “fiestas de invierno” o “fiestas del solsticio de invierno”…  Allá los políticos, los gobernantes y los dirigentes que minimizan y hasta ocultan los rostros de la Navidad como los belenes y en sus christmas aluden, en letra e imagen, a cualquier cosa menos a la verdad de la Navidad… Habrá que pedirles cuentas en las urnas y en la participación ciudadana y debemos expresarles nuestro malestar ante estos afanes de secularización y desnaturalización de la Navidad. Pero la primera manera de combatirlo es no cayendo nosotros, en la práctica, en los hechos, en manifestaciones y en vivencias de la Navidad también desnaturalizadas y secularizadas.

La Navidad también se desvirtúa radicalmente si la convertimos en unos días de “culto” al dinero, al regalo o a la gastronomía… El gran regalo de Navidad es Dios con nosotros, es su Misericordia. Un don, una Misericordia, que nos impela y apremia a ser también nosotros misericordiosos con los demás como el Padre Dios lo es con nosotros. El Papa Francisco en su cuenta en twitter, el lunes 14 de diciembre,  nos proponía un propósito cotidiano y sencillo para todos estos días: “Transmitir un poco de la ternura de Cristo a quienes más lo necesitan”. Y, no lo olvidemos, nadie da lo que no tiene, y para transmitir Misericordia necesitamos antes tener experiencia de Misericordia, de la de Dios; y esto es precisamente la verdad de la Navidad y la verdad de la Misericordia.

El Papa Francisco, en la citada catequesis de la audiencia general del miércoles 9 de diciembre, daba en el clavo, una vez más, cuando recordaba que “entre los enemigos” del encuentro y del testimonio de la Misericordia se hallaba el amor propio, al que calificaba como “raíz del olvido de la misericordia”. Y proseguía: “En el mundo, esto toma la forma de la búsqueda exclusiva de los propios intereses, de placeres y honores, unidos al deseo de acumular riquezas, mientras que en la vida los cristianos se disfraza a menudo de hipocresía y de mundanidad. Todas estas cosas son contrarias a la misericordia”. Y son, por lo tanto, contrarias a la Navidad.

¡Qué esta Navidad de 2015, en cuyos umbrales nos hallamos ya, sea la Navidad de la Misericordia! Sea el tiempo propicio para descubrir y sentir que lo que a Dios más le gusta es la Misericordia, esto es, amar, perdonar y que nos amemos y perdonemos.

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