Firmas

Navidad “aconfesional”

Por Guillermo Juan Morado

¿Tiene sentido celebrar la Navidad sin hacer referencia a la Navidad? Yo estoy convencido de que no. Sería, salvadas las distancias, como organizar la fiesta del patrono o la patrona del pueblo, o ciudad, sin mencionar el nombre de ese santo elegido como protector. Porque claro, una fiesta de San Isidro que no haga referencia a San Isidro o una fiesta de Santiago que no haga referencia a Santiago es algo así como celebrar la nada o, lo que es peor, celebrar la contradicción.

Con esto de la “aconfesionalidad” se camina a veces por un sendero que conduce al precipicio del absurdo. Un Estado puede ser de hecho “aconfesional”; es decir, no adscrito a ninguna confesión religiosa, pero un Estado no debe ser absurdo. El Estado es el conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano. O sea, el Estado no es, sin más, el país ni la nación ni el territorio.

Y un país o una nación está formado por un conjunto de habitantes. Un país o nación tiene una historia, unas costumbres, un modo más o menos compartido de entender la vida. Todo este conjunto de realidades son, en cierto modo, previas a la determinación de las posibles estructuras de gobierno que se puedan adoptar.

¿Qué significa la palabra “Navidad”? Por muy “aconfesional” que fuese el Diccionario, “Navidad” significa principalmente “Natividad de Nuestro Señor Jesucristo”. “Natividad” es lo mismo que “Nacimiento”. Y no un nacimiento cualquiera, sino exactamente el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Ese y no otro. Si se celebra la Navidad es solo y exclusivamente porque se conmemora ese Nacimiento.

¿Y por qué se hace memoria de ese Nacimiento? Porque históricamente la mayoría de los habitantes de una nación como la nuestra – y como muchísimas otras del Planeta – han reconocido a Jesucristo, a Jesús de Nazaret, como el Señor, como el Hijo de Dios hecho hombre y el Salvador del mundo.

Tal ha sido el impacto de Jesucristo que ha dividido en dos la historia: los años se cuentan antes de Él o después de Él. Y aunque algunos, partidarios de celebrar al patrono sin patrono, quieran sustituir la realidad por el álgebra, hablando del siglo –V o +V, no aluden a una incógnita, a un valor desconocido, sino a un hecho real: el Nacimiento de Jesús.

Los cristianos no siempre han celebrado la Navidad. La Iglesia primitiva celebraba la Pascua, la Muerte y la Resurrección del Señor. Pero, relativamente pronto – en el siglo IV – Hipólito de Roma afirmó que Jesús nació el 25 de diciembre y en ese mismo siglo la fiesta de la Navidad asumió una forma definida.

Desde un punto de vista meramente lógico cabría, relativamente, negar esa fecha o decir que no importa que Jesús haya nacido o no, o que si ha nacido nada tiene que ver con nosotros. Lo que resulta contradictorio es señalar en el calendario laboral como festivo el día de Navidad, el 25 de diciembre, y ofenderse porque, en una felicitación – ya me dirán qué habría que felicitar si el Nacimiento del Señor no se contemplase – , se recurre a un icono fundamental en el que aparece Jesús en el pesebre acompañado de María y de José.

Si la realidad y el sentido común ofenden la “aconfesionalidad” del Estado es que algo, muy serio, falla. Quizá, en vez de al Niño, tendrían que haber puesto una “X”, como para las incógnitas del álgebra. Puro formalismo. Sin sustancia. Un croquis sosísimo en lugar de un paisaje.

 

Guillermo Juan Morado.

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