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Muroni: «En internet no hay sacramentos»
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Muroni: «En internet no hay sacramentos» 

El consultor del Secretariado Nacional de Liturgia de la Conferencia Episcopal Italiana, el sacerdote Pietro Angelo Muroni, impartió en el último encuentro anual de delegados de liturgia, organizado por la CEE, una conferencia donde analizaba los retos y perspectivas en esta materia para la Iglesia en tiempos de pandemia

«No puede dejarnos indiferentes la necesidad de readaptación en los ritos». De esta manera comenzaba su exposición el también profesor del Instituto Pontificio Litúrgico San Anselmo de Roma, que indicó que «antes de la pandemia ya eran frágiles algunos de ellos». 

Muroni afirmaba que en los primeros meses de confinamiento se pudo apreciar, tanto en Italia como en España, una  «sed de liturgia», lo que vino a remarcar la importancia de estos actos en la vida del hombre.

Sin embargo, en palabras del propio Muroni: «seríamos ingenuos si pensáramos que la pandemia ha reavivado la fe». Y justificaba esta reflexión por el riesgo de desapego por parte de la feligresía de los momentos litúrgicos que propician los templos y por la distancia que se puede llegar a tomar respecto a los sacramentos al vivir, por ejemplo, la misa desde casa. 

Liturgia y pandemia: el camino recorrido hasta ahora en nuestras diócesis

Ante los riesgos del futuro y la situación que ha marcado la pandemia, Muroni tiene claro que nada será lo mismo que antes. 

Ya el 24 de agosto de 2017, en el discurso en la semana de la liturgia en la Iglesia italiana, el Papa Francisco ahondó en lo necesario que es ir «redescubriendo la reforma de la liturgia».  Que no pasa por revisar la reforma sino de «conocer mejor las razones subyacentes».

Es por ello que la postpandemia, por la confluencia de las circunstancias sanitarias y la línea marcada por la Iglesia, «podría ser una oportunidad para el kairósPara recoger los valores incuestionables de la reforma.  Porque, después de este Magisterio —dice Muroni—, podemos afirmar con seguridad y autoridad, que la reforma litúrgica es irreversible». 

Esta reforma nos posibilita redescubrir una imagen justa de Dios, «quitando el tradicionalismo ciego y sordo o el progresismo que no atienda a las necesidades del hombre de hoy». 

Ante el cortocircuito entre significante y significado que se ha experimentado en muchos momentos de la liturgia actual, como es, por ejemplo, el no poder darnos la mano, supone un signo de amor hacia nuestros hermanos y hermanas. En cualquier caso, dice Muroni,  «ésta no es ni debe ser la gramática de la liturgia». Es por tanto imprescindible «volver a aprender el alfabeto de los símbolos litúrgicos». 

«De online a onlife» 

Como ser de relación que es el hombre, se requiere de una renovada relación con el espacio litúrgico. Y para ello, un posible camino a seguir, volver a los ritos de paso e iniciáticos, para comprender la plenitud con la que se manifiesta Cristo. Es por tanto necesario, siguiendo las líneas marcadas por el Magisterio, ser consciente de que estamos todos en un mismo barco y que ante una pandemia de estas características corremos el riesgo de volvernos más individualistas. Sin embargo, no nos salvamos solos.

«La asamblea eucarística viene a reunir a los hijos dispersos de Dios y hacerlos perfectos en la unidad. En este contexto,  no sería inoportuno recordar la unidad de gestos y saber los distintos códigos rituales que entran en juego en la celebración», comentaba a este respecto Pietro Angelo Muroni. 

Por ello, «ha llegado el momento de desintoxicarse lentamente del vídeo para recuperar la presencia de la liturgia para participar activa y fructíferamente en la misa». Porque, en palabras del propio experto en litrugia, «la realidad de los sacramentos es insustituible». 

El cristiano celebra con todo su cuerpo. Esto significa tener una mirada inclusiva en las celebraciones. Y después de la covid-19, e incluso desde ahora, debemos cuidarnos de la mirada que arrojamos al otro como posible contagiador. Muroni lo tiene claro: «después de la pandemia se nos pedirá una acogida y bienvenida del otro. Nadie debe quedar marginado o descartado. Será importante que nuestras diócesis encuentren caminos y lenguaje para que todos nuestros hermanos, los últimos, puedan formar parte de la Iglesia.  Porque toda la existencia de Jesús fue una liturgia hospitalaria y es por ello que la santidad de la liturgia deberá ser hospilataria». 



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