Editoriales Ecclesia

Monseñor Yanes, extraordinario servidor de la Iglesia del Vaticano II – editorial Ecclesia

Monseñor Yanes, extraordinario servidor de la Iglesia del Vaticano II – editorial Ecclesia

La muerte de monseñor Elías Yanes y su despedida sentida, serena y multitudinaria (ver páginas 6 y  7) han vuelto a traer a la actualidad a uno de los obispos españoles más relevantes del último medio siglo. Así lo avalan las reacciones a su muerte (desde el Papa al Rey de España) y su biografía. Y es que don Elías ha sido la persona que ha ocupado los cargos más relevantes en la historia de la CEE. Fue secretario general de 1972 a 1977, presidente de la siempre importante Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1978 a 1987, vicepresidente los seis años sucesivos, presidente de 1993 a 1999 y vocal del Comité Ejecutivo de 1999 a 2005.

Pastor plenamente identificado con el Vaticano II, del que fue en España uno de sus mayores difusores, Yanes sobresalió en numerosas dimensiones claves para la vida de nuestra Iglesia. En primer lugar, su talante personal, emblema del pastor propugnado por el Concilio: bien preparado, sencillo, discreto, afable, manso, modesto, servicial, reflexivo, austero, sinodal, con hondura espiritual y extraordinaria sensibilidad pastoral (muy singularmente, en relación con el laicado, la educación católica y a la misión de la Iglesia en medio de una sociedad plural).

Junto al cardenal Tarancón y el nuncio Dadaglio  y otros prelados –cada uno de todos ellos, en su lugar correspondiente-, don Elías contribuyó decisivamente al servicio de aquel magnífico papel que la Iglesia católica en España desempeñó en la Transición en pro de la concordia y de la reconciliación. Un trabajo que no habría sido posible sin el Concilio Vaticano II y el Papa Pablo VI. Yanes era un enamorado del Vaticano II, un obispo conciliar de los pies a la cabeza, y un obispo y hasta una persona inequívocamente «montiniana»…

Después, ya en la democracia, las relaciones Iglesia-Estado auspiciadas por monseñor Yanes estuvieron marcadas por un nuevo estilo de separación, cercanía, disponibilidad y apertura y por nuevos acuerdos y logros en el desarrollo de los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979, en cuya «cocina» también estuvo. Y lo hizo desde tres claves fundamentales de actuación: el diálogo institucional, la nítida separación, desde la colaboración en los temas comunes y desde la libertad, entre la Iglesia y los Gobiernos de turno y la potenciación de la misión propia de la Iglesia.

El servicio de don Elías a la educación católica es impagable. Él fue el pastor sereno y audaz que entendió que el futuro de nuestros colegios de la Iglesia pasaba por los conciertos educativos. El paso del tiempo y los hechos le han dado la razón, que algunos entonces le negaron.

Más allá de su timidez innata, monseñor Yanes entendió perfectamente que la Iglesia necesita de la comunicación, de que misión de la Iglesia es comunicar, y que no puede permanecer muda o ausente de los medios de comunicación. Por ello y con toda justicia, recibió premios –como el BRAVO especial 2005- y reconocimientos por su permanente disponibilidad hacia los Medios.

Asimismo y aunque menos notorio y reconocido, durante sus cinco años como secretario general, contribuyó esencialmente a engrasar la maquinaria, el funcionamiento interno y externo de la CEE. No en vano, la CEE estaba casi recién nacida y don Elías, entonces jovencísimo obispo auxiliar de Oviedo, fue su segundo secretario general y, junto a sus más estrechos colaboradores, configuró y consolidó el todavía vigente modelo de funcionamiento ordinario del Secretariado del Episcopado, de la Secretaría General de la CEE. Una tarea escondida, burocrática, laboriosa, abnegada, silenciosa, poco agradecida, pero tan necesaria e importante.

Por último y cuando pasaban los años  y le llegó la hora de la jubilación, don Elías sobresalió como un humilde, perseverante, activo y comprometido promotor del apostolado seglar, singularmente a través de la Acción Católica y con iniciativas como el Itinerario de Formación Cristiana, por él promovido, junto a un grupo de seglares. Con ello, además, el prelado ahora fallecido volvía a sus orígenes sacerdotales cuando trabajó, en su diócesis natal de Tenerife, con movimientos apostólicos como Cursillos de Cristiandad, JOC, HOAC y Acción Católica.

Y en medio de todo esto, su poliédrico servicio episcopal en Zaragoza, con significativos logros en la planificación pastoral, el patrimonio cultural y la piedad popular.

Descanse en paz este hombre bueno, este pastor celoso, fiel y vigilante, este incondicional servidor de la Iglesia y del bien común. ¡Gracias, querido don Elías, muchas gracias!

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