El 14 de febrero de 2016 se cumple un año desde que Don Ricardo Blázquez fuera creado cardenal de la Iglesia católica por el papa Francisco. Con este motivo, el cardenal arzobispo de Valladolid repasa como ha vivido estos 365 días, su relación con el santo Padre y algunos otros asuntos de la actualidad diocesana.

¿Cuál es el balance de su primer año como cardenal?

Lo primero, quiero agradecer a la Iglesia de Valladolid, y también a las autoridades religiosas y civiles, su compañía y su felicitación, tanto en Roma como en la diócesis.

Formo parte de cinco dicasterios romanos (Congregaciones para la Doctrina de la Fe, para la Vida Consagrada y para las Iglesia Orientales, Pontificio Consejo para la Cultura y Comisión para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica) y mi trabajo en ellos forma parte de la colaboración especial de los cardenales con el papa.

También he participado en las dos últimas Asambleas del Sínodo de los Obispos, dedicadas a la Familia, que nos permitió a los padres sinodales encontrarnos con el papa Francisco prácticamente todos los días. También tuve la oportunidad de saludarlo personalmente y de esos encuentros me llamó la atención que siempre que yo le agradecía todo lo que venía desarrollando en su ministerio a favor de la Iglesia y de la humanidad él también me daba las gracias a mí.

Quiero, por tanto, destacar la cercanía que siempre me ha mostrado el papa y reiterar mi disponibilidad para colaborar con él.

¿Cómo están acogiendo las parroquias de la diócesis el Directorio Diocesano para la Iniciación Cristiana?

Se trata de unas orientaciones que tienen un horizonte largo. Tengo la impresión de que va siendo aplicado en las parroquias y comunidades con decisión. Y responde al subrayado que viene haciendo la Iglesia sobre la necesidad de profundizar en la iniciación cristiana.

Nos encontramos en un contexto de sociedad e Iglesia muy distinto al que existía hace 50 años y hoy se necesita fortalecer la pertenencia a la Iglesia, reavivar una fe personalizada y bien formada. Por ello, la iniciación cristina y los sacramentos que la van marcando es parte primordial de la tarea pastoral de la Iglesia y también de nuestra diócesis.

¿Cómo está viviendo la Iglesia de Valladolid el Congreso Eucarístico Diocesano “Somos el Pueblo de la Eucaristía”?

Ciertamente este Congreso, en sus tres fases (parroquial, arciprestal y diocesana), está marcando el curso pastoral de nuestra diócesis y lo estamos compaginando con otro acontecimiento de la Iglesia Universal: el Año de la Misericordia. La intención del Congreso es poner en el centro de la vida de los cristianos la celebración de la Misa del Domingo. La adoración al Santísimo y el servicio a las personas están conectados con ella.

En las parroquias se está trabajando con unos materiales que hemos facilitado desde la dirección de la diócesis y están sirviendo para dinamizar charlas, encuentros y catequesis; La fase arciprestal tendrá lugar durante las primeras semanas del mes de marzo en cada uno de los arciprestazgos de la diócesis; La fase diocesana se desarrollará en torno a la celebración de la fiesta del Corpus Christi. Incluirá celebraciones, encuentros, oraciones, charlas y una gran procesión centrada en la Eucaristía.

¿Cómo han participado los fieles en los actos programados en Valladolid para iniciar el Año de la Misericordia?

Quedé gozosamente sorprendido por la celebración de apertura en Valladolid del Año de la Misericordia, que tuvo lugar en la S.I. Catedral y en la Basílica de la Gran Promesa. Fue el domingo, 13 de diciembre siguiendo las orientaciones de Roma. Para nuestra diócesis el centro de la gracia del perdón es la iglesia del Santuario del Sagrado Corazón de Jesús ya que “la misericordia es el corazón de Dios” (Papa Francisco).

La participación en la Eucaristía de la Catedral fue concurridísima, fue inmensa, con muchas personas de pie que en ningún momento mostraron cansancio o hastío a pesar de que la liturgia fue larga.

La peregrinación por las calles del centro de la capital vallisoletana fue un gran testimonio de piedad popular. Y al llegar a la Basílica de La Gran Promesa se procedió al rito de apertura de la Puerta Santa (Puerta del Salvador) en Valladolid para todo el año jubilar.

Deseo que este Año de la Misericordia sea para todos un encuentro con Dios, nuestro Padre, que viene a buscarnos. Con la renovación del corazón que provoca el encuentro con el Señor, seremos capaces de encontrarnos con los demás a través de la misericordia, sabiendo perdonar y dejándonos perdonar. Será un año de renovación espiritual y de impulso apostólico.

¿Qué situación política le espera a España tras el 20-D?

El mapa político que ha dejado las elecciones es complejo, y nos llena de inquietud. Por eso, quiero subrayar la dimensión de esperanza en medio de las dificultades porque responderemos razonablemente a los desafíos planteados.

En España hemos atravesado por coyunturas bien difíciles en los últimos decenios: en nuestra vida social, colectiva, política, cultural,…; y hemos sabido resolverlas de manera satisfactoria para nosotros y también con admiración para otras personas que no son españoles.

Confío que también ahora se imponga el buen sentido y el servicio al bien común; que no se ceda a partidismos sino que se subraye la dimensión del diálogo, del encuentro, de la concertación, buscando soluciones conjuntas para el presente y el futuro de todos.

Somos responsables de la España actual y también de la que dejemos a los que vengan después de nosotros. Es hora de la magnanimidad, no de la mezquindad. Ejerzamos la generosidad unos con otros.

(Archidiócesis de Valladolid)

SIC