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Monseñor Milián ya descansa en la capilla de los Mártires de la catedral de Barbastro

El obispo emérito de Barbastro-Monzón, Alfonso Milián, ya descansa en la capilla de los Mártires de la catedral de Barbastro. El prelado, fallecido el pasado jueves 26 de noviembre en el hospital Miguel Servet de Zaragoza, ha sido sepultado en el lugar donde reposa el beato mártir Florentino Asensio, tal y como era su deseo. Tenía 81 años.

Ha sido el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal, el que ha presidido la misa de exequias en la mañana de este sábado en la seo de la capital del Somontano. Junto a él han concelebrado el arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano, los eméritos de esta misma archidiócesis Vicente Jiménez Zamora y Manuel Ureña, y los obispos de Barbastro-Monzón, Huesca y Jaca, Teruel y Albarracín, Tarazona, Sigüenza-Guadalajara y Lérida, además de medio centenar de sacerdotes.

«Don Alfonso —ha dicho en su homilía Omella, amigo personal del fallecido— era un hombre agradecido, sencillo, atento; sabía escuchar, acompañar, animar, contaba con los demás; estaba siempre dispuesto a todo y disponible para ayudar a todos». El purpurado de Cretas (Teruel), que fue el predecesor de Milián en la sede altoaragonesa, ha dado las gracias «por el testimonio de la vida y de la muerte de un buen pastor, signo de la ternura y bondad de nuestro Señor». Tras recordar su lema episcopal —«Yo en ellos y Tú en mí»—, ha destacado el carácter de «hombre de oración» del pastor fallecido, rememorando también su labor catequética, en Apostolado Seglar, con Acción Católica o en Cáritas. «Ponemos la vida de don Alfonso, un hombre de Dios, sencillo y bueno, en manos de la Virgen del Pueyo y la Virgen de la Alegría», ha dicho.

Con el báculo del obispo Florentino

El rito de exequias, al que han asistido los alcaldes de Barbastro y Monzón y otras autoridades, ha comenzado con la recepción del féretro a las puertas de la catedral por el cardenal, los arzobispos y obispos concelebrantes, desde donde ha sido conducido por el pasillo central del templo a los pies del altar mayor. El secretario canciller, Pedro Escartín, ha glosado la vida de monseñor Milián en sus datos más sobresalientes antes de que los cuatro arciprestes de la diócesis encendieran el cirio pascual, símbolo de Cristo resucitado, y colocaran sobre el féretro la casulla, estola y mitra, el báculo del obispo mártir Florentino Asensio, y el evangeliario.

La primera lectura y el salmo han sido proclamados por el expresidente de la Junta Coordinadora de Cofradías, mientras que el equipo de Cáritas —organismo del que monseñor Milián fue obispo delegado nacional de 2002 a 2014— se ha encargado de la lectura de las preces. Uno de los monjes del Instituto del Verbo Encarnado, orden que el obispo emérito llevó al monasterio de El Pueyo, ha interpretado varios cantos acompañándose del órgano catedralicio.

El actual titular de la sede, Ángel Pérez Pueyo, ha recordado cómo conoció a su predecesor, «siendo seminarista en Ejea, y él delegado del Junior». «Allí —ha dicho— yo me sentí tan identificado con su estilo personal que para mí fue siempre un referente y un modelo, primero como cura, y después como obispo». Finalmente ha tomado la palabra Jesús Valero, uno de los sobrinos de don Alfonso, quien ha leído un escrito de su tío, un «testamento espiritual» de enero de 2018. En el emotivo texto, plagado de agradecimientos por una vida plena y rica, han resonado las palabras monseñor Milián: «Barbastro-Monzón, mi esposa, a la que quiero con todo mi corazón».



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