Internacional

Monseñor Miguel Ángel Sebastián, obispo en el Chad, con los afectados por las inundaciones

El obispo español de la diócesis de Laï, en el Chad, Miguel Ángel Sebastián, cuenta para OMPress, después de haber visitado nuestro país, su preocupación por lo que está sucediendo en su diócesis africana debido a las fuertes lluvias que están causado mucho daño.

“Ya hace días que quería escribiros y hoy, por fin, puedo hacerlo. Este año mi estancia en España ha sido muy breve y no he podido ir a visitar a mucha gente, espero que sepáis comprenderlo. Tenía que venir urgentemente a Laï pues la responsable de la Procura se marchaba y tenía que estar con la nueva responsable al menos al principio.

Desde mi vuelta a Laï he tenido mucho que hacer. Además he tenido que efectuar un viaje a Burkina Faso con motivo de un encuentro con la Cáritas de ese país. Ha sido una experiencia muy rica y va me servir de mucho todo lo que he vivido allá. Como éramos cuatro obispos, creo que esa experiencia va a beneficiar mucho a nuestra Cáritas Chad y también a nuestras Cáritas diocesanas.

Pero lo que ahora me ocupa y me preocupa, sobre todo, es la situación que atraviesa nuestra región. Si el año pasado no hubo bastante lluvia, este año está lloviendo demasiado. La abundancia de lluvias ha hecho que los ríos de la región han salido de sus cauces y han hecho muchísimo daño: decenas de miles de personas siniestradas, casas destruidas, hectáreas de campos inundados… La situación es catastrófica.

Como pastor de esta Iglesia, y de una cierta manera también de las demás personas que viven en esta región, he querido ir al encuentro de las personas siniestradas, al menos hasta donde he podido llegar, pues hay zonas a las que no se puede llegar más que después de muchos kilómetros en piragua o andando por el agua. En estos encuentros he podido ver con mis propios ojos la gravedad de la situación, pero sobre todo he encontrado a la gente para llevarles una palabra de consolación, de compasión y de ánimo. Creo que mi presencia ha animado mucho a unos y a otros, también a la mayoría de las autoridades locales y estatales. Hasta el momento el gobierno aún no ha hecho nada, y ya llevamos en esta situación hace casi un mes, aunque parece que en estos días van a venir de la capital para paliar un poco esta situación con 100 millones de FCFA (152.450 euros). Una gota en desierto. Esperemos que hagan más y, sobre todo, que empiecen a preparar el futuro que será aún más grave.

Estas visitas de terreno me han ido directamente al corazón. Pero también he hecho una experiencia positiva viendo el comportamiento de mucha gente que está ayudando a los siniestrados, en particular las tres personas que trabajan en la sede central de nuestra Cáritas diocesana y las que ayudan a nivel parroquial. Muy positivo es el hecho que he visto a la gente situarse delante de esta catástrofe con dignidad y serenidad, incluso con ánimo de no dejarse vencer; he visto incluso gente que con el agua hasta la cintura están haciendo la cosecha del arroz precoz que ha llegado a madurez. Los únicos que están con cara triste son los niños que viven con sus madres refugiados en otros pueblos, sobre todo en escuelas construidas en duro. ¡Y no he oído ni una queja contra Dios!

Además de mi presencia al lado de los que están sufriendo, nuestra Cáritas no ha cerrado los ojos y oídos sino que se ha puesto a trabajar. Gracias a Dios aún no habíamos agotado la financiación que habíamos recibido de diferentes Caritas del mundo para ayudar a las personas que el año pasado no habían tenido buenas cosechas y a otras personas vulnerables (también el Gobierno de Aragón nos concedió una financiación), y con eso hemos podido dar una primera ayuda de urgencia. Hemos distribuido, sobre todo, alimentos en las zonas más afectadas por un valor de 15 millones de FCFA (casi 23.000 euros).

Pronto tendremos un problema añadido: el inicio del curso está cerca y muchas escuelas no podrán acoger a los alumnos: unas porque han sido destruidas completamente por las inundaciones (escuelas en barro y paja, o hangares de paja), otras porque están siendo ocupadas por las familias refugiadas. Además aún hay demasiada agua en las zonas de inundación, y esta agua no se retirará completamente en bastante tiempo, pues aún sigue lloviendo.

Estimados amigos, ya os dejo. He querido que conozcáis la situación por la que atravesamos pues sé que estáis en comunión con nosotros. Que el Señor nos ayude a abrir siempre nuestros corazones delante de las situaciones de miseria o desamparo de gente que vive a nuestro lado o lejos de nosotros.”

 

OMPRESS-CHAD (10-09-12)

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