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Iglesia en España

Monseñor Lorca invita a la Iglesia diocesana a seguir el ejemplo de San Fulgencio

Monseñor Lorca invita a la Iglesia diocesana a seguir el ejemplo de San Fulgencio

 La Iglesia de Cartagena celebra hoy la festividad de San Fulgencio, patrón de la Diócesis, “maestro de fe” como lo ha definido esta mañana durante la Eucaristía en la Catedral su sucesor, Mons. José Manuel Lorca Planes.
A las 11:00 horas comenzaba la celebración en el templo catedralicio, con la procesión claustral con la urna que contiene las reliquias de San Fulgencio, portada a hombros por los diáconos. Presidía la celebración de la Misa, en Rito Hispano-Mozárabe, Mons. Lorca acompañado de Mons. Lerma, Obispo de Gurúè (Mozanbique), y un centenar de sacerdotes.
 
Del que fuera Obispo de Cartagena, Mons. Lorca ha resaltado su “empeño” por vivir la unidad y la comunión en la Iglesia; su celo por anunciar a Cristo, “razón de su existir”; y su ser evangelizador. “Aquí estáis muchos sacerdotes, religiosos y religiosas, los seminaristas y laicos, a todos nos interpela el ejemplo de San Fulgencio, que sigue teniendo vigor para cada uno de nosotros”, explicaba el Prelado, subrayando además la urgencia de la evangelización, de anunciar a Cristo en medio del mundo a pesar de las dificultades: “nosotros sabemos de quién nos hemos fiado”.
 
Nuevamente, el Sr. Obispo ha invitado a todos –sacerdotes, seminaristas, religiosos y laicos- a vivir  intensamente este Año de la Caridad para “poder imitar a Jesús” leyendo las catequesis que se han preparado y que están disponibles en las Librerías Diocesanas.
 
Tras la celebración, sacerdotes, religiosos y laicos han disfrutado del tradicional boniato dulce en el patio del Palacio Episcopal. Un dulce que ya es tradicional para celebrar el día de San Fulgencio.
 
 Homilía íntegra de Mons. Lorca Planes, Obispo de Cartagena:
 
 Excmo. Rvdmo. Mons. Lerma, Obispo de Gurúè. Mozambique.
Vicario General y Deán de la Catedral
Queridos hermanos sacerdotes
Religiosos y Religiosas
Seminaristas
Hermanos todos
 
 
Nos volvemos a reunir en esta Santa Iglesia Catedral para celebrar a San Fulgencio, patrón de la Diócesis, maestro de fe, cuya tarea fue siempre la del empeño por vivir la unidad y la comunión en la Iglesia. La fuente de la que bebía y el pan con que se alimentaba lo encontraba en la Eucaristía. Cristo ha sido la razón de su existir y por eso lo anunció con fortaleza y con el celo de un buen pastor.
 
La Liturgia nos va llevando de la mano para encontrarnos con Cristo y seguirle a través de los acontecimientos de nuestra propia vida. Será la Palabra de Dios la que iluminará nuestra peregrinación. Acabamos de vivir la Navidad, el Misterio de la Encarnación de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, consubstancial al Padre y al Espíritu Santo en cuanto a la divinidad; consubstancial a nosotros en cuanto a la humanidad: Hijo de Dios y nacido de María Virgen. Este es el dogma central de la fe cristiana en el que se expresa el misterio de Cristo.
 
El pasado domingo celebramos el Bautismo del Señor y la obertura de su misión, con una especial llamada a la conversión. Desde el comienzo de la actividad mesiánica, Jesús manifiesta, en primer lugar, su misión profética. Jesús anuncia el Evangelio. Él mismo dice que para eso “ha venido” (del Padre) (Cfr. Mc 1, 38), que “ha sido enviado” para“anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios” (Cfr. Lc 4, 43). A partir de ahora veremos que Jesús sale al encuentro de aquellos a quienes Él debe anunciar la Buena Nueva. Así, los evangelistas nos dicen que Jesús “recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas” (Mt 4, 23), y que “iba por ciudades y pueblos” (Lc 8, 1).
 
Jesús comienza su predicación con estas palabras: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva” (Mc 1, 15). Predicar, anunciar a Cristo, hablar del Reino de Dios en medio de un mundo, muchas veces hostil. Esta fue la tarea de San Fulgencio, hacer visible la luz de Cristo y ayudar para que nada se interponga entre Él y nosotros. Aquí estáis muchos sacerdotes, religiosos y religiosas, los seminaristas y laicos, a todos nos interpela el ejemplo de San Fulgencio, que sigue teniendo vigor para cada uno de nosotros. A esto mismo nos está invitando con fuerza el Papa Francisco: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor»[1].
 
¿Por qué este empeño por evangelizar, y por qué a estas alturas? Sencillamente porque Dios no ha renunciado a responder al deseo de bien y felicidad, profundamente enraizado en el hombre. El Evangelio es la respuesta divina y posee un carácter ‘optimista’, esperanzador, capaz de cambiar tu vida, sí, de cambiarla a mejor siempre. Pero evangelizar no es ‘vender humo’, no se trata de quedarte en construir palabras bonitas, de un eudemonismo superficial; no es un anuncio del ‘paraíso en la tierra’. El Santo Papa, Juan Pablo II, decía que: “La ‘Buena Nueva’ de Cristo plantea a quien la oye exigencias esenciales de naturaleza moral; indica la necesidad de renuncias y sacrificios; está relacionada, en definitiva, con el misterio redentor de la cruz. Efectivamente, en el centro de la ‘Buena Nueva’ está el programa de las bienaventuranzas (Cfr. Mt 5, 3-11), que precisa de la manera más completa la clase de felicidad que Cristo ha venido a anunciar y revelar a la humanidad, peregrina todavía en la tierra hacia sus destinos definitivos y eternos”[2].
 
No podemos concluir y pensar que esto es un lío. No es bueno comenzar derrotados, a esto no ha venido el Señor, no ha venido a decirnos que somos poca cosa y que ni lo intentemos, ¡todo lo contrario! El Señor nos anima y nos dice “no temas”, por eso el Papa Francisco no se cansa de decir: “Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos”[3]. Hermanos nosotros sabemos de quién nos hemos fiado, ya han pasado muchos años desde que salió eso del corazón de San Pablo y muchos hermanos han pasado defendiendo esta misma fe, la misma confianza en Dios; ha muerto mucha gente por ella y ahora, ¿vamos a ser nosotros los que decimos que no merece la pena? No, nosotros debemos seguir adelante, debemos confiar como San Fulgencio, fiarnos de la cercana acción de Dios, cantar, bendecir al Señor y no temer, porque: “El Señor, tu Dios está en medio de ti, valiente y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo como en día de fiesta” (Sof. 3,17).
 
La fe es la que nos abre las puertas a una vida especial, cargada de sentido. En el evangelio del próximo domingo se nos presentará una pedagogía muy antigua y muy actual, porque está siendo muy eficaz: la importancia de escuchar a Jesús, de encontrarnos con Él y de seguirle. El resultado de haberle seguido es que nos vemos libres de nuestra conciencia aislada y de nuestros egoísmos. El resultado es que llegamos a ser más humanos, porque le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos, hasta alcanzar nuestro ser más verdadero. Esta es la razón que ve el Papa Francisco para explicar la acción evangelizadora: “Porque, si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros?”.
 
Queridos hermanos, en este año en la Iglesia de Cartagena estamos trabajando un objetivo importante, que nos está ayudando a crecer, la caridad. Estad seguros que si aprovechamos esta oportunidad de adentrarnos en Él con un corazón sencillo, primero podremos experimentar aquello de “dar gracias al Padre, ya que ‘ha escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las ha revelado a la gente sencilla” (Cfr. Lc 10, 21); en segundo lugar, podremos imitar a Jesús al comienzo de la actividad mesiánica, cuando, hablando en la sinagoga de Nazaret, dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva” (Lc 4,18) .
 
Os animo a seguir las catequesis que se han preparado con mucho cariño para conocer más y mejor el corazón de Dios, que están al alcance de todos y cada uno de vosotros en la Librería Diocesana. Están hechas tan bien, que a nivel personal o en grupo, ayudan a crecer en la fe y a disponernos a servir a los hermanos con un corazón grande. Evangelizar es caridad.
 
Que Dios os bendiga y os ayude a vivir como cristianos con celo apostólico.
 
 
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena
 
 
Gracias por ayudarnos a difundir esta noticia
 
 
María de León Guerrero
 
Responsable de la Delegación de Medios de Comunicación Social
Obispado de Cartagena
 
Tlf: 968 22 61 68
 

 


[1] PAPA FRANCISCO, Evangelii Gaudium, 3.
[2] SAN JUAN PABLO II, Catequesis, abril 1988.
[3] PAPA FRANCISCO, E.G, 3.
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