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Monseñor Javier Cuevas preside una eucaristía por los que fallecen huyendo de sus países

Monseñor Javier Cuevas preside una eucaristía por los que fallecen huyendo de sus países

Por José Alberto Rugeles Martínez

Mons. Francisco Javier Cuevas Ibañez, Vicario episcopal de la Vicaría VIII de la archidiócesis de Madrid, presidió una Eucaristía que fue concelebrada por siete sacerdotes, en la iglesia de San Roberto Belarmino de Madrid, en recuerdo de las personas que han perdido la vida en busca de un futuro lejos de su hogar. Organizó la Eucaristía la Comunidad de Sant Egidio, cuyo coro animó la ceremonia junto al Coro “Karibu” de personas africanas residentes en Madrid. Asitieron también representantes de la Sociedad de San Vicente de Paul, de Domus Mariae y de Heraldos del Evangelio.

 

La Comunidad de San Egidio organiza en varios países esa Eucaristía para elevar sus plegarias por los fallecidos y apelar a la consciencia de los católicos ante el drama de las personas que huyendo de sus países en busca de un mudo mejor encuentran la muerte trágicamente.

 

Los integrantes del Coro “Karibu” que llevaban un colorido traje típico con la faz del Sagrado Corazón de Jesús interpretaron músicas y cantos

africanos.

 

Mons. Javier Cuevas en su homilía señaló que: “Hoy mismo hemos leído en la prensa nacional que 626 africanos han sido encontrados a la deriva. De esos 22 son mujeres y 16 son niños. Como esos muchos otros que no conocemos, que no sabemos sus nombres, han muerto en los mares sin que nadie se entere. Personas que salieron en busca de esperanza y encuentran el dolor, el desamparo, al muerte. Ante dramas como esos, no podemos ser indiferentes. Debemos dar una respuesta que sea coherente con nuestra fe, con nuestro amor a Jesucristo. Cristo no entregó su vida en vano. El hizo posible un camino de esperanza, la esperanza definitiva”.

 

El Vicario Episcopal afirmó que “al recordar esos hermanos nuestros que han fallecido afirmamos que su sangre nos es inútil desde que las consciencias se muevan en la procura de un mundo mejor. La Iglesia recuerda siempre que en el centro de sus preocupaciones está la persona humana. Y es necesario que pidamos al Señor que comprendamos el misterio del dolor y que tengamos el deseo de ser uno con El, con la certeza que nos mostrará el camino de la verdadera paz y de la verdadera felicidad”.

 

D. Javier concluyó sus palabras con un recuerdo especial para los católicos de Siria y toda la población de aquél país inmerso en un terrible conflicto.

 

José Alberto Rugeles Martínez



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