Carta del Obispo Iglesia en España

Monseñor Barrio exalta los valores del matrimonio y la familia cristiana en la misa de las familias

Monseñor Barrio exalta los valores del matrimonio y la familia cristiana en la misa de las familias

La ya tradicional eucaristía se celebró en la Catedral

Organizada por las delegaciones diocesanas de Familia y de Apostolado Seglar se celebró hoy, 30 de diciembre, en la catedral de Santiago la ya tradicional Misa de las Familias, en la víspera de la Fiesta litúrgica de la Sagrada Familia.

Presidió la celebración el arzobispo compostelano, monseñor Julián Barrio, quien agradeció la presencia de las numerosas familias que se habían dado cita en la catedral. En su homilía, monseñor Barrio pidió a Dios por las familias, “de manera especial” por “las que están pasando momentos difíciles”. El arzobispo indicó, también, que “en la familia han de encontrar la realización plena las personas que la componen. En ella es posible experimentar el amor más parecido al amor de Dios, porque se nos ama no por lo que hacemos o tenemos sino por lo que somos; no se nos quiere por nuestras cualidades ni se nos deja de querer por nuestras limitaciones”.

Monseñor Barrio aseguró además que “es necesario el testimonio de las familias cristianas que viven su fe de manera gozosa y responsable. El alejamiento de Dios y la marginación de los valores morales, siempre favorecen el deterioro de la vida familiar”. El arzobispo reconoció y alabó también la “generosidad, dedicación y disponibilidad en el cuidado de los niños, jóvenes y mayores en circunstancias a veces difíciles por parte de la familia”.

Toda su homilía fue un canto al matrimonio cristiano y a los valores de la familia cristiana, como “la mejor garantía frente a la fragmentación social”.

HOMILÍA EN LA SAGRADA FAMILIA 2017

Agradezco vuestra participación en esta fiesta de la Sagrada Familia. Doy gracias a Dios por nuestras familias y pido que siga bendiciéndolas, de manera especial a las que están pasando momentos difíciles. Saludo con afecto a los niños y a los jóvenes, a los adultos y a los ancianos sabiendo que la Iglesia es familia y que la familia es iglesia doméstica.

Esta fiesta es un acontecimiento íntimo que nace de la experiencia de ser amado en un entorno de amor. Es el reflejo de la experiencia vital del amor de Dios plasmado en las relaciones humanas. Acrecentamos el amor en nuestra familia y lo transmitimos a la familia universal cuando hemos vivido la experiencia del amor que Dios nos tiene. La primera lectura refleja el sentir de quien vive su vida orientada desde Dios. Es un precioso comentario al cuarto mandamiento, subrayando la honra, el respeto y el cuidado de los padres. Una buena relación espiritual con Dios conlleva una relación adecuada con los demás y en primer lugar con los padres. “Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados” (Eclo 3,14).

En este sentido Pablo escribe a los Colosenses que de la experiencia de haber sido perdonados por el Señor nace nuestro perdón a los demás; de la experiencia de haber encontrado paz en el Señor nacen unos valores que conducen a una vida pacificada; de la escucha de la Palabra del Señor nace una relación gozosa con Dios. Esta actitud lleva a una vida llena de afecto, de reconciliación y de alabanza.

Simeón es una persona asistida por el Espíritu Santo y se deja conducir por él. Su forma de vida y su obediencia al Espíritu le permiten reconocer a Jesús y experimentar la alegría y el consuelo de encontrarlo. Espera y va al encuentro para acogerlo. ¿Vivimos las condiciones de ser conducidos por el Espíritu de Dios o nos mueven otras cosas? En la importancia de la vida cotidiana como experiencia de crecimiento espiritual, se trata de testimoniar a Dios en la cadencia rutinaria de los nuestros días sencillos y ocultos.

Es necesaria la espiritualidad del cuidado, del consuelo y del estímulo. “Los esposos cristianos son mutuamente para sí, para sus hijos y para los restantes familiares, cooperadores de la gracia y testigos de la fe”. Por eso mismo “la familia ha sido siempre el hospital más cercano”, donde hemos de curarnos y animarnos unos a otros, como parte de nuestra espiritualidad familiar. El amor de Dios se expresa “a través de las palabras vivas y concretas con que el hombre y la mujer se declaran su amor conyugal”. “Querer formar una familia es animarse a ser parte del sueño de Dios, es animarse a soñar con él, es animarse a construir con él, es animarse a jugarse con él esta historia de construir un mundo donde nadie se sienta sólo” (Amoris Laetitia 321).

En la familia han de encontrar la realización plena las personas que la componen. En ella es posible experimentar el amor más parecido al amor de Dios, porque se nos ama no por lo que hacemos o tenemos sino por lo que somos; no se nos quiere por nuestras cualidades ni se nos deja de querer por nuestras limitaciones ¡Cuánta generosidad, dedicación y disponibilidad en el cuidado de los niños, jóvenes y mayores en circunstancias a veces difíciles por parte de la familia! “Los niños tienen derecho a crecer en una familia con un padre y una madre, capaces de facilitar su desarrollo y maduración afectiva”. Es la mejor garantía frente a la fragmentación social.

El matrimonio es una necesaria combinación de gozos y de esfuerzos, de tensiones y de descanso, de sufrimientos y de liberaciones, de satisfacciones y de búsquedas, de molestias y de placeres, siempre en el camino de la amistad, que mueve a los esposos a cuidarse”. Hay que fortalecer la cultura de la fidelidad que alegra la vida pues el “compromiso definitivo de solidaridad, fidelidad y amor fecundo responde a los deseos más profundos del corazón humano”. La fidelidad y la felicidad en la vida matrimonial “es un trabajo de orfebrería que se hace todos los días a lo largo de la vida”.

Es necesario el testimonio de las familias cristianas que viven su fe de manera gozosa y responsable. El alejamiento de Dios y la marginación de los valores morales, siempre favorecen el deterioro de la vida familiar. Anunciemos con gozo la belleza de la familia, miremos a la Sagrada Familia y valoremos este “tesoro que Dios ha regalado a la humanidad y que es responsabilidad nuestra cuidar”. En esta fiesta de la Sagrada Familia, pido para todas las familias de la Diócesis la bendición de Dios con la intercesión de Jesús, María y José. Amén.

Santiago, 30 de diciembre de 2017.-

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