El fuego consume la iglesia de la Asunción de Santiago.
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Monseñor Aós: «Basta ya de violencia, no justifiquemos lo injustificable»

«La violencia es mala, y quien siembra violencia cosecha destrucción, dolor y muerte. Nunca justifiquemos ninguna violencia». Así comienza el arzobispo de Santiago de Chile, Celestino Aós, su declaración de condena por el incendio este domingo 18 de octubre de las iglesias de la Asunción y san Francisco de Borja (Carabineros), en el centro de la ciudad. El primer templo ardió por completo, derrumbándose incluso el campanario. El fuego fue provocado por grupos de alborotadores que participaban en una manifestación conmemorativa del primer aniversario del llamado «estallido social», las protestas multitudinarias a raíz de la subida de los precios del transporte público y la carestía de la vida que dejaron treinta muertos y miles de heridos. Este 25 de octubre el país debe pronunciarse en referéndum sobre la modificación, o no, de la Constitución vigente, que data de 1980, con Pinochet todavía en la jefatura del Estado.

Monseñor Aós recuerda en su declaración que las iglesias católicas ya fueron objetivo de los violentos entonces, que su reconstrucción exigió importantes «sacrificios», y que «los pobres son los más perjudicados» por estas acciones. Los hechos vandálicos, se lamenta, vuelven ahora a repetirse.  «Sentimos la destrucción de nuestros templos y otros bienes públicos; pero sentimos sobre todo el dolor de tantas personas chilenas de paz y generosidad. Esas imágenes no solo impactan y duelen en Chile, sino que impactan y duelen en otros países y otras gentes del mundo, especialmente hermanos cristianos».

El arzobispo expresa asimismo su cercanía a la feligresía de las parroquias afectadas y pide, de nuevo, el cese de la violencia. «Sepan y sientan que estamos unidos a ustedes: no perdamos la fe ni la esperanza: el amor es más fuerte, el amor es más fuerte. (…) A todos ustedes, queridos feligreses de Santiago, a todos ustedes queridos chilenos y gente de buena voluntad y amante de la paz, les suplico: basta, basta de violencia. No justifiquemos lo injustificable. Dios no quiere la violencia. Nos encontraremos para hacer como comunidad creyente actos de desagravio y de reparación. Ahora los invito a la oración, a purificar nuestro corazón para que no se nos meta ni el deseo de revancha, ni el rencor, ni el odio, ni la violencia. Hoy, con más fervor, junto a la Virgen del Carmen recemos “Haz de mí un instrumento de tu Paz…”. Benditos los que trabajan por la paz, benditos los que hoy pueden cerrar la jornada diciendo: he trabajado por un Chile mejor, he trabajado construyendo paz».

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