Iglesia en España Nacional

Mónica Prieto: “La Iglesia realiza una labor más importante con los migrantes que la de muchos poderes públicos”

Entrevista a Mónica Prieto, del Departamento de Inmigración de la Conferencia Episcopal Española

Mónica Prieto trabaja en la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, que nació para atender a los emigrantes españoles en Europa y que, con el transcurso de los años, ha abierto un departamento para atender a los migrantes que llegan a España, que es ahora uno de sus principales tareas. Mónica es socióloga y ha trabajado con niños y jóvenes migrantes no acompañados en casas de acogida, por lo que cuenta con una amplia experiencia en el trato con migrantes.

Diócesis de Segorbe-Castellón
24 de noviembre de 2019

 

¿Cuál es la situación actual de la migración?

Ahora mismo estamos en un momento muy urgente de acogida en toda España en el que nuestras diócesis están instando a las diferentes administraciones públicas para que se hagan cargo de todas las personas que huyen de situaciones terribles de guerras, violencia, trata de personas, etcétera. La Iglesia desempeña una labor subsidiaria, pero que a veces es más importante que las que realizan los poderes públicos.

¿Dónde está actuando la Iglesia con especial intensidad?

Los medios de comunicación ponen el foco de atención en las fronteras, donde es cierto que se está produciendo una situación grave. La Iglesia española lleva tiempo trabajando en ambos lados, aquí y con las diócesis hermanas de Marruecos. También existe una labor muy importante de acogida y acompañamiento pastoral en todo el proceso de integración del migrante en nuestro país. Desde la Conferencia Episcopal Española intentamos acompañar, elaborar instrumentos y materiales de sensibilización para facilitar estas tareas.

¿Por qué son importantes los cuatro verbos que ha propuesto el Papa Francisco: acoger, proteger, promover e integrar? ¿Cuál es el más relevantes en la fase actual?

El Santo Padre insiste mucho en la protección, en los derechos de los migrantes, pero, en realidad, los cuatro son importantes. No conviene perder de vista que, aunque vivamos ahora una llegada masiva de emigrantes iberoamericanos que huyen de la violencia brutal que se está produciendo en sus países, no podemos poner exclusivamente el foco de atención en la emergencia, puesto que olvidaríamos que existen multitud de personas que están trabajando en el campo y que sufren situaciones gravísimas de explotación, como las que viven tantas mujeres que van del invernadero al prostíbulo de una manera terriblemente habitual.

¿Quizás proteger sería, entonces, el verbo que más destaca en el presente?

Seguramente sí, por las situaciones de explotación, de trata de personas. El 80% de las mujeres prostituidas en España son víctimas de trata. El Papa Francisco ha elaborado un documento de orientaciones pastorales para paliar esta lacra, poniendo el foco en el negocio que se mueve a nivel mundial, en el que la huerta española es uno de los mayores prostíbulos de Europa.

Entiendo que las relaciones con las diferentes administraciones públicas no siempre resultarán sencillas…

El Papa insta a las diferentes conferencias episcopales a mantener el diálogo necesario con estas entidades. De hecho, la Santa Sede ha hecho sus propias recomendaciones a la ONU en el Pacto Mundial que se aprobó en diciembre de 2018, que ha reunido en los famosos veinte puntos. En España, más que formaciones políticas, las relaciones dependen de la mayor o menor sensibilidad de las personas que están al frente de las instituciones. En principio es de colaboración, aunque hay que insistir en que se cumplan los acuerdos internacionales que han saltado por los aires con la mal llamada crisis de los refugiados. Personas que tendrían que tener su estatuto de refugiados están ahora mismo internos en campos que a veces son de concentración.

¿Cómo actuáis en la cuestión de los menores no acompañados que ha saltado a la actualidad en la pasada campaña política de las Elecciones Generales Españolas?

La Iglesia lleva trabajando en este tema desde los años 80 del siglo XX. De hecho, las primeras casas de acogida de menores no acompañados son nuestras. El Papa Francisco también ha impulsado la creación de una sección específica en las conferencias episcopales de Infancia y Juventud. Este último año nos estamos planteando poner el acento en los menas para intentar encontrar soluciones y para que las administraciones públicas cumplan los acuerdos internacionales. Un menor no puede ser devuelto a su país. Necesita la tutela y el acompañamiento de personas adultas. La protección, en este caso, también resulta esencial.

¿Cuál es el principal problema que viven estas personas?

El problema de todos los menores tutelados, también los de origen español, es que a partir de los 18 años se quedan en la calle. Son chavales que, en muchos casos, son carne de cañón. Algunos ni siquiera están regularizados y no pueden trabajar. Cuando decimos que se están convirtiendo en delincuentes es que no les damos otra opción institucionalmente. Además, los centros de acogida están desbordados.

Por otra parte, los discursos de odio provocan que se les criminalice, cuando ya vienen lo suficientemente dañados de sus países y hay que protegerles. Con los medios adecuados y los educadores vocacionales, podrían salir adelante e, incluso, volver a sus países de origen. El gran engaño es el paraíso al que creen que vienen, como ha denunciado el Papa Francisco, que también lo es para nosotros. Estamos construyendo una sociedad deshumanizada.

¿Cómo estáis abordando el problema de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs)?

Desde 2014, la Iglesia atiende religiosamente los CIEs de toda España y prácticamente desde que empezaron, sacerdotes con gran sensibilidad pidieron estar presentes en estos centros para acompañar religiosamente a lo internos. Incluso ahora que los cristianos son allí minoría, siguen entrando y hay ejemplos muy edificantes de acompañamiento de personas de origen musulmán. A veces se les ayuda a paliar hasta las necesidades materiales más básicas y ofrecerles un contacto en el exterior para cuando salgan del centro; incluso el sacerdote les facilita su teléfono personal.

Una de las cuestiones que aprendemos los que nos movemos en este ámbito es que los migrantes nos superan en fe y en vivencia de la espiritualidad, independientemente de que sean cristianos o musulmanes. Una de las realidades que sostiene al migrante es su fuerte espiritualidad. Muchos, cuando llegan a una casa de acogida, antes que un bocadillo o una cama, piden una biblia o un Corán y una lugar para rezar y dar gracias a Dios. Lo más importante del mensaje del Papa para la Jornada de los Migrantes y los Refugiados de 2019 es la invitación a la conversión que pasa por la transformación del mundo, por la recuperación de nuestra fe, que está adormecida y acomodada a una sociedad consumista. En este importante asunto, los migrantes son una referencia impresionante. El migrante no puede sobrevivir sin su fe.

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