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Misericordia y justicia

Misericordia y justicia
El papa Francisco acaba de abrir la puerta del año de la misericordia para todo el universo cristiano y los hombres de buena voluntad que quieran sumarse a la corriente de la ternura y la generosidad. Lo hemos visto empujar la portada en Roma, pero eso no era más que la reafirmación de lo que previamente había hecho en un viaje apostólico a Centro África.

Nuestro Arzobispo Celso ha hecho lo propio en la catedral de Badajoz, en el tercer domingo de Adviento, cuando la palabra bíblica invitaba, al mismo tiempo, a la alegría, a la ciudadanía y a la justicia en la boca del profeta Juan el Bautista. Él mismo, en un artículo ponderado en la presna regional, amén del decreto diocesano, nos daba cuenta de dos aspectos de la misericordia, la del perdón y la de las obras corporales y espirituales de esa misericordia.
Lo que Dios ha unido…

Ante estas llamadas yo creo oportuno en orden a asimilarlas, cuidar un aspecto bastante transversal que es el que se refiere a la misericordia en su relación con la justicia, para no deslindar cuestiones que se implican mutuamente y que no pueden entenderse una sin la otra. Los mismos documentos papales -tanto de Juan Pablo II, Benedicto XVI como de Francisco- nos avisan continuamente de este posible dualismo. En la reflexión creo que es bueno, para nosotros -obispos, sacerdotes, religiosos, laicos y hombres de buena voluntad de Extremadura-, partir de nuestra propia realidad extremeña para no andarnos por las nubes de un pietismo desencarnado y caer en un indiferencia de los problemas más graves, quedándonos en acciones aisladas sin un compromiso personal de conversión y transformación.
La realidad de la pobreza hoy

Estamos ante las elecciones y se nos habla de la mejora de la economía y de la sociedad, en lenguajes que no separan lo macro de lo micro. La situación realmente es grave cuando hablamos de un treinta por ciento de paro en Extremadura, de un cuarenta por ciento de la población en conexión de la pobreza en sus distintos niveles, con ciento cincuenta mil parados, con una juventud en la que los que están en torno a los 25 años no trabajan seis de cada diez, donde más del cincuenta por ciento de los adolescentes no acaba la secundaria. Todo esto está haciendo la vida muy difícil para muchos, para las parejas, para la atención de los hijos, se pierde incluso el interés laboral.

La realidad extremeña se enmarca en una situación global de pobreza y de desigualdad, como podemos comprobar por ejemplo en lo que se refiere al alojo y la vivienda, ahí nos encontramos muchedumbre ingente de desalojados en el mundo por motivos diferentes: 174 millones de migrantes con dirección al norte y 60 millones con dirección al sur, más de 800.000 personas habrían llegado a Europa a través del Mediterráneo, más de 3.400 habrían perdido la vida en esa ruta, más de 30.000 personas en España viven en la calle, 216 desahucios diarios… Situaciones de pérdidas que, vividas de manera prolongada en el tiempo, crean escenarios personales y familiares de sufrimiento, desesperanza, preocupación, incertidumbre y dolor.
Pedir perdón

Esta realidad necesita el perdón, perdón que necesitamos los que vivimos en la abundancia, porque como decían los santos padres de la Iglesia “toda riqueza es injusta”. Por eso no podemos hablar de la misericordia y sus obras al margen de las claves de la justicia, sería hiriente para los que sufren en la inocencia de haber nacido en un sitio o en otro, en una familia o en otra, de trabajar o no trabajar, de tener papeles o no tenerlos, de ser perseguidos o no serlo… La riqueza es injusta si tiene de base una desigualdad que impide la dignidad de los que están alrededor.
Dos caras de la misma moneda: justicia y misericordia

El Papa queriendo una iglesia de la misericordia, se vuelve al mundo deseando ternura y generosidad, pero la pide desde el estrado de la justicia que denuncia todo lo que es injusto, y nos recuerda que la misericordia y la justicia van de la mano: “no son dos momentos contrastantes entre sí, sino dos dimensiones de una única realidad que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor”.

La misericordia camina por la vía del perdón, de la verdadera reconciliación, que pasa por el corazón de lo humano que desea la justicia frente al hermano solo y desamparado. Un corazón que, desde la ternura y la generosidad, se empeña en establecer caminos de dignidad, de igualdad y de libertad para todos. De este modo aparece claro que no hay misericordia sino se asienta en la justicia, pero que la verdadera justicia nace de corazones avezados en la misericordia que han desarrollado la sensibilidad de la entrega y del compromiso a favor de los otros, porque creen que otro mundo es posible.
Cáritas nos interpela para la justicia

Sabemos que Cáritas en Extremadura llega al 18% por ciento de los pobres, es un signo de misericordia, y clama con el deseo reivindicativo de la justicia a favor de los últimos. Pero la realidad exige un compromiso de todos los cristianos y de toda la ciudadanía en los distintos ámbitos que le son propios, la economía, la política, las relaciones sociales, la familia, las comunidades cristianas. Un compromiso que ha de pasar por cambios personales y sociales serios.

La Navidad, con las elecciones en sus puertas, ha de ser un tiempo de reconciliación de la humanidad, el corazón debe movernos a la preocupación por la justicia y a la defensa de los que sufren injusticia. El programa está claro para creyentes y no creyentes, la salvación del mundo está en las manos justas de todos los que habitamos este planeta, que es nuestra casa y nos llama al deseo de ser una sola familia. Misericordia y justicia para todos, especialmente para los pobres, para nosotros el perdón de nuestra riqueza injusta y el peligro de la indiferencia.
José Moreno Losada. Sacerdote de Badajoz

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