El cardenal Parolin ha presidido la Misa de Año Nuevo en la basílica de San Pedro.
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Misa de Año Nuevo: «Será un buen año, si cuidamos de los otros»

Misa de Año Nuevo en la basílica de San Pedro del Vaticano. Misa en la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, presidida a las diez de la mañana por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, debido a la «dolorosa ciática» que aqueja al Papa Francisco, según anunció ayer la Sala de Prensa de la Santa Sede. Misa en el día en que la Iglesia celebra también la quincuagésima cuarta Jornada Mundial de la Paz con un mensaje claro: el camino hacia la paz pasa por la construcción de una «cultura del cuidado» que permita «erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontación» que prevalece hoy. «La cultura del cuidado como camino de paz», es precisamente el título del Mensaje papal para esta Jornada.

En la homilía preparada por el Santo Padre para la celebración de hoy, leída por el cardenal Parolin, Francisco ha glosado los tres verbos que subrayan las lecturas de la liturgia (Números, Carta de San Pablo a los Gálatas y Evangelio de Lucas), y que se cumplen en la Madre de Dios: bendecir, nacer y encontrar.

Con respecto al primer verbo, bendecir, el Papa dice que es importante que los sacerdotes bendigan al Pueblo de Dios y que todos los fieles sean portadores de bendición. «(…) Con el Hijo de Dios, no recibimos sólo palabras de bendición, sino la misma bendición: Jesús es la bendición del Padre. (…) Cada vez que abrimos el corazón a Jesús, la bendición de Dios entra en nuestra vida», reflexiona Francisco antes de definir a María como «la bendita por gracia» que nos trae la bendición de Dios —«Donde está ella, llega Jesús»— y de invitarnos a todos a bendecir, «a decir bien en nombre de Dios», porque «el mundo está gravemente contaminado por el decir mal y por el pensar mal de los demás, de la sociedad, de sí mismos». Y así como «la maldición corrompe, hace que todo degenere», la «bendición regenera, da fuerza para comenzar de nuevo».

Nacer es el segundo de los verbos. Cuando San Pablo remarca hoy que el Hijo de Dios ha «nacido de mujer» (Gal 4, 4), nos está diciendo en pocas palabras «una cosa maravillosa»: «que el Señor nació como nosotros. No apareció ya adulto, sino niño; no vino al mundo él solo, sino de una mujer, después de nueve meses en el seno de la Madre, a quien dejó que formara su propia humanidad».

El Papa recuerda que «no estamos en el mundo para morir, sino para generar vida», y que el primer paso para dar vida a lo que nos rodea es amarlo en nuestro interior. «Del corazón nace el bien: qué importante es tener limpio el corazón, custodiar la vida interior, la oración. Qué importante es educar el corazón al cuidado, a valorar a las personas y las cosas. Todo comienza ahí, del hacerse cargo de los demás, del mundo, de la creación. No sirve conocer muchas personas y muchas cosas si no nos ocupamos de ellas. Este año, mientras esperamos una recuperación y nuevos tratamientos, no dejemos de lado el cuidado. Porque, además de la vacuna para el cuerpo se necesita la vacuna para el corazón, que es el cuidado. Será un buen año si cuidamos a los otros, como hace la Virgen con nosotros».

Sobre el tercer verbo, encontrar, el Papa subraya que los pastores «encontraron a María y a José, y al Niño», una familia sencilla, y no signos prodigiosos y espectaculares. Y allí, sin embargo, «encontraron verdaderamente a Dios, que es grandeza en lo pequeño, fortaleza en la ternura». Nadie podía «imaginar un Dios semejante, que nace de una mujer y revoluciona la historia con la ternura», pero «por gracia lo hemos encontrado». Y ese Dios nos hace renacer con su perdón, «su consuelo enciende la esperanza, y su presencia da una alegría incontenible».

Francisco indica que no debemos perderlo nunca de vista, porque al Señor no se le encuentra una vez para siempre, sino que hay que encontrarlo cada día. «Y nosotros, ¿qué debemos encontrar al inicio de este año?», se pregunta. «Sería hermoso —responde— encontrar tiempo para alguien. El tiempo es una riqueza que todos tenemos, pero de la que somos celosos, porque queremos usarla sólo para nosotros. Hemos de pedir la gracia de encontrar tiempo para Dios y para el prójimo: para el que está solo, para el que sufre, para el que necesita ser escuchado y cuidado. Si encontramos tiempo para regalar, nos sorprenderemos y seremos felices, como los pastores».

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