Iglesia en España Nacional

Misa de acción de gracias por los santos Papas Juan XXIII y Juan Pablo II y por la beata madre Esperanza de Jesús

 Misa de acción de gracias por los santos Papas Juan XXIII y Juan Pablo II y por la beata madre Esperanza de Jesús

Queridos sacerdotes, Vicario General, Cabildo, diáconos y seminaristas, Vicario de las Esclavas e Hijos del Amor Misericordioso, Religiosos y novicios

Queridos hermanos: Os he convocado este día para dar gracias a Dios porque vemos inscritos entre los santos a los dos Papas beatos: el primero, Juan XXIII, hijo de la tierra italiana, que se mereció el título de ‘Papa Bueno’; fue él quien convocó, hace más de medio siglo, el Concilio Vaticano II. El segundo, Juan Pablo II, hijo de la tierra polaca, el Papa de la Divina Misericordia;que le dio vida a las decisiones del Concilio e introdujo a la Iglesia en el tercer milenio de la fe. El tercer motivo: la beatificación de Madre Esperanza de Jesús, española e hija de esta tierra murciana, que llevó a Italia el aroma del azahar y la exuberancia fértil del amor misericordioso y allí su obra dio frutos abundantes, porque su inquietud no era otra, sino la santificación «cueste lo que cueste».

La Iglesia de Cartagena está henchida de felicidad, porque una murcianica de Santomera, del Siscar, nos ha enseñado el camino de la santidad de una manera sencilla: queriendo a Dios con toda el alma, porque esa es la vía que te hace vivir la caridad.

 

Daremos gracias a Dios por estas vidasejemplares de santidad, por los testimonios extraordinariamente transparentes de amor y servicio de esos dos pastores, y por el amor misericordioso de una religiosa, la Madre Esperanza de Jesús…Hemos venido a dar gracias con los oídos bien abiertos, porque estamos dispuestos a aprender. A este propósito viene bien recordar lo que decía el Papa santo, Juan Pablo II:“Los santos no nos piden que les aplaudamos, sino que los imitemos”.Este es el misterio, el sentido de esta hermosa jornada, imitar alos nuevos santos y a la beata Madre Esperanza, que tuvieron, cada uno en su momento histórico,“el valor de defender abiertamente la fe en Jesús en una época de apostasía silenciosa … de defender la familia, la vida humana, la paz mientras soplaban vientos de guerra… de salir al encuentro de los jóvenes para librarlos de la cultura del vacío y de lo efímero invitándoles a acoger a Cristo, única luz de la vida y el único capaz de dar plenitud de alegría al corazón humano”. La beata había confesado en más de una ocasión cómo quería conducir la propia existencia, “la santidad —decía— consiste en vivir en Jesús”, su inquietud era la santificación «cueste lo que cueste».

 

A ver, un minuto de sinceridad, ¿quién no se ha encomendado a la intercesión de uno de ellos o a la de los tres? ¿Han pensado por qué? ¿Tantas cosas bellas y buenas que hicieron? ¿Por cómo han descrito su vida, porque le han hecho películas, por sus escritos…? No, seguro que no, ha sido porque son santos o beatos, porque la Iglesia nos ha dicho que son un ejemplo para nosotros y nos hemos centrado en la santidad. ¡Sí!, en la santidad, aunque decir eso escandalice a algunos. Recordad lo que les enseñaba San Felipe Neri a los críos y lo que fue el centro de su vida: ¡Prefiero el paraíso!

 

1. San Juan XXIIIfue el ‘Papa Bueno’, un pastor y padre. Gracias a sus diarios íntimos podemos conocer su santidad en todas las etapas de su vida, por eso conocemos que, “a los 23 años su empeño de hacerse santo, apoyándose en cuatro puntos: el espíritu de unión con Jesús; el recogimiento del corazón; el rezo del santo rosario; la vigilancia de las propias acciones”.Todos conocemos su sentido del humor y decía:“Todos me llaman Santo Padre,  no poseo la santidad, pero los deseos de poseerla son muy vivos y decididos en mí”. A san Juan XXIII le distinguía su condición de pastor y padre, reconoce el Papa Francisco; pero también, la “cordialidad, la mansedumbre y la alegría, así logró entrar en el corazón de las personas.La raíz de su santidad fue la obediencia evangélica a la voz de su Señor, por eso predicó al mundo la Evangeliigaudium, antes de ser escrita”.

 

2. San Juan Pablo II nos abrió su corazón y su fe sencilla, su profundidad mística (por sus estudios de San Juan de la Cruz) y la valentía para afrontar las contrariedades de la vida. Era un hombre de Dios. Padre espiritual para la humanidad.?La fe sencilla de Juan Pablo II se podía transparentar en la necesidad del contacto con la gente, que lo hemos visto siempre, como sacerdote, como obispo, como cardenal y también como Papa.Podemos afirmar que “a través de esa cercanía con el pueblo de Dios, quería sentir con el corazón de la Iglesia”. Y así, tenía un solo propósito: “evangelizar para llegar a la santidad”.

 

3. María Josefa Alhama Valera nació el 30 de septiembre de 1893, en el Siscar, pedanía de Santomera, en la casa parroquial potenció su fe y a la edad de 22 años ingresó como religiosa.En la Navidad de 1930 Madre Esperanza fundó la Congregación de Esclavas del Amor Misericordioso en Madrid. Se dejó llevar de la voz del Espíritu y marchó a Roma en una época difícil, allí se entregó al cuidado de los heridos afectados por los bombardeos y de las víctimas de la guerra. Fue en estos momentos cuando se ocupó de los nada tenían, hasta el extremo. Toda su obra de amor misericordioso se desarrolló en Italia. ¡Cuánto me gustaría que en su tierra, la Madre Esperanza de Jesús, fuera más conocida! ¡Qué afortunados somos de tener una intercesora en el cielo, que conoce los olores de la huerta y por sus manos pasarían alhelíes, jazmines, clavellinas y manojos de celindos para honrar a la Virgen María en el mes de mayo! Y cómo su experiencia de fe le llevó a una entrega a Dios a ofrecer su propia vida: ¡Todo por amor!

 

En la carta apostólica para la beatificación, el Papa Francisco exalta a Madre Esperanza por tres méritos: “como fundadora de dos congregaciones de vida consagrada, las Esclavas y los Hijos del Amor Misericordioso; como testigo de la mansedumbre de Dios, sobre todo hacia los pobres; y como promotora de la santidad del clero diocesano”.

 

Hermanos, nuestra meta es ser santos. Dios, en su infinito amor, nos ha creado a imagen y semejanza suya y nos ha infundido su Espíritu para que tengamos vida, y vida en abundancia; esto es un claro reflejo del amor del Padre para con nosotros, pues Él quiere que el hombre viva y no de cualquier manera, sino conforme a Él,siendo obedientes, cumpliendo sus mandatos y escuchando su Palabra. Cuando el hombre está en sintonía con Dios, vive una vida de santidad, porque en el interior siempre se escucha esta invitación: “Sed Santos,porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy Santo” (Lev 19, 2).

La santidad no es una cosa ñoña, significa que cuando nos mire la gente, vean a Dios, ¡somos su imagen! Debemos permanecer siempre unidos a la vid, como el sarmiento; que va recibiendo la savia que es Cristo que nos fortalece en la fe y en el amor; además, Él nos regala su Espíritu, que nos indica el camino perfecto y que nos defiende de todo lo malo, sólo hay que disponer la mente, el corazón y la voluntad para que Dios nos haga dignos dispensadores de la gracia que por el Bautismo se nos ha dado a todo aquel que cree y confiesa el nombre de Cristo como nuestro Padre, Amigo, Guía, Pastor, Maestro y Salvador de la humanidad en camino de la perfección.

 

Vosotros, niños, jóvenes y adultos, matrimonios y familias plantead vuestra vida en la santidad; también los ancianos y los enfermos podéis alcanzar la santidad. Ser santo no es otra cosa, sino amar a Dios, cumplir sus mandatos y ser perfectos como nuestro Padre celestial también es perfecto.

 

Pedimos a san Juan Pablo II, a san Juan XXIII y a la beata Madre Esperanza de Jesús, que nos ayuden a continuar con nuestra labor evangelizadora en esta Iglesia particular, que seamos apóstoles de la alegría y de la esperanza…, del amor misericordioso, porque preferimos el Paraíso. Sabemos que no es fácil, pero tenemos fuertes intercesores en el camino. Esto dice el Papa Francisco, que somos “caminantes, no errantes y que somos peregrinos pero no vagabundos”. No tenemos miedo, porque vamos con Jesús, el Viandante resucitado que camina con nosotros. Jesús hoy está aquí, está aquí entre nosotros. Está aquí con su Palabra, camina con nosotros, es el Viandante resucitado.

Señor, concédenos el don de la paz, nos hacemos eco de la petición del Papa y te pedimos que concedas al mundo la paz, en especial a los habitantes de la tierra en la que tu naciste.

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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