Rincón Litúrgico

Mira que le mira

Señor, si es verdad cierta que me miras,

y no dejo de estar ante tus ojos.

Al levantar los míos a los tuyos,

siento el pudor, al vérmelos oscuros.

Cómo dejarse ver por tu semblante,

si he perdido la luz de mi mirada.

Y soportar la fuerza de tu rostro

Si parece arrogante que te mire.

Me siento mejor postrado, rendido,

vuelto hacia mi yo como el publicano,

sabiéndome acogido en tu presencia,

sin evadir tu amor necesitado.

¿Acaso te has quedado en el misterio,

para fijar mis ojos en los tuyos,

sin sentir el pudor de tu presencia

al verte compasivo, cara a cara?

¿Acaso te velas en la materia,

para poder estar en tu presencia?

Y dejas contemplarte, aun sin verte,

destellos interiores en el alma.

Mire que le mira, dice tu santa,

y ella nos aconseja te miremos.

Más ella gozaba de tu presencia,

mientras yo no puedo esquivar mi herida.

Sé no me justifica mi pecado,

para volver mis ojos a los tuyos.

Perdóname los ciclos de retorno,

y los momentos que vivo en exilio.

Mejor será permanecer sereno,

Sin éxtasis de luz, más conocido.

Mejor será permanecer discreto,

sin experiencia cumbres, más unido.

Déjame gustar, al menos, muy adentro,

no se te ocultan mis buenos deseos.

Aunque tenga bajada mi mirada,

Tú sabes no hay alivio, si me alejo.

Ávila, 12 de octubre, 2019

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