Zona Cero

Minneapolis, mayo de 2020

Creo que todo aquel que lea estas lineas está en el mismo tren. Nadie de nosotros creemos que hay una raza superior a otra. Tampoco creo que lo haya donde hoy está el foco del racismo, pese a que pueda parecer lo contrario. Estados Unidos tiene su pasado como lo tenemos los europeos. El curso de la Historia nos ha hecho a ambos ser señores con esclavos a nuestro servicio. No lo podemos negar. Pero ese curso de la vida avanza y nos lleva hasta hoy, 2020, con sociedades ricas en cultura y convivencia. Estados Unidos y Europa son espacios de amplia libertad, seguridad jurídica y coexistencia pacífica, pese a los muchos intentos que hay de hacer volar por los aires nuestro estilo de vida. Esto tampoco lo podemos negar.

George Floyd murió en Minneapolis tras siete angustiosos minutos. No mereció es trato. Su asesinato no debe quedar impune y no hay excusa para depurar responsabilidades. El oficial de policía debió escuchar sus ruegos de «Please, I can´t breathe». Su rodilla empotrada en su cuello –cuyo video ha dado la vuelta al mundo– nos duele en lo más profundo de nuestra alma. Ningún ciudadano, blanco o negro, latino o asiático, merece este trato por parte de la autoridad policial. Y así lo entienden quienes llenan las filas de nuestras policías. Pero siempre, por desgracia, hay abusos de fuerza, que, salvo riesgo mayor contra otros ciudadanos, no tienen justificación.

Dicho esto, quiero pasar a la reacción de muchas personas en Estados Unidos. Y quiero ser claro: la Justicia tiene sus cauces y sus tiempos. Los disturbios, los saqueos y las amenazas y agresiones violentas tampoco tienen justificación alguna y menoscaban la honrada causa de concienciar a la sociedad a cerca de la muerte de un ciudadanos por un abuso policial. Tomarse la justicia por su mano y elegir libremente a los culpables, ciudadanos que protegen sus negocios o que deploran esas actitudes violentas, es una de las mayores amenazas a nuestro sistema social, jurídico y económico. Con sus defectos, pero hasta la fecha el mejor sistema posible. Quienes desafían las libertades ciudadanas mediante la violencia descontrolada contra personas y bienes, pretenden buscar un caos para imponer su sistema, muy inferior al actual, donde una idílica emancipación será el perfecto y medido camuflaje a una sombría dictadura. ¿Se imaginan que reaccionaremos tomándonos la justicia por nuestra mano cada vez que asesinan a un cristiano por su fe? Son miles los que caen por ser seguidores de Jesús  y entendemos que, a parte de poner la otra mejilla, sabemos que hay cauces para la rendición de cuentas y para evitar se repita. El problema en este caso es que esos asesinatos suceden en países donde no hay libertad, seguridad ni coexistencia. Por ello mismo, pese a los fallos, debemos confiar la justicia en los órganos democráticos y legítimos que sí tenemos en nuestro sistema y en nuestros países y no derrocarlos como algunos constantemente pretenden aprovechando protestas que buscan mejorar la sociedad. Una cosa es buscar renovar el sistema y otra es buscar suplantarlo por el caos y una dictadura exaltada.

Expuesto todo esto, caben aún muchas cuestiones y debates. ¿Qué debemos hacer para fortalecer nuestro sistema? Desde luego, como decía al inicio, no creer a ninguna raza superior a otra. Colaborar en esta coexistencia supone respetar al otro. Amar a esa persona no quiere decir participar en lo que defienda ni aceptar todo lo que haga o diga. En este punto, los cristianos somos, con toda la humildad, modelo de ello: que no aceptemos ciertas ideas no quiere decir que odiemos a las personas que sí las defienden. Las respetamos y las amamos por la dignidad que envuelve a todo ser humano. Desde esta visión cristiana, la tolerancia da un paso más llegando hasta el amor al prójimo. Ese amor, para nosotros significa desear lo mejor para el otro, pese a que no vaya conmigo o pese a que esté cometiendo pecado. Ese deseo es sincero y ante el mal, hay un camino abierto de reconciliación. ¿Es posible avanzar por la legalidad y el pacifismo hacia mejores escenarios? En Estados Unidos, desde los libertadores de la esclavitud con Rosa Parks a la cabeza, pasando por el reverendo Martin Luther King y llegando hasta el Presidente Barack Obama, hay una historia de superación ejemplar que va desde la opresión al liderazgo de todo el país. Su ejemplo nos debe servir. La población afroamericana ha demostrado su valía en un país donde hace 200 años solo se les tenía para recoger algodón y servir la comida. Las reacciones en varias ciudades estadounidenses, ¿son válidas? Las protestas son validas y responde al libre ejercicio de nuestra libertad de expresión. Además, creo sinceramente que son necesarias para canalizar la frustración de millones de personas. Aquellas que están siendo violentas, intimidando a ciudadanos inocentes y destruyendo barrios, negocios y bienes particulares no son válidas y merecen nuestro rechazo. No hay excusa para la violencia ni para aquellos que intentan justificarla.

En resumen, el actual sistema, pese a tener errores, es el que mejor garantiza la libertad, la seguridad y la justicia. Episodios como el de Minneapolis deben servir para replantear muchas cosas y denunciar las injusticias que puede haber contra minorías o grupos marginales y los abusos de poder. La violencia descontrolada contra inocentes y sus propiedades o buscar sembrar el caos solo produce más violencia e injusticia y borra todo rastro de la necesaria y constante regeneración de nuestra armadura social y jurídica. Que el «no puedo respirar» de George Floyd se convierta en un grito para mejorar la coexistencia y demostrar que nadie nos puede arrebatar el progreso donde la dignidad de toda vida sea respetada y defendida.

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