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Con el miércoles de ceniza, comenzamos el Tiempo Cuaresmal

Con el miércoles de ceniza, comenzamos el Tiempo Cuaresmal

Un tiempo importante para todos y cada uno de los que nos llamamos cristianos.
Recorrer la cuaresma, es ir preparándonos para los misterios centrales de nuestra fe: Pasión, Muerte y sobre todo, la Resurrección.

Para prepararnos mejor, la Iglesia nos aconseja tres actitudes que nos ayudan a vivir más intensamente este tiempo: El Ayuno, La Oración y la Limosna.

Ayunar, no es sólo dejar de comer carne, que si lo vemos desde esa perspectiva, se cumple una norma que a veces puede parecer que no tiene mucho sentido.
Pero, la pregunta sería, ¿de qué tengo que ayunar?
Y seguramente, que dando otro enfoque, nos saldrá una lista de actitudes y comportamientos que debemos mirarnos y cambiar.

Orar, no es repetir formulas rápidamente y como si fuéramos «papagayos».
Es ponernos en la presencia de Dios, sacar un rato cada día, acudir a Él, tenerlo presente y que sea nuestro centro y nuestro motor por el cual somos cristianos.
Quedamos con personas, con amigos, con familia… Y cuando nos toca ir a rezar, lo hacemos rápido, «cortito» y sin muchos adornos… Este tiempo es muy propicio para pararnos y dejarnos que Él nos vaya modelando. Pero para eso, nos tenemos que poner delante y dejar que nos hable.

Limosna, «anda, tengo algún dinero suelto, se lo doy al que pide en la puerta», «voy a cambiar mi ropero, y como algunas cosas las tengo estropeadas o me quedan pequeñas, pues la doy». «Qué bueno soy, acabo de hacer una obra de caridad», con perdón de la expresión, esa actitudes que muchas veces tenemos, es de «miserables» y encima estamos cometiendo un pecado grave.
Dar limosna, no es dar de lo me sobra, de lo que no quiero. Dar limosna es quitar lo que yo quiero, quedarme sin el, aunque me cueste darlo, y entregarlo.
Es tratar al prójimo como un hermano. No como «contenedor» que recoge las cosas que no quiero.

Y el Evangelio de hoy, es claro.
Todo lo que hemos hablado anteriormente, se hace desde el silencio.
No hace falta ir contando a las personas si hacemos obras de caridad o no. Si ayudamos o no.
Lo importante, es que, aunque las personas no se enteren, Dios si lo ve.
No tenemos porque ir contando las cosas, como si fuéramos por la vida  de «superhéroes del cristianismo».

El Tiempo de Cuaresma, es para vivir desde el anonimato, ayudando a las personas que están cerca de nosotros, relacionarnos más con el Señor y descentrarnos de nosotros mismos para poner en el centro a ese Dios que se hace hombre para nuestra salvación.

Que María, nos ayude a vivir este tiempo con humildad y sencillez.
Que así sea.

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