Monseñor Santiago García Aracil
Mons. Santiago García Aracil
Iglesia en España

Mi felicitación a todos en la Navidad, por Santiago Garci?a Aracil, Arzobispo de Me?rida-Badajoz

MI FELICITACIO?N A TODOS EN L A NAVIDAD

Queridos paisanos todos, sea?is cristianos o no: Lo propio en estas fechas es la felicitacio?n. La Navidad es una gran fiesta para creyentes en Jesucristo y para quienes no lo son. En estos di?as parece que reverdecen los buenos sentimientos. Aflora en los corazones una mayor inclinacio?n a perdonar, a compartir, a tener en cuenta a quienes carecen de los medios para celebrar la fiesta, aunque sea con toda sencillez.

Vivimos tiempos en los que el protagonismo social parece corresponder a las tensiones y a los deso?rdenes de diverso grado y estilo que ensombrecen el paisaje social y llegan a veces, incluso, a crispar los a?nimos de muchos. El dolor que causa constatar la pobreza tan extendida, y la falta de signos que permitan ver en el horizonte promesas realistas y concretas de una pro?xima solucio?n, se convierte en una pesada losa que gravita sobre los que no tienen trabajo, sobre quienes viven situaciones familiares de especial tensio?n, sobre quienes esta?n siendo vi?ctimas de graves abusos de diverso orden, y sobre tantos otros que viven carencias espirituales o materiales.

Ante este paisaje social que no debemos olvidar ni un solo momento, y que la Iglesia tiene muy presente siempre en sus oraciones y en sus esfuerzos caritativos, brota una inquietante pregunta: ¿Podemos andar con felicitaciones en estas fechas marcando las diferencias entre quienes pueden gozar y quienes no tienen ma?s remedio que seguir sufriendo?

Es necesario que entendamos bien el sentido de la felicitacio?n naviden?a. En creyentes y no creyentes, el saludo naviden?o debe ser la expresio?n sincera de una decisio?n personal, concreta y operativa de poner lo que este? de parte de cada uno para aliviar la situacio?n ajena. Un autor no cristiano dijo con gran acierto que en la vida de un hombre esta? la vida de todos los hombres. Por tanto, la felicitacio?n naviden?a debe significar en todos un serio compromiso de comportarse con el pro?jimo con una limpia solidaridad, con caridad, con espi?ritu fraternal.

Para los cristianos, la felicitacio?n naviden?a tiene otro alcance, adema?s. Con ella deseamos a los hermanos de cualquier edad y condicio?n que lleguen a saborear la felicidad y la paz interior que nos trae Jesucristo con su encarnacio?n cuyo fin era la redencio?n.

La cercani?a del Sen?or nos ayuda a encontrar el sentido de cuanto somos y de cuanto nos ocurre. Encontrar este sentido no se parece en nada a un vano consuelo o a una inoperante resignacio?n ante el mal que se sufre. El sentido que nos ofrece Jesucristo, y que debemos tener presente al celebrar la Navidad y al felicitarnos en ella, nos permite descubrir que? utilidad tiene todo ello para nuestro crecimiento personal y para la edificacio?n de los dema?s. No se trata solamente de pensar que “no hay mal que por bien no venga”. Se trata de llegar a saber cua?l es el bien que se derivara? del mal que se sufre, descubrir que Dios todo lo hace o lo permite para nuestro bien. E?l nos ama infinitamente a todos y no abandona a nadie a su suerte. Nos ensen?a que todos estamos comprometidos con los dema?s, y que todos somos, de algu?n modo, responsables y beneficiarios de la situacio?n difi?cil o pro?spera que ellos viven.

Si en la Navidad, y en algunas ocasiones ma?s, pensa?ramos seriamente sobre la i?ntima relacio?n entre las personas de toda raza, condicio?n y situacio?n; y si esta reflexio?n nos llevara a tomar posturas sinceras, generosas y mantenidas de acuerdo con los principios e?ticos y caritativos, desapareceri?an muchas injusticias en el mundo, habri?a ma?s paz, ma?s alegri?a y ma?s esperanza.

No olvidemos que Jesucristo, nacido en Bele?n, es el camino, la verdad y la Vida. Los cristianos debemos tomar especial conciencia de lo que Jesucristo nos trae y nos pide. E?l quiere de nosotros que amemos la verdad ma?s que a nosotros mismos; y ello, sobre todo, en tiempos en que tanto se miente o se habla y se escribe a la ligera, sin respeto a la verdad y sin responsabilidad social o eclesial. El Sen?or quiere que ayudemos a los dema?s a encontrar el camino que les ha de llevar a la vida, a encontrar el sentido de la vida aqui? en la tierra y la vida eterna junto a E?l en el cielo.

Quiero terminar con unas palabras de S. Pablo, especialmente aleccionadoras para nuestro tiempo. “Nosotros, los robustos, debemos cargar con los achaques de los endebles y no buscar lo que nos agrada. Procuremos cada uno dar satisfaccio?n al pro?jimo en lo bueno, mirando a lo constructivo. Tampoco Cristo busco? su propia satisfaccio?n; al contrario, como dice la Escritura: Las afrentas con que te afrentaban cayeron sobre mi?” (Rom. 15, 1-3).

Desde estos supuestos, os digo a todos, con sincero corazo?n y con esperanza en la gracia de Dios y en la bondad de muchas personas: ¡FELIZ NAVIDAD!

Santiago Garci?a Aracil Arzobispo de Me?rida-Badajoz

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