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Opinión

Mi barrio huele a ausencia, por José Moreno Losada

Mi barrio huele a ausencia, por José Moreno Losada

Vivo en Badajoz, en el barrio de la estación y, más concretamente, en el barrio de San Fernando. Éste, tiene la singularidad de esos lugares de sabor propio que rodean a las estaciones de Renfe, donde la vida del barrio, tan cercana y conocida, se hace sencilla. Me gusta cuando puedo andar por él y vivir en él, ir a comprar fruta, visitar la barbería, tomar un café y unos churros, comprar y leer el periódico, adquirir un cupón, ir al banco, pasear junto a los raíles, comprar unos claveles rojos y blancos para mi madre, atravesar la avenida para ir al centro –librería diocesana- por el puente viejo…

En cada acción nombrada se puede situar un personaje concreto y reconocido por todos en el barrio: Koke, Paco Bazaga o el nieto del “rana” (Chema), Leytón, el mudo, el ciego que pasea con su hijo pequeño que ve… Sin embargo, hace más de un mes que el barrio huele a ausencia. Es curioso cómo, cuando algún personaje característico falta, el barrio se resiente.

Ha sido en la churrería, en la barbería, en la frutería, en el súper y en mi propia casa, donde he notado el olor de ausencia de Donma –apócope de Don Manuel Fernández Rico-, el cura de la estación. Las conversaciones han sido casi todas del mismo tenor, afirmaciones que cuentan que le echan de menos, tanto en lo que se refiere a la liturgia -con sus homilías expectantes y pedagógicas- y sus relaciones con los parroquianos en el templo y las catequesis, así como en su presencia humana y entregada en todos los ámbitos del barrio. Son todos -los niños, los jóvenes, los mayores, los cofrades, los catequistas, los novios, los que pasan necesidad- quienes sienten su ausencia. En dicha ausencia, manifiestan una relación de cariño sincero que ellos perciben que tiene Donma hacia ellos: les transmite vida, ilusión, ganas y sentido positivo de la vida, a la vez que claridad y transparencia en las claves que llevan a la verdadera vida. Eso es lo que echan de menos y, por eso, sienten su ausencia. Y es que Donma es un pastor que huele a oveja.

Ha sido una intervención quirúrgica ósea de cierta complejidad la que le ha obligado a estar en reposo absoluto durante meses, y eso le ha hecho tener que recluirse en el hogar familiar en su Campillo de Llerena, en la campiña sur. Durante este tiempo, lo recuerdo, junto a sus parroquianos, y me pregunto cómo llevará este proceso de quietud una persona que es tan hiperactiva, que siempre tiene que estar haciendo y contentando a todos. Cómo estará dando vueltas a su cabeza este personaje entrañable, que siempre piensa, se interroga y, cuando la cosas no acaba de verlas claras, o le cuesta romper por un lado y tomar opción, le sale del alma un “¿Qué sé yo?”.

Animado por este deseo de saber, aprovecho las redes para conectar y decirle:
“¿Qué tal? Pienso muchas veces en tu Nazaret oculto y obligado, en tu Campillo de clausura donde ahora –a la fuerza- lo absoluto es lo primero, y lo relativo lo segundo. Aunque seguro que nos empeñamos en que lo relativo sea lo absoluto (ponerse en pie y seguir haciendo lo de siempre), es verdad que el barrio huele a ausencia de pastor… ¿cómo lo estás viviendo? Abrazo”.

Sólo son minutos los que tardo en ver su respuesta rápida y cálida, cómo es él:
“Con simplicidad y sencillez… sentado en cama, sentado en sillón, respirando, aflorando unos pensamientos y acallando otros, aflorando algunos sentimientos y acallando otros… qué sé yo… con palabras como paciencia, tranquilo, ánimo…que todo el mundo te dice y que resuenan una y otra vez en mi… Y bueno ahí estamos vivos, y creo que aceptando de buena manera lo que vivo ahora y creo que también lo que pueda venir… Sigo buscando y sé que no lo hago solo… Descubriendo muchas cosas aquí en Campillo, en mi familia, en… Antes para mi desconocidas y ahora todo un regalo… Y descubriendo muchas cosas fuera de aquí…. Qué sé yo… Ahí estamos… Oye me alegra saber de ti… Y de lo que escribes en un sitio y otro… Me gusta y me hace pensar… Dale un abrazo a madre… Gracias, gracias”.

Estoy seguro que esta experiencia de quietud y reposo obligado la estará aprovechando para crecer por dentro, para ir aprendiendo eso que tanto me cuesta a mí: que lo urgente no nos lleve al olvido de lo esencial y lo necesario. Tiempo para volver al amor primero, a la roca fundamental que desprecian los arquitectos y mercaderes del mundo. No debe ser fácil la lección de ser pastor y dar la vida por las ovejas desde la quietud y el silencio, desde la limitación y la debilidad, desde la fecundidad más allá de la eficacia.

Pido al Padre que esta clausura, en el seno amable de la familia y el pueblo de origen, sea para Manolo Rico un beber en la fuente de agua viva, para que desde ella brote un manantial dentro de él que salte hasta la vida eterna y podamos muchos beber en su corazón. No hay duda que este barrio le echa de menos, porque él ayuda a muchos a descubrir la fuente de agua fresca y nueva, la que necesita nuestro mundo. El barrio huele tu ausencia de buen pastor pero, sobre todo, te espera con la ilusión de que vendrás enriquecido en profundidad y visión creyente de la vida, de la historia, del mundo, de cada persona, más cerca del corazón del Padre Dios.
José Moreno Losada. Sacerdote de Badajoz



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